Científicos señalan a la rana como el mejor indicador de la contaminación de los humedales

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El equipo de Ecología y Biodiversidad de Sistemas Acuáticos de la Universidad de Jaén realizó un inventario de humedales y salinas tras el que aparecieron cerca de dos centenares de estos sistemas acuáticos, con diferentes estados de conservación. Se trata de un número importante, ya que por norma general el oriente andaluz tiene menos humedales. Este mismo estudio se realizó en Málaga, donde aparecieron 134 humedales, frente a los 96 jiennenses. En 2005 este grupo de expertos comienzó a estudiar la repercusión que herbicidas y pesticidas tienen sobre las comunidades de anfibios de estos lugares.

Apartir de 2008 obtuvieron financiación por parte del Ministerio de Ciencia e Innovación. En esta ocasión, el equipo de científicos pretende desarrollar técnicas de evaluación rápida para la determinación del grado de alteración de humedales en la provincia jiennense, utilizando a los anfibios como indicadores de degradación.

Los anfibios son afectados por diferentes factores como el cambio climático, la radiación ultravioleta y la destrucción y alteración del hábitat. En el entorno jiennense una de las principales causas que está provocando la reducción de estos animales es la alteración del hábitat y el impacto de la contaminación a consecuencia del uso de productos agroquímicos.

Principalmente, los científicos de la UJA están realizando su estudio sobre distintos biocidas (pesticidas, herbicidas, etc.) y productos fertilizantes, que pretenden aumentar las tasas de producción en el olivar, aunque esto no quiere decir que no se utilicen en otros tipos de agricultura. “Los productos en los que nos hemos centrado han sido el sulfato de cobre, que es un fungicida, una sustancia tóxica que se emplea para impedir el crecimiento o para matar los hongos perjudiciales para las plantas; en el dimetoato, insecticida que en la actualidad está prohibido, pero se ha utilizado y se sigue utilizando en los campos de la provincia; y el nitrato amónico, fertilizante de amplio uso”, explica Gema Parra, responsable de este proyecto.

Para realizar este estudio, en primer lugar, analizaron la cantidad de anfibios que existía en otros lugares que no estaban afectados por productos fitosanitarios, por ejemplo en los Parques Naturales de la provincia, y descubrieron que tanto el número como la riqueza específica de anfibios era mayor que en las zonas afectadas por agricultura intensiva. “Quisimos también estudiar las poblaciones de anfibios en humedales que tuvieran alrededor agricultura ecológica, pero no encontramos ningún humedal cuya cuenca de drenaje estuviera exclusivamente explotada por este tipo de agricultura”, comenta la investigadora principal. Los resultados obtenidos hasta el momento indican que existe un menor número de especies de anfibios en las zonas agrícolas del valle del Guadalquivir frente a las zonas montañosas de la provincia.

El estudio toxicológico se está realizando en laboratorio y en sistemas de mesocosomos (jardín experimental con charcas artificiales). En éstos se analiza el efecto letal, cuantos se mueren después de una exposición, pero sobre todo el subletal, que proporciona una información sobre posibles biomarcadores de aviso de alteración del humedal. “Consiste en tener a los anfibios como seres objeto de estudio, extraer una muestra de ellos para identificar el biomarcador de contaminación, y ser capaces de identificar el grado de alteración del sistema a través de dicho marcador”, asegura Gema Parra Anguita. “La idea del proyecto es valorar el efecto que este tipo de sustancias tienen sobre los anfibios e identificar las especies más afectadas según su grado de tolerancia a los productos utilizados en la agricultura del olivar”, reitera la investigadora.

Las especies de anfibios utilizadas en el estudio son Bufo bufo (sapo común), Epidalea calamita (sapo corredor), Pelophilax perezi (rana común), Discoglossus jeaneae (Sapillo pintojo meridional) y Pelobates cultripes (sapo de espuelas). Estas especies se han elegido porque la mayoría tienen gran tamaño de puestas, “con menos de una quinta parte de la puesta se pueden hacer numerosos análisis, y su retirada del medio natural no llega a afectar negativamente a la población”, explica la profesora Parra Anguita. Tras analizarlas, han llegado a la conclusión de que la rana común es la más resistente y que está presente en la mayoría de los humedales, incluso en los más contaminados, “la rana podría ser el mejor indicador de alarma, indicando su presencia en exclusividad en un humedal que el sistema está alterado”.

Así mismo, han detectado alteraciones tanto fisiológicas, bioquímicas y de comportamiento en las larvas que están expuestas a estos productos, y por tanto se podrían utilizar como biomarcadores de contaminación de un humedal. Uno de los que está dando mejores resultados es el biomarcador de comportamiento. Según la investigadora, “tan sólo con ver una alteración en los renacuajos, la persona encargada de la zona alertaría del proceso de contaminación. Este biomarcador no es agresivo ni para el medio ni para el individuo con el que se está trabajando, además es rápido, barato y sencillo”

Más información:

Gema Parra Anguita
Universidad de Jaén
Teléfono: 953 212792
Email: gparra@ujaen.es

Fuente: Andalucía Investiga (artículo escrito por Alicia Barea Lara)

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