Guido Schmidt: "La política del agua en España ha comprendido que debe gestionar un sistema complejo"

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Guido Schmidt es Doctor-Ingeniero en Planificación Ambiental por la Universidad de Hannover, Alemania. Actualmente trabaja en Tecnoma, S.A., empresa de ingeniería y consultoría ambiental, en diferentes proyectos de planificación, restauración y participación relacionados con el agua y los ríos. Anteriormente, coordinaba el Programa de Aguas continentales de WWF/Adena.

Guido, en primer lugar muchas gracias por conceder esta entrevista a iAgua.es. ¿Podrías contarnos cómo y por qué un ingeniero alemán acaba siendo una de las figuras más influyentes en la gestión del agua en España?

Vine hace 20 años, por la inquietud de ver otros países y la oportunidad que tuve al conseguir una beca. Después, he tenido la suerte de trabajar con compañeros motivados y en proyectos interesantes, siempre en torno a los ríos. Como portavoz de WWF/Adena, tuve mucha visibilidad mediática, pero la influencia en la gestión del agua, realmente corresponde al movimiento por la ‘nueva cultura del agua’, que se compone de cientos de personas.

Desde que estás en España, ¿qué evolución has visto en las políticas realizadas en torno al agua?

Quizás el salto cualitativo más importante de la política del agua en este tiempo ha sido el de comprender que no se gestiona un recurso sino un sistema complejo, y que las estrategias de acción no pueden ser simples o únicas, sino basadas en una buena anticipación y gestión de riesgos. Antes, el kit ‘embalse-aprovechamiento hidroeléctrico-nuevo regadío’ era la única vía aceptada para promover el desarrollo económico del país; hoy se empiezan a incluir las externalidades ambientales y sociales en la evaluación de alternativas hacia el desarrollo sostenible.
La Directiva Marco del Agua refuerza este cambio. Gracias a ella, existe también una creciente preocupación por los ríos y se forman y capacitan nuevos interesados, como por ejemplo el ‘Projecte Rius’.
Aún así, lamentablemente hay demasiadas cuestiones en las que no veo ninguna evolución, sino caminos erráticos y falta de voluntad para analizar y afrontar los problemas existentes y sus causas.

El debate sobre el agua en España está sumamente politizado. Hemos llegado a un punto en qué soluciones técnicas como trasvases o desaladoras son asociadas con opciones políticas. ¿Es esta situación habitual en otros países, o aquí estamos tensando demasiado la cuerda?

Evidentemente, dada la importancia que tiene, el debate sobre el agua está muy politizado, más que en otros países. Similar a lo que ha expresado hace unos días Joan Subirats, no creo que haya que pedir que cuanto menos perfil ideológico mejor, sino más bien que cuanta más coherencia entre los valores proclamados y la práctica política, mejor. Es bueno que se reconozca que las decisiones políticas tienen mucha importancia, por ejemplo, sobre nuevas infraestructuras, las subvenciones y la permisividad ante la existencia de pozos ilegales.
Aunque ambos, trasvases y desaladoras, sean opciones técnicamente válidas, tienen efectos económicos, sociales y ambientales muy diferentes, y en relación a estos efectos se entiende mejor la definición de las diferentes opciones políticas. Aún así, ‘sólo’ se trata de opciones para ampliar la oferta de agua, y tras esta cortina de humo quedan otras políticas más interesantes – eficiencia, restauración, depuración, tarificación, etc. - en un segundo plano.

Pasemos al proceso de planificación que está actualmente en marcha. Los nuevos planes hidrológicos deberían suponer un cambio radical respecto a la década de los 90, ya que las prioridades que fija la Directiva Marco para los mismos pasan por alcanzar el buen estado ecológico de las masas de agua. ¿Crees que este cambio de paradigma quedará reflejado en los documentos finales, o seguirán primando otras consideraciones?

Dudo mucho que vaya a haber un cambio radical generalizado, entre otras cosas porque el proceso de la DMA se ha empezado tarde, faltan muchos medios y el debate político se centra en el poder que tendrán las diferentes Comunidades Autónomas a partir de sus Estatutos.
Aún bajo este paraguas desalentador, espero que ahora se produzcan cambios importantes, como la implantación de caudales ecológicos y la conservación de reservas fluviales. Con algo más de tiempo, los cambios en las políticas económicas y las percepciones sociales también provocarán una revisión de la política de regadíos. La DMA establece un proceso continuo hasta el 2027, y como en muchas directivas ambientales europeas, se tratará de una carrera de fondo.

Otro de los retos a los que se enfrenta este proceso es el de la Participación Pública. ¿Según tu experiencia, está preparada la administración hidráulica y la sociedad española para llevar a cabo un proceso transparente en el que se escuche y se implique a todas las partes interesadas?

A grandes rasgos, estamos preparados, y creo que hay suficientes experiencias finalizadas y en marcha para tener claro qué aporta la participación. Sin embargo, cada uno de los implicados – políticos, gestores, consultores, usuarios, ecologistas, etc. - esperamos algo muy diferente, tanto del proceso de participación como del nuevo plan de cuenca. Los responsables deberían avanzar pronto y mucho en la definición del marco general y de la ‘gestión de expectativas’ del proceso participativo.

Hablemos un poco de economía. ¿Crees que los precios y tarifas del agua en España reflejan los costes de los servicios necesarios para utilizarla?

Está claro que no se cobran todos los costes, como por ejemplo las externalidades ambientales. Los usuarios de los pozos ilegales, por cierto, no pagan nada. Tampoco parece lógico que más del 50% de los regadíos pague aún el agua por hectárea, con una ‘tarifa plana’ indiferente a la cantidad de agua que se consume.
La recopilación de datos del Ministerio de Medio Ambiente sobre las cuentas del agua debería servir como estímulo para un debate estratégico sobre las opciones de usar el agua existente para fomentar la economía. Por ejemplo en el Guadalquivir, es un sinsentido que se siga ampliando el riego de los olivares y, en consecuencia, no haya agua para dotar de concesiones a la industria de la energía solar.

Ya para finalizar, una pregunta personal: hace pocos meses has llevado a cabo un importante salto en tu vida profesional pasando de una organización ecologista a una consultoría. Seguro que algunos de nuestros lectores, sobre todo los más jóvenes, se debaten entre éstas opciones profesionales. ¿Podrías resumir cuales son, bajo tu punto de vista, los aspectos más atractivos de cada uno de los trabajos?

De WWF/Adena, valoro el tener autonomía para definir las metas y poder compartir los logros con una amplia red de organizaciones y voluntarios, aunque también hay que saber convivir con la frustración de ver que los esfuerzos no bastan para salvar el planeta. En la consultoría, se trabaja directamente con las administraciones, hay mayores recursos y los proyectos son mucho más reales.
En cualquier caso, todo depende mucho de la organización y del proyecto en el que uno trabaja y no hay que olvidar que ambas opciones no son excluyentes: es posible trabajar en una consultoría y colaborar como voluntario con las ONG.

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