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Historias de Madrid (I): Los viajes de agua

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Sobre el blog

Águeda García de Durango
Responsable de Contenidos y Comunidad de iAgua. Licenciada en Ciencias Ambientales. Comunicación y Relaciones Públicas en YWP Spain.
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Madrid es conocida por la excelente calidad de su agua. Sin embargo, antes de llegar al punto actual, la historia nos ha dejado algunos hitos que merece la pena dar a conocer, ya sea por su interés en la gestión del agua de la capital o como mera curiosidad histórica para los ciudadanos.

Ese es el propósito de “Historias de Madrid”, que inauguro hoy con los orígenes de esta nuestra ciudad.

Todo comienza durante la dominación árabe de Madrid, entre los siglos VII a XI. La urbe entonces se desarrolló alrededor de una atalaya situado en la parte alta de un valle.

En este punto, es conocido el ingenio del pueblo musulmán en temas ingenieriles, como bien prueban los numerosos baños árabes repartidos por toda la geografía española. Por suerte, en la ciudad que se convertiría en capital no hicieron una excepción a su fama.

¿De dónde bebían los primeros madrileños?

El lector podría pensar que antiguamente, los madrileños bebían del agua proveniente del río Manzanares. Sin embargo, nuestro río era conocido como “el inútil Manzanares” por tres motivos. Primero, en épocas de estiaje, cuando más agua hace falta, su caudal es mínimo. Segundo, porque en él se vertían toda la basura de la ciudad, haciendo que fuera poco menos que una alcantarilla (con los riesgos para la salud derivados de ello). Y tercero, por su propia situación, en la zona más baja del valle. Dada la falta de medios para bombear el agua hacia el alto Madrid, no era una opción que se contemplara.

La solución a este problema vino desde Persia, donde se había desarrollado una técnica tremendamente funcional en el desierto: las mayras o “viajes de agua”, que fueron el principal medio de suministro de agua a la ciudad tanto para consumo humano como para regadío y ornamento (fuentes) desde su fundación hasta la creación del Canal de Isabel II en el siglo XIX.

Sección del viaje de Amaniel (Wikipedia/CC)

Qué son los “viajes de agua”

Los “viajes de agua” o mayras resultaban un sistema muy sencillo y eficaz en ambientes áridos. Consistía en construir una hilera de pozos unida por una galería subterránea desde la Sierra de Madrid hasta la ciudad. El agua simplemente se desplazaba por la diferencia de cota, como un río subterráneo de aguas pluviales sobre un lecho impermeable, sin que fuera necesario bombeo alguno.

Imagen: Es por Madrid.

La galería tenía una altura de aproximadamente 1,80 metros, y un lecho de grava en su interior para retener las impurezas del agua. Una vez entraba en la ciudad, las galerías se transformaban en canalizaciones que desembocaban en depósitos o arcas principales. De ahí se distribuía al resto de la urbe, tanto para usos particulares (palacios, conventos, casas nobles…) como para las fuentes públicas, en torno a las cuales giraba gran parte de la vida madrileña.

Una de las últimas fuentes urbanas alimentadas del viaje del Alto Abroñigal (Wikipedia/CC).

Las mayras son útiles para abastecer a poblaciones relativamente pequeñas. Para construirlos se utilizaba el sistema error-acierto: se comenzaba a perforar, y si salía agua (llegaban a la capa freática) se continuaba en esa línea. Y así hasta llegar a la Villa.

Apenas quedan registros de los viajes de agua construidos por los musulmanes. Sin embargo, sí existen de la época cristiana posterior, ya que se realizaron grandes inversiones por parte del propio Concejo y de la Corona en infraestructuras hídricas que mejoraron la funcionalidad de las mayras.

Por último, destacar que este eficaz sistema llegó a usarse hasta en China. Como dato curioso, según algunos autores el nombre de Madrid provendría de Mayra + it = Mayrit, que relaciona la proliferación de este tipo de canalizaciones que aprovechaban las aguas filtrantes. 

Interior de una galería (Imagen: Arte en Madrid).

Los viajes de aguas de Madrid

Madrid se abastecía de cuatro viajes principales de “aguas finas” o potables (Alcubilla, Abroñigal Alto, Abroñigal Bajo y Fuente Castellana), propiedad de la Villa. Pero había otros secundarios, pertenecientes a la Corona o a particulares, Alto del Retiro, Bajo del Retiro (también llamado arroyo de Oropesa), Amaniel (o "de Palacio"), San Dámaso (o arroyo Butarque), Retamar, Fuente de la salud y Fuente del Rey.

Fuente del Obelisco de la Castellana, en un grabado, hