Entrevista a Alberto Garrido y Maite Aldaya sobre la Huella Hídrica

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Si existe un concepto de rabiosa actualidad en el mundo de la política del agua, ése es sin duda el de la Huella Hídrica. Cada vez con mayor frecuencia podemos leer noticias y estudios producidos desde los más diversos ámbitos que intentan explicar el uso del agua en base a este indicador.

El mes pasado se celebraba en Madrid un Seminario sobre la Huella Hídrica y sus aplicaciones en España, en el que pudimos comprobar de primera mano que España cuenta con algunos de los investigadores líderes a nivel mundial en este campo. A raíz de este evento, concertamos esta entrevista con Alberto Garrido [1],  Profesor Titular de  Economía agraria de la Universidad Politécnica de Madrid y Subdirector del Observatorio del Agua de la Fundación Marcelino Botín y Maite Aldaya [2], doctora en ecología, Master en Política y Regulación Medio Ambiental por la London School of Economics and Political Science e investigadora sobre la huella hídrica en la Universidad de Twente en Holanda.

Pregunta.- En los últimos años, la “huella hídrica” se ha hecho un hueco tanto en el campo de la investigación como en el de los medios de comunicación, pero vayamos a los orígenes. ¿Cómo surgió el concepto de huella hídrica y cómo podríamos definirlo de forma concisa?

Respuesta.- El concepto de huella hídrica (HH) fue introducido por Hoekstra en 2002 tras la aparición del concepto de huella ecológica, que medimos en términos superficie. La huella hídrica es un indicador del uso de agua dulce que se refiere tanto al uso de agua directo como indirecto de un consumidor o productor. Así, la podemos referir al consumo de una persona o en un territorio. En términos de consumo, la HH nos dice cuánta agua se ha empleado en poner a disposición de una persona todos los productos que consume. Referido a un espacio geográfico, una cuenca hidrográfica o país, define el agua empleada en los procesos productivos que tienen lugar en dicho territorio.

P.- Agua verde, agua azul, agua gris… La huella hídrica tiene varios componentes y algunas veces no tenemos clara cuál es la diferencia entre ellos…

R.- Los colores del agua se inventaron tras la creación del concepto de agua verde por la Prof. Malin Falkenmark para distinguir fases del agua que no son enteramente iguales en cuanto a acceso, posibilidad de uso o calidad. El agua verde es el agua de lluvia que se acumula en el suelo y puede ser absorbida por los cultivos o la vegetación natural. El agua azul es el agua dulce que se encuentra en ríos, lagos, o acuíferos; para usarla es preciso tomarla de sus fuentes y transportarla al lugar de uso. El agua gris es el agua que necesitamos para asimilar los contaminantes hasta las concentraciones que consideramos ambientalmente tolerable.

P.- El cálculo de la huella hídrica puede aplicarse a personas, empresas o naciones. ¿A qué nos estamos refiriendo en cada caso?

R.- En el caso de una persona, se refiere como decíamos antes a su patrón de consumo, su estilo de vida, los bienes que consume. En una empresa, es el agua empleada para producir el valor añadido que se deriva de su actividad, incluyendo tanto el uso de agua operacional como el uso de agua en la cadena de distribución. Por ejemplo, a una empresa de harinas que compra el trigo a un agricultor, le imputaríamos tanto la huella hídrica asociada a las operaciones que tienen lugar en su fábrica como la huella hídrica asociada con la producción de trigo. En el caso de un país, debemos considerar la huella hídrica interna, que tiene lugar en los procesos productivos localizados en su interior, pero sumaríamos la huella hídrica externa, asociada a los productos que consumen sus habitantes provenientes del extranjero y restaríamos la huella hídrica de los productos que exporta el país.

P.- Una de las conclusiones más frecuentes que nos deparan los estudios sobre la huella hídrica es que los países desarrollados importan “agua virtual” de los países pobres. ¿Significa esto que estamos exportando impactos ambientales a estos países?

R.- No es siempre el caso que los países desarrollados sean importadores netos de agua virtual. Canadá, Australia, EEUU y Francia son fuertes exportadores de agua virtual. Casi todos los países ricos y densamente poblamos importan agua virtual porque no pueden producir todos los alimentos que consumen. Japón es el máximo importador de agua virtual. Evidentemente, si un país es importador neto de agua virtual es porque importa agua de otros países, pero eso no implica que exportemos impactos ambientales. Si importamos una tonelada de trigo de Ucrania o Argentina, posiblemente el impacto ambiental sea muy bajo, y con toda seguridad no ligado al agua. Ahora bien si importamos algodón de Uzbekistán, posiblemente el impacto ambiental sea elevado.

