Crean un sistema para recuperar zonas ecológicamente degradadas en la Península Ibérica

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¿Se imagina la posibilidad de poder crear y diseñar un nuevo ecosistema para un entorno completamente degradado? Éste es el trabajo desarrollado por el grupo de investigación Grupo de Ecología Evolutiva Vegetal y Restauración Ecológica de la UCM.

Los resultados del estudio les han permitido encontrar las claves para concretar qué vegetación puede facilitar la recuperación del entorno natural dañado, siendo capaces de diseñar un plan estratégico que permita equilibrar el ecosistema en un corto periodo de tiempo.

Una amenaza silenciosa

La degradación es un fenómeno altamente perjudicial para el entorno. Supone el desprendimiento de la capa superior del suelo, que es la más rica en elementos nutritivos, reduciendo la capacidad productiva de los ecosistemas. Diferentes variables como una mala gestión de los recursos naturales o la erosión provocada por el agua y el viento pueden dar como resultado la desertificación del suelo.

En los últimos 20 años, este problema se ha convertido en una de las principales amenazas a la biodiversidad. Según un estudio publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, siglas de Food and Agriculture Organization), el 30 por ciento de los bosques, el 20 por ciento de tierras agrícolas y el 10 por ciento de los pastizales se han visto afectados por el fenómeno de la degradación. Así, cada año se pierden entre 5 y 7 millones de hectáreas de tierra cultivable en todo el mundo. Por las condiciones del suelo y su climatología, la cuenca Mediterránea está gravemente dañada por este problema.

Restauración de los ecosistemas

Luis Balaguer y su equipo, que forman el grupo de investigación Grupo de Ecología Evolutiva Vegetal y Restauración Ecológica del Departamento de Biología Vegetal I (Botánica y Fisiología) de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UCM, ofrecen en la cartera tecnológica de la Universidad un sistema de recuperación de la cubierta vegetal que han desarrollado ellos mismos.

El proceso de recuperación de un ecosistema es verdaderamente complicado. Para Balaguer, “la restauración de la cubierta vegetal difícilmente recupera la comunidad original de referencia, lo que es una manifestación de la irreversibilidad de la pérdida de biodiversidad debida a los cambios antrópicos”.

Diferentes cuestiones como el tipo de terraplenes y desmontes, la orientación, la longitud o la temperatura de la zona condicionan la tarea. Es por ello que el grupo recomienda hacer un estudio concreto del área a revegetar. Es importante destacar que en este caso no se está hablando de “jardinería ornamental”, donde se persigue un fin estético, sino de algo más: recomponer la diversidad biológica de una zona degradada, buscando que en determinado momento funcione el ecosistema. El objetivo final es crear un ecosistema de bajo mantenimiento y reducido impacto ambiental.

Una vez realizado el estudio, el equipo desarrolla y pone en marcha un protocolo de actuación concreto para la zona, constituido por varias fases: producción de plantas, comercialización de las mismas, selección del material reproductivo para la restauración, plantación y seguimiento.

“Las herramientas con que contamos para la recuperación son producir especies para la obra, conectar el espacio a restaurar con otros menos degradados, y utilizar el banco de semillas existente en el suelo. La restauración de la cubierta vegetal puede favorecer un proceso de cicatrización, pero no reproducir de nuevo el proceso histórico que generó las comunidades vegetales actuales”, explica Luis Balaguer.

Este grupo de investigación se pone en marcha en 1986 y lleva más de 24 años trabajando en diferentes líneas de investigación, pero siempre centradas en los temas relacionados con la ecología funcional y la restauración ecológica. En su larga trayectoria han colaborado en diversos estudios y proyectos.

Fuente: Universidad Complutense de Madrid

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