Francia cierra el grifo para prevenir la sequía

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Sara Acosta

Todo el mundo recuerda en Francia el verano del año 2003. Hasta 15.000 ancianos fallecieron a causa de la canícula que se apoderó del país galo, poco acostumbrado a las altas temperaturas y sin estructuras para hacer frente al sol tenaz. Además, hasta 60.000 hectáreas de bosques al sur del país fueron pasto de las llamas. Desde entonces, el país se prepara cada año para hacer frente al aumento de las temperaturas: por un lado, proteger a la tercera edad, por el otro, prepararse para la sequía.

Hasta ayer, 23 de los 96 departamentos habían anunciado limitaciones en el uso de agua, que se negocian en cada región. El año pasado, cerca de la mitad de los departamentos tomaron medidas restrictivas. En Nimes, la ausencia de lluvias desde principios de año y los fuertes vientos han llevado a la restricción de agua, que por el momento no afecta al consumo, hasta la llegada masiva de turistas, en el mes de julio. En Tarbes, parte de los Altos Pirineos, ha quedado prohibida la irrigación agrícola, y en Lot (al suroeste), el comité de sequía ha prohibido el lavado de coches fuera de las estaciones de servicio, el riego de jardines y el uso de agua para llenar piscinas.

Todas son medidas de precaución, ya que el nivel de los embalses 'es correcto', indican en el ministerio. Sin duda, la prevención y organización del país galo contrastan con la situación que se vive en España. La Comunidad de Madrid, fuertemente afectada por la sequía, ha levantado las restricciones para regar parques y jardines y llenar piscinas para el estreno del verano, que podrá realizarse entre 21.00 y 9.00 horas.

Mientras, el Ministerio de Medio Ambiente lanzará 'dentro de poco' una nueva campaña para fomentar el uso responsable del agua, ante el segundo año de sequía, y cuando las cuencas del Júcar, Segura, Guadalquivir y Alto Tajo siguen siendo las más afectadas por la escasez de precipitaciones.

Todo el artículo, en Cinco Días

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