La revolución francesa del agua

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Interesantísimo artículo el publicado hoy por Andrés Pérez en Público. Atención a esta noticia porque el regreso de la distribución del agua potable a manos del poder público en París podría suponer un auténtico disparo en la línea de flotación de dos de los mayores grupos mundiales del sector del agua: Veolia y Suez. Este es el texto completo:

El alcalde de París, Bertrand Delanoë, ha abierto las compuertas de un debate prohibido desde hace dos décadas en Francia: el regreso de la distribución del agua potable a manos del poder público para garantizar técnicas más ecológicas y un suministro menos caro. Los dos gigantes franceses del sector, los grupos privados Veolia y Suez, líderes mundiales, podrían verse arrastrados por la riada.

Delanoë, confrontado a las elecciones municipales francesas de la próxima primavera, anunció esta semana su intención de crear un organismo municipal único, de carácter público, encargado de retomar las riendas de la distribución del agua potable en la capital a partir de 2009.En el país de los servicios públicos y del Estado omnipresente, la distribución del agua potable tiene la particularidad de haber sido confiada mayoritariamente desde hace décadas a los grupos privados Veolia y Suez. Estos grupos y un tercero, Bouygues, se han convertido en líderes mundiales apoyándose en los beneficios obtenidos en el cautivo mercado galo.

Chirac, salomónico

En París, la concesión al sector privado se hizo a mediados de los años ochenta, por decisión del entonces alcalde, Jacques Chirac. Salomónico, Chirac otorgó el agua potable de los barrios de la orilla norte del Sena a Veolia, y la de los barrios del sur del Sena a Suez.

Ambas empresas privadas reciben y distribuyen a los consumidores de la capital el agua que la empresa municipal Eau de Paris tiene que ir a captar y potabilizar a más de cien kilómetros de la ciudad: imposible hacerlo más cerca, donde el preciado líquido sigue contaminado a niveles irrecuperables.

La directora de Eau de Paris y edil verde, Anne Le Strat, explicó a Público que en 2003, el nuevo equipo municipal dirigido por Delanoë “descubrió que Veolia y Suez, en lugar de invertir los 150 millones de euros previstos para la renovación de las infraestructuras de distribución, lo estaban transformando en productos financieros”. Las firmas no sólo obtenían márgenes de beneficio considerables, sino que además eran de alguna manera responsables de la excesivamente lenta renovación destinada a suprimir las cañerías de plomo.

El anuncio de Delanoë de confiar todo el ciclo de potabilización del agua a un organismo público, cuya realización dependerá de los electores, viene a concluir un proceso por el que el equipo municipal ha ido retomando el control del agua corriente.

Delanoë y Le Strat, aunque no coinciden en todo, ya asestaron un primer golpe a la codicia de las empresas privadas sobre el oro azul el pasado enero, cuando replicaron, con una querella por difamación, a la publicidad de una firma privada de agua embotellada, Cristaline, que acusaba al agua de grifo de servir sólo para el retrete.

Recordaron, por un lado, que el agua de la capital francesa es de gran calidad y, por otro, que el grifo es ecológicamente positivo, mientras que el agua mineral no lo es : los envases de botellas de plástico son altamente contaminantes, difícilmente reciclables y contribuyen al cambio climático.
Con más de 5.000 millones de botellas al año en 2003, los franceses son los segundos mayores consumidores de agua embotellada del mundo, tras los italianos. Ese frenesí genera 170.000 toneladas de residuos plásticos, según un estudio de la Agencia del Medio Ambiente y de Control de la Energía francesa (Ademe), que además añade otros destrozos causados al medio ambiente: para fabricar agua embotellada se requieren numerosas transformaciones y transportes, con un impacto considerable.

Una investigación llevada a cabo en Suiza por la Empresa Pública del Agua y el Gas (SSIGE) demuestra que beber un vaso de agua embotellada le sale a nuestro planeta 245 veces más caro que beber un vaso de agua del grifo, en términos de emanaciones responsables del calentamiento climático.

Restaurar el honor del agua corriente frente a la botella es algo que ha llevado a Eau de Paris a diseñar una nueva garrafa municipal de vidrio, destinada a poner de moda el oro azul del grifo.

El precio y los márgenes de beneficio

El precio del agua del grifo es objeto de una intensa negociación entre los municipios y las compañías privadas que se reparten el pastel de la distribución. La aglomeración de Lyon, cuyo presidente es el socialista Gérard Collomb, ha forzado la mano de Veolia obteniendo esta semana una reducción del precio del agua de un 16%.En las afueras de Paris, por el contrario, el organismo público Sedif, que reúne 144 municipios bajo la presidencia del sarkozysta André Santini, sigue permitiendo a la misma Veolia que conserve un margen de beneficio del 11%, después de años de subidas ininterrumpidas de precios.

La revista de consumidores UFC-Que Choisir ha provocado un terremoto con la publicación de una investigación que demuestra un desfase brutal entre el coste real del agua potable y el precio de venta. El director de Veolia Agua Francia, Marc Reneaume, afirmó a ‘Público’ que “se han inventado solitos ese desfase y algunos responsables, por razones militantes, hacen como si fuera verdad”. Entre los “militantes” citó a la directora de Eau de Paris, Anne Le Strat.

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