P.- El comercio de productos agroalimentarios es el más importante en términos de “agua virtual”. ¿Podríamos afirmar que la dieta es el factor determinante en el consumo del agua en el mundo?

R.- Sin duda. La alimentación representa entre el 60 y el 80% de nuestra huella hídrica. El comercio de materias primas agrarias es de largo el que más agua virtual mueve, y la razón es que las plantas necesitan mucho agua para realizar la fotosíntesis y fijar moléculas de CO2.

P.- En este contexto, las previsiones sobre el cambio climático toman un nuevo cariz. Además de tener en cuenta las consecuencias sobre nuestro ámbito más cercano, ¿deberíamos considerar a la hora de planificar políticas sobre el agua los pronósticos a nivel global, y, en especial, los referidos a las zonas de las que importamos materias primas como cereales o soja?

R.- Como consumidores debemos ser conscientes de las consecuencias ambientales de nuestro consumo, y evitar las más nocivas si existen alternativas que lo sean menos. Los gobiernos deben ayudar a que sus ciudadanos puedan elegir con la máxima información. También deben favorecer que los productos que consumimos se produzcan donde se den las mejores condiciones naturales. Pero esto es difícil llevarlo a la práctica, porque ningún estado quiere depender enteramente del exterior, otros subvencionan las exportaciones y otros las gravan con impuestos. El comercio internacional debe regularse mejor, y debe tener en cuenta los impactos de ambientales. Lo que sí parece claro es que el agua es un recurso globalizado.

P.- ¿Creen que las empresas y los Estados deberían examinar seriamente de dónde procede el agua que importan y tomar medidas para priorizar la explotación sostenible de los recursos de los países exportadores?

R.- Es un tema delicado. Primero, no hay una explotación sostenible, hay diversos grados de riesgos e impactos ambientales que son tolerables para unos, pero no para otros. El mejor camino es que el consumidor conozca las huellas de los bienes de consumo. Las empresas tendrán incentivos para certificar sus productos y trabajarán por reducir sus impactos colaborando con agricultores y gobiernos. Hay muchos ejemplos de grandes empresas que han tomado muy en serio estas cosas. Establecer barreras al comercio por razones ambientales puede parecer lógico, pero en el terreno práctico habría abusos e injusticias.

P.- Centrémonos en el caso español. El grupo de trabajo de las Universidades Politécnica de Madrid y Complutense, en colaboración con la Fundación Marcelino Botín, ha efectuado diversos trabajos en los que se ha medido la huella hídrica de España y en particular de algunas cuencas hidrográficas. ¿Cuáles han sido los resultados más destacados?

R.- Destacaríamos cuatro aportaciones:

- Primero, que la HH de la agricultura es con diferencia la más grande entre todos los demás sectores, alcanzando aproximadamente el 85% del consumo de agua verde y azul total.

- Segundo, España importa mucha más agua virtual del exterior de la que emplea en su geografía: ‘producimos’ muchísima agua comprando del exterior cereales y soja. Esto, que parece tan simple, nadie lo había evaluado con suficiente detalle. Tiene una implicación muy profunda, en la medida de que gastamos mucha agua de riego (agua azul) para producir cereales en España, con poco valor económico, y gastamos poca agua para producir vino, aceite de oliva y frutas y hortalizas, con mucho más valor económico.

- Tercero, la huella hídrica por euro de PIB cada vez es menor; nuestra economía se ha ido desacoplando del consumo de agua y de su huella hídrica.

- Y, cuarto, hemos calculado el valor económico del agua, obteniendo valoraciones no solo de m3 por € de producto, sino también de € de agua por € de producto. No toda el agua vale lo mismo, por tanto, ha sido interesante calcular el valor de la huella hídrica y ver cómo ese valor se distribuye por el territorio.

P.- La instrucción de planificación hidrológica incluye el cálculo de la huella hídrica entre sus requerimientos para la elaboración de los planes hidrológicos. ¿Qué valor puede tener este indicador a la hora de gestionar una cuenca hidrográfica? ¿Podría servir para justificar decisiones sobre trasvases inter-cuencas?

R.- Tiene un valor relativo, en parte porque los planificadores conocen la huella hídrica azul de sus cuencas y sus producciones, aunque no la hubieran calculado expresamente. Sin embargo, el análisis de la HH proporciona una información adicional incluyendo no sólo el consumo agua azul (superficial y subterránea) sino también el consumo de agua verde y la huella hídrica gris. Además considera las importaciones y exportaciones de agua virtual que hasta ahora no se habían tenido en cuenta. Este marco multidisciplinar puede ser útil para informar y apoyar la toma de decisiones con el fin de conseguir una mejor gestión y optimizar la asignación de los recursos hídricos. En este sentido, la HH es un indicador de sostenibilidad que hay que ver en el tiempo, comprobar si va en aumento o disminuye, y extraer conclusiones de esos cambios.

