Un estudio de la UA revela que las inundaciones y la sequía en el País Valenciano se repiten históricamente

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La historia de la climatología en el Levante peninsular ibérico, en la que se alternan los períodos de sequía con las tormentas y temporales, se repite desde siglos atrás, por lo que es posible prever estos acontecimientos para poner en marcha técnicas con las que hacerle frente y minimizar su impacto.

Esta es la conclusión del estudio que presenta el catedrático de Historia Medieval, Historia Moderna y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Alicante, Armando Alberola Romá. Alberola desarrolla en el libro Quan la pluja no sap ploure cómo la actual situación, con bruscas oscilaciones climatológicas en todo el Levante peninsular ibérico, también se producía en los siglos XVIII y XIX. Así, el estudio de la historia y el clima permite adelantarse a los naturales acontecimientos meteorológicos, preverlos y poner en marcha técnicas con las que minimizar su impacto negativo sobre la agricultura, la economía, las infraestructuras y la vida de los ciudadanos de esta zona. Así, a la pregunta de qué nos depara la realidad actual, en la que las lluvias torrenciales se han venido produciendo a lo largo y ancho del País Valenciano en el otoño de 2009, al igual que en la reciente primavera, el catedrático responde que las hemerotecas dan fe de los hechos: campos de cultivo arrasados, infraestructuras destruidas o colapsadas, núcleos urbanos inundados, gentes privadas de sus hogares y pertenencias, sensación de inseguridad y desamparo.

La sequía ha sido siempre la principal preocupación de los campesinos del Levante peninsular ibérico. Los largos períodos de aridez se han visto, sistemática y bruscamente interrumpidos, con una cadencia casi anual, por precipitaciones de alta intensidad horaria en los meses de otoño y primavera. Estos episodios meteorológicos extremos han venido provocando a lo largo de la historia importantes inundaciones que han provocado sus víctimas y daños en infraestructuras y bienes de diferente tipo. El libro, de reciente publicación, analiza la grave contrariedad que supuso la alternancia entre escasez y abundancia hídrica durante el siglo XVIII en el País Valenciano. Apunta Armando Alberola que "lo que ahora conocemos como "gota fría" se rastrea sin ninguna dificultad en las fuentes documentales de la edad moderna (siglos XVI al XVIII)".

Además, en una época en que la agricultura era fundamental en la economía. Por este motivo, la sequía ha sido la causa de crisis agrarias e, incluso en algunos momentos, de crisis epidémicas y demográficas.
A lo largo de cuatro capítulos el catedrático de la UA pasa revista a la realidad climática del País Valenciano durante la Edad Moderna y sus “efectos colaterales” sobre la sociedad, la economía, la sanidad, la religiosidad popular o la ordenación del territorio. Cómo han convivido los campesinos con esta situación y cómo han ido enfrentado estos problemas, el obsesivo empeño de que no se desperdiciara ni una gota de agua, con las construcciones de pantanos como el de Tibi y azudes, la carencia y el exceso de agua, las tormentas torrenciales acaecidas en la ciudad de Valencia en octubre y noviembre de 1776 y la segunda parte del reinado de Carlos III hasta las vísperas de la guerra de la Independencia, conforman el contenido de los capítulos de la obra.

Quan la pluja no sap ploure, del catedrático Armando Alberola Romá, es resultado del proyecto de investigación 'Catástrofes naturales, ciencia, técnica y política en la España mediterránea durante el siglo XVIII', que ha sido financiado por el Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno de España y los fondos FEDER. Constituye el último trabajo del proyecto que se cerró en diciembre (2006/09). Armando Alberola Romá dirige en la UA el “Grupo de Investigación en Historia y Clima”, que está constituido por un colectivo integrado por historiadores modernistas y geógrafos expertos en climatología y ordenación del territorio.

El título de la obra, que está extraído de un poema del cantautor Raimon, simboliza la fenomenología meteorológica extrema que se produce en el Levante peninsular ibérico y que es conocido como oscilación Maldá. Históricamente, está comprobado que este fenómeno se han venido produciendo en mayor o menor intensidad.

Fuente: UA

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