¿Cuánto nos preocupa el recurso agua?

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El “eurobarómetro” ha publicado los resultados de una reciente encuesta sobre distintos aspectos de la percepción de los ciudadanos europeos sobre agua. Algunos resultados para España son llamativos. Por ejemplo, auque somos el país europeo continental con mayor déficit hídrico, no estamos entre los más preocupados por la cantidad de agua disponible. A uno de cada cuatro españoles nos preocupa muy poco o nada. Contrasta con otros países mediterráneos y Portugal donde la preocupación es sensiblemente mayor.

Se nota que este año está siendo lluvioso pues el CIS ha hecho encuestas en épocas de mayor sequía y había una mayor preocupación. Menos aún nos preocupa la calidad de nuestros recursos hídricos, preocupa a dos de cada tres; de nuevo mucho menos que a los ciudadanos de los países de nuestro entorno.

La preocupación podría estar unida a informaciones alarmantes en los medios. Por ejemplo, nueve de cada diez franceses están preocupados por la calidad y a ese valor tan elevado contribuye sin duda un reciente estudio que indicaba que más de tres millones reciben agua con niveles de nitrato por encima de la normativa. A pesar de todo lo escrito y comentado sobre el cambio climático y sus efectos sobre el agua, especialmente en países semiáridos, en España percibimos para el agua una mayor amenaza en la contaminación química (tres de cada cuatro) que en cambio climático (el 50%).

Los datos sobre nuestra percepción en estos aspectos coinciden con la media europea. Cuando se pregunta por la actividad que supone un mayor impacto sobre el agua, de manera muy mayoritaria se ve a la industria como la mayor amenaza (más de cuatro de cada cinco la consideran gran amenaza), le sigue el transporte y la agricultura.

Resulta llamativo lo poco que nos preocupa el impacto de nuestras actividades domésticas sobre la calidad del agua No parece fácil argumentar con rigor si la contaminación química supone una mayor amenaza que el cambio climático o es al contrario. Sin duda ambos son amenaza importante pero es muy significativo que la contaminación generada en nuestros hogares sea percibida como menos importante que la generada por la industria (o el transporte!)

Ello parece tener una explicación en que se perciba que la industria genera productos que, sea cual sea el lugar de uso o consumo, no dejan de ser industriales. Por ejemplo, un producto para el cuidado personal se libera desde nuestros hogares al ambiente pero no deja de ser un producto generado por la industria. Otra posible causa de este resultado es la alarma que producen determinados contaminantes como los PCB o dioxinas, generados directa o indirectamente en la actividad industrial.

La preocupación por su presencia en el ambiente ha dado lugar a la firma de un convenio internacional, el denominado convenio de Estocolmo, para prohibir o limitar la producción directa o indirecta de estos peligrosos contaminantes, denominados “compuestos orgánicos persistentes” (COP, o POP en inglés).

El convenio se firmaba considerando 12 compuestos y familias de compuestos y recientemente se ha ampliado a 21. Muchos de estos contaminantes se encuentra en la lista de 33 familias que la Directiva Marco del Agua considera deben desaparecer de nuestras aguas, los contaminantes prioritarios. La mayoría son compuestos que mantienen su presencia en el medio ambiente por las dificultades de degradación. Merece una mención especial, y son motivo de preocupación creciente, los denominados contaminantes emergentes, la mayoría de ellos son productos farmacéuticos y de cuidado personal.

En general no son productos especialmente peligrosos e incluso algunos de degradan en el ambiente con relativa facilidad. En las estaciones depuradoras desaparecen en cantidades significativas a pesar de no estar diseñadas con ese objetivo. Sin embargo, debido al uso generalizado, empiezan a aparecer en la naturaleza a una velocidad superior a la que se eliminan, por tanto se van acumulando. En marzo del 2008 la agencia de noticias norteamericana AP consiguió y publicó un estudio de la compañía distribuidora de agua de Filadelfia según el cual había encontrado hasta 56 tipos diferentes de medicamentos en el agua de suministro, también se realizaron estudios posteriores en aguas de suministros de otras grandes áreas metropolitanas y empezó a cundir la alarma porque se decía que 41 millones de americanos tenían un suministro de aguas contaminadas con medicamentos.

Una sencilla extrapolación podría llevar a la conclusión que la mayoría de las áreas metropolitanas del mundo desarrollado se encuentran en situaciones similares. No obstante el problema debe ser analizado con perspectiva, se trata de detectar partes por trillón, podría asimilarse a encontrar una decena de personas entre la población de nuestro planeta; con los equipos analíticos de hace una decena de años estas sustancias no hubieran sido detectadas y el problema “no existiría”.

Entre los compuestos que se detectan están antibióticos, analgésicos, betabloqueantes, antidepresivos, etc. Pero la, llamémosle, amenaza no deja de crecer y en la preocupación actual empiezan a extenderse a nuevos materiales. Merecen especial atención para científicos, y de manera creciente para responsables políticos, las nanopartículas.

Se trata de nuevas estructuras que se van introduciendo en nuestras vidas y de las que no se conoce en profundidad su comportamiento y propiedades. Complejas moléculas formadas por gran número de carbonos como los fullerenos y nanotubos hace unos pocos años eran una curiosidad científica y hoy se producen por miles de toneladas, además, llegamos a usarlas cada día más asiduamente en nuestra vida diaria teniendo como destino el agua en muchas ocasiones.

El futuro de la gestión del agua tendrá éxito en la medida que todos los ciudadanos conozcamos los problemas asociados, que estemos informados sobre los problemas actuales y futuros. De esta manera se podrán tomar medidas que protejan este recurso cada vez más sensible y sean de aceptación por la mayoría de los ciudadanos.

Nota:

Para atender a los retos que plantea el agua como recurso es necesaria una formación multidisciplinar de los técnicos que dedicarán sus esfuerzos a ella. Los conocimientos básicos proporcionados por el profesor universitario deben conjugarse con los proporcionados por técnicos y gestores de este importante sector. La UAH y la URJC desarrollan un programa de postgrado con estas características. Del medio centenar de profesores del master la mitad son profesionales del sector. Es esa pequeña gota aportada a un sector con importancia creciente en el mundo. Fotografía: Wikipedia.

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