En cuanto a los trasvases, la huella podría dar fundamento a los trasvases, pero no recomendamos que esas decisiones se basen en la huella hídrica. Los factores territoriales, ambientales y sociales deberían pesar mucho más. No obstante, se puede enfocar también desde el punto de vista contrario, es decir el empleo del comercio de agua virtual para sustituir los trasvases.

P.- Recientemente celebrasteis un Seminario sobre Huella Hídrica que contó con el aval de la Water Footprint Network. Allí pudimos comprobar que vuestro grupo de trabajo se encuentra a la vanguardia mundial en el estudio de la huella hídrica. ¿Os sentís respaldados para continuar vuestra labor de investigación en los próximos años?

R.- Gracias. La ‘Red de la huella hídrica’ (Water Footprint Network) engloba a muchos grupos y expertos de todo el mundo. Nosotros hemos hecho enfoques novedosos, pero otros grupos también los hacen. El respaldo de las administraciones no es evidente, tal vez, porque son conceptos de difícil traducción a aspectos prácticos. En el sector privado, encontramos sectores muy abiertos e interesados (energía, por ejemplo, agro-alimentación), y otros algo preocupados (el sector ganadero). La Fundacion Marcelino Botín ha seguido apoyando nuestros estudios, y estamos convencidos de que pueden tener más impacto e influencia.

P.- Por último. Recientemente, Alberto Garrido, Ramón Llamas, Consuelo Varela, Paula Novo, Roberto Rodríguez Casado y Maite M. Aldaya han publicado el libro “Water Footprint and Virtual Trade in Spain” ¿Qué les llevó a escribirlo y qué novedades vamos a encontrarnos en sus páginas?

R.- El libro, publicado en inglés por Springer (Nueva York), pretendía dar a conocer en el mundo internacional nuestro estudio sobre España. Las aportaciones las hemos resumido en los cuatro puntos de la octava pregunta. Para nosotros fue extraordinariamente llamativo examinar la evolución del comercio de agua virtual en granos y piensos (importaciones) y de productos cárnicos (exportaciones). Lo uno ha ido de la mano de lo otro, por diversas razones, pero sorprende ver que un país como España, considerado semi-árido, pueda desarrollar un sector porcino tan potente, tan orientado a la exportación, basado en las importaciones de agua virtual. En resumen, comprobar que la economía del agua en España estaba mucho más globalizada de lo que suponíamos.

Por otro lado, resultó también inesperado ver la gran productividad económica del agua de riego aplicada al viñedo y olivar, en las zonas de interior de España. La idea de que solo la agricultura Mediterránea puede realmente obtener productividades del agua elevada no es cierta a la vista de nuestros análisis. De manera general, nuestro libro muestra bien claro lo mucho que ha evolucionado la economía del agua en España.

[1] Alberto Garrido

El Profesor Alberto Garrido es Subdirector del Observatorio del Agua. Actualmente es Profesor Titular de Economía agraria de la Universidad Politécnica de Madrid. Es Miembro Asesor del Foro Rosemberg. Ha trabajado como consultor para la CEOE, el Banco Interamericano de Desarrollo, la ECLAC, el banco Mundial, la FAO, el IFPRI, el Parlamento Europeo y la comisión Europea, el Ministerio de Medio Ambiente y un numero de gobiernos regionales (p.e. Navarra y Aragón), organismos del Estado (ENESA).

Su área de investigación se enfoca en el análisis económico de la gestión de los recursos hídricos, incluido el diseño de análisis de riesgos y la utilización de mecanismos de mercado. Fue profesor visitante de la Universidad de Berkeley, California e investigador de la Universidad del Sur de Australia. Actualmente es Profesor Asociado de la Universidad Politécnica de Madrid y coordinador de Instituto Agronómico de Zaragoza.

Es ingeniero agrónomo y doctor por la Universidad Politécnica de Madrid. Asimismo tiene un Master en Economía Agraria y de recursos Naturales por la Universidad de California, Davis.

[2] Maite M. Aldaya

Maite M. Aldaya es doctora en ecología y tiene un Master en Política y Regulación Medio Ambiental por la London School of Economics and Political Science.

Ha trabajado en varias organizaciones internacionales incluyendo la Unidad de Agricultura y Suelo de la Comisión Europea y la División de Fomento de Tierras y Aguas de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Actualmente, es investigadora sobre la huella hídrica en la Universidad de Twente en Holanda.

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