Tomás Epalza: "El agua debe costar igual para todos"

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Aitor Alonso entrevista en El Correo a Tomás Epalza, responsable desde el pasado mes de enero de la Agencia Vasca del Agua, el nuevo organismo creado por el Gobierno vasco para aunar las competencias en la materia.

Epalza hace un repaso sobre aspectos como la política tarifaria o las necesidades de saneamiento en Euskadi:

-¿Están los vascos concienciados de que se debe ahorrar agua?

-Sí. Nunca lo suficiente, pero los datos de consumo nos dicen que sí. Ha bajado mucho, está en 114 litros por habitante y día. Y hace bien poco era 150, 160 litros. Ha habido una reacción importante. El ciudadano se está comportando bien. Puede hacerlo mejor, pero no hay que echar todo el esfuerzo en sus espaldas. Todos tenemos que esforzarnos, porque el agua es un bien preciado y lo será mucho más.

-La Agencia Vasca del Agua nace a la par que el canon ecológico, que se preveía sumar a las tarifas de abastecimiento para gravar el despilfarro. Al final decidieron no aplicarlo a los hogares, sólo a la industria y las explotaciones agrícola-ganaderas. ¿Era necesaria la mano dura para acabar con el derroche?

-No puedo estar de acuerdo con la pregunta. ¿Mano dura? ¿Cuánto paga un ciudadano normal al mes de agua? Muy poco, en muchos casos menos de diez euros. El canon era de 0,06 euros por cada metro cúbico por encima de un consumo de 130 litros por persona y día, que es lo considerado indispensable en una sociedad occidental. Resulta que el consumo está por debajo de esa cifra, luego se decidió no aplicarlo. No había 'palo' al ciudadano, pero es que ni siquiera era eficaz, porque se iba a aplicar el canon a tan pocos hogares que los costes de gestión iban a ser superiores a los de recaudación.

-¿Han comenzado a pagarlo las empresas?

-Estamos diseñando ahora el borrador que lo debe regular y discutiendo con los afectados, Eudel, sindicatos agrícolas, consorcios... Aún no está cerrado.

-Los sindicatos agrarios, precisamente, dicen que va a poner a algunas explotaciones en situaciones económicas delicadas.

-Es normal que lo digan. Pero no va a afectarles demasiado, puesto que existen bonificaciones del 95%. Eso sí, tendrán que poner contadores y aplicar sistemas de ahorro. Hay que olvidarse de que el agua es un maná que nos cae del cielo y podemos utilizarlo como queramos.

-¿Ve lógico que un mismo un litro de agua cueste diferente en Barakaldo, Vitoria o en Usurbil?

-Una de las funciones de esta Agencia será establecer la política tarifaria. Hay que poner un precio político, que el agua cueste lo mismo en Vitoria, Usurbil o Lekeitio. Debe costar lo mismo y hay que buscar la fórmula para lograrlo. Hay disposición por parte de los consorcios y es un objetivo que está en nuestra agenda.

-¿Diría que existe en Euskadi un problema de contaminación en las cuencas fluviales, en nuestros ríos?

-Hay de todo, como en botica. En unos sitios estamos bien, en otros no tan bien y en otros nos encontramos con situaciones manifiestamente mejorables. Somos una comunidad pequeña con más de 2 millones de habitantes, lo que deriva en una presión urbana e industrial muy importante. El 90% de los vascos vive en terrenos del agua, en las cuencas de los valles o en la costa. La presión es importante.

-¿Existe contaminación?

-Sí, claro. Las zonas más pobladas son las más sensibles. Y es ahí donde más deteriorados están los cauces. Tenemos cuencas que aún carecen de sistemas de saneamiento, como el Alto Nervión, Urdaibai, pueblos de Rioja Alavesa... Pero hay proyectos para subsanarlo.

-Las estaciones de depuración han generado protestas.

-No somos diferentes de cualquier otro ciudadano europeo u occidental. Cualquier infraestructura nos molesta cerca de casa. Molestan porque pueden suponer tránsito de camiones, olores... Eso se piensa.

-¿Es más rentable para una empresa abonar las multas por vertidos que aplicar medidas correctoras?

-No. La mentalidad empresarial ha variado mucho en medio ambiente. Las empresas pagan en función de la cantidad de agua que vierten y de su calidad. Cuanto más contaminada la devuelvan, les sale más cara. Y las empresas quieren minimizar costes, por lo que mejoran los vertidos. No hay más que acordarse de cómo estaba hace 15 años el Urola o el Oria y ver cómo están ahora. Y no hablemos del Nervión en Bilbao o en Erandio.

-¿Cuál es el nivel de tolerancia de la Administración vasca?

-Cero. No podemos tener ninguna tolerancia. Accidentes pueden ocurrir, pero hay que demostrar que se ponen todos los medios para evitar que se contaminen los ríos.

-Existen casos que llaman la atención por su reiteración, como ha ocurrido con la firma Bionor y sus vertidos al río Ayuda, en Álava.

-Es así, y hay un expediente sancionador abierto. Un accidente puede pasar, pero este caso es preocupante porque el vertido es reiterativo. En estos casos, se contempla como última medida solicitar el cierre de la instalación.

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