Las actitudes sociales de los españoles hacia el agua

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El pasado 25 de octubre, la Fundación BBVA presentaba los resultados del “Estudio FBBVA sobre Actitudes Sociales de los Españoles hacia la Energía y el Agua” (pdf: 568 kb).

La información fue obtenida a través de 2.000 entrevistas personales a población española de 15 años y más a través de un muestreo aleatorio. Los trabajos de campo se llevaron a cabo en junio de 2007.

Centrándonos en los resultados obtenidos en el ámbito del agua, haré un análisis de 5 las grandes cuestiones planteadas:

Percepción de la problemática

La población española está concienciada de la problemática del agua en España, y existe un amplísimo consenso en torno a la idea de que se trata de un bien escaso (82%).

Al mismo tiempo, existe también la percepción generalizada de que es un recurso que se derrocha : casi 8 de cada 10 cree que los hogares tienden a derrochar agua, 7 de cada 10 opinan lo mismo en el caso de la industria y, aunque algo menos acusada, también es mayoritaria la percepción de derroche en la agricultura (6 de cada 10 consideran que se derrocha agua en este sector de actividad).

Respecto al precio que pagan los hogares por el agua, un 52% de los españoles lo considera adecuado, un 37% lo considera alto y apenas un 5% considera que el precio del agua es bajo.

Curiosa contradicción. "El agua es escasa pero la seguimos derrochando". Es evidente que algo falla.

Sabemos que el agua es escasa, no en vano acabamos de pasar por una importante sequía. Esta vez no ha venido acompañada de restricciones muy importantes porque se ha mejorado en la gestión, pero gran parte de la población española tiene aún en mente las caóticas situaciones que se produjeron en la sequía de los primeros años de la década de los noventa [Llamas, 1995] debido a la falta de previsión de las administraciones que olvidan que la sequía nunca falta a su cita [López Martos, 2006].

¿Por qué la seguimos derrochando?. Bajo mi punto de vista, porque no tenemos incentivos para no hacerlo. Hablando en plata... porque no nos duele el bolsillo cuando el agua corre. Así es como piensa tambien el Comisario Europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas, que hace pocas fechas declaraba: ‘Creemos que, teniendo en cuenta que la escasez de agua es cada vez más significativa incluso en la UE, el precio del agua es una buena manera de garantizar un uso sostenible‘.

Por otro lado, resulta sorprendente la percepción de que el uso que menos agua derrocha es la agricultura (¡!). Si comparamos la eficiencia de las redes urbanas con las de las redes de distribución para la agricultura, podemos ver como las primeras son infinitamente más eficientes. Algo lógico por otra parte, ya que el agua potable es mucho más costosa que el agua utilizada en la agricultura.

Quizás tenga algo que ver campañas como ésta de "El total es lo que cuenta" del Ministerio de Medio Ambiente, en la que los derrochadores son solo los usuarios domésticos.

[youtube iVMuZ023tBM]

El consumo "urbano" es el "chocolate del loro" en términos globales [Juan Carlos del Olmo, 2006]. La agricultura consume entre el 70 y el 80% del agua en España y su eficiencia en el uso es en muchas ocasiones muy reducida, aunque varía dependiendo de si se riega por gravedad, aspersión o goteo . En resumen, una gran parte del agua suministrada se queda por el camino.

Es necesario "cambiar el chip": pasar de una agricultura pensada para obtener subvenciones a otra competitiva, que pueda pagar los costes del agua y que sea compatible con la sequía estructural y las predicciones de cambio climático.

Y por último, "sólo el 5% de los ciudadanos españoles considera que el precio del agua es bajo". Porcentaje bastante explicativo...

La realidad es que el precio del agua en España es bajo en los usos domésticos e industriales. En concreto, la factura que pagan los españoles por el agua urbana de consumo, a razón de 1,28 euros el metro cúbico, es la tercera más baja de la Unión Europea, y la quinta en el marco continental. Entre los comunitarios, sólo los lituanos (0,64 euros) y los italianos (1,14 euros) cotizan menos por abrir el grifo en sus hogares. Los suizos (2,38 euros/m3), y los alemanes (2,15 euros), en cambio, soportan los mayores gastos por este concepto (Comparativa de precios del agua en países europeos de AEAS y la IWA ). Y pensemos que los precios para el uso agrícola son ínfimos en comparación con los usos urbanos. Alrededor de los 0,02 € por metro cúbico utilizado (Precios y costes de los servicios del agua en España, MMA, 2007).

Las principales causas de esta situación son:

1.- No se repercuten los costes reales de los servicios que se prestan.

2.- No se prestan los servicios necesarios para que las masas de agua estén en buen estado.

Los precios deben ser más elevados. Así lo recomiendan la UE, la OCDE, los EEUU, la Generalitat, el CYII, la ATTA, AEAS, Solbes y por supuesto el GAE.

El consumo personal

De acuerdo con los datos del estudio de la Fundación BBVA, los ciudadanos no parecen identificar todavía la idea de derroche en la “sociedad” con su comportamiento personal. En efecto, el consenso respecto a que es un recurso escaso y que se derrocha convive con la ausencia de cambios en términos de consumo personal de agua en los últimos años: un 56% afirma que consume agua igual que hace 5 años, en tanto el resto se divide de manera similar entre quienes creen que consumen más y quienes creen que consumen menos que hace 5 años.

Datos éstos que no cuadran con el continuo bombardeo de las administraciones y compañías suministradoras acerca del ahorro en los últimos años de sequía (Canal de Isabel II, Emasesa, Amvisa, etc...).

Aquí es difícil sacar conclusiones. Es posible que los consumidores tengan percepciones equivocadas, o que los ahorros vengan por mejoras en las redes de distribución (aunque la encuesta del INE no lo manifieste con contundencia), o que las compañías suministradoras no ofrezcan datos fiables.

Medidas para reducir el consumo de agua

En este marco general, se observa un claro rechazo a medidas de ahorro o uso eficiente de este recurso que intervienen directamente sobre sus hábitos de consumo personal (restringiendo el uso, aumentando los impuestos o interviniendo en el precio). Un 53% se coloca en contra de que se regule o restrinja el uso de agua en cada hogar, y aún es mayor el rechazo hacia el incremento en los impuestos sobre el uso de agua (62%) o directamente el incremento sobre el precio (61%) .

Difícil panorama para los que trabajamos en el diseño de medidas relacionadas con el uso eficiente. A ver quien se atreve a asumir este coste político. Por ahora, casi nadie. Y ahí van varios ejemplos:

  1. La reforma de la Ley de Aguas muere en la orilla
  2. El canon vasco del agua tampoco sale adelante
  3. Precio del agua y agricultura: recuperación de costes o exenciones
  4. El Gobierno no actuará sobre los precios del agua en esta legislatura.

De todas formas, queramos o no, la utilización de instrumentos de mercado es esencial para cumplir las exigencias de la directiva 2000/60/CE, y por ende, la política comunitaria sobre el agua.

Acuerdo con iniciativas para la conservación del agua

Frente a la ausencia de cambios en los hábitos de consumo los entrevistados se muestran claramente a favor de soluciones tecnológicas para conservar el agua en España como construir más presas y pantanos (76%), desalinizar agua del mar (74%) y trasvasar agua de un río a otro (71%) .
La alta aceptación de estas iniciativas convive, sin embargo, con opiniones muy divididas respecto al impacto ambiental que puede plantear cada una de estas técnicas. La población se divide entre quienes consideran cada una de estás soluciones como perjudiciales para el medio ambiente y quienes no lo perciben de este modo, siendo mayor el número de estos últimos. Un porcentaje importante no sería consciente del impacto medioambiental que puedan plantear estas medidas.

No queremos que nos cobren más por el agua, pero estamos encantados con las nuevas infraestructuras. Quizás no nos damos cuenta de que las infraestructuras (y más ahora que se acaban los fondos europeos) salen tambien de nuestro bolsillo. Aunque como nos enteramos solo una vez al año, parece que nos duele menos que los recibos mensuales.

No voy a entrar en la comparación de los porcentajes de aceptación de las distintas opciones, ya que son muy similares, pero si quiero resaltar que es necesario reducir el consumo excesivo y el despilfarro y, a su vez, reducir la contaminación en origen. Debemos concienciarnos que nuestros principales problemas no estriban en ofrecer más agua (aunque sí sea necesario en casos puntuales), sino en gestionar mejor la que tenemos y en mejorar su calidad. Citando al Director General del Agua -Jaime Palop- , "gestionar el agua no es hacer un trasvase o una desaladora".

Si el pasado siglo fue el siglo de la consolidación de la ingeniería para almacenar el agua, éste va a tener que ser el siglo de la eficiencia en el suministro del agua [Barry Nelson, 2007].

Patrimonio y gestión de los recursos hidrográficos

Los ciudadanos están divididos respecto a la propiedad de las cuencas de los ríos: un 39% considera que son patrimonio del Estado Español, el 33% cree que pertenecen a las comunidades autónomas por las que fluyen y un 20% responde espontáneamente que son de todos.

En términos de gestión, la mayoría de los españoles aboga por una gestión conjunta de los recursos hidrográficos entre el Gobierno central y los autonómicos.

En este último apartado, hay que destacar que la opción de que "el agua es de todos" no se planteaba en la pregunta, así que ese 20% de respuestas es muy significativo. En este caso, la percepción parece acercarse a que el agua es un bien común y de esta manera debe ser gestionado.

Las reformas estatutarias han ido por un camino diferente. Se ha tratado de reivindicar la propiedad del recurso [Joaquín Tormos, 2007], configurando un puzzle muy difícil de encajar que está pendiente de diversos recursos de inconstitucionalidad.

En definitiva, un estudio muy interesante que nos acerca a las ideas de la mayoría de los ciudadanos. Unas ideas que están en muchos casos alejadas de lo que pensamos técnicos y políticos cercanos a los problemas del agua en España.

Es obvio que el camino por recorrer es arduo y conllevará decisiones impopulares en muchos casos. Decisiones que son imprescindibles para desatar los nudos gordianos de la gestión del agua en España [Martínez Gil, 1995].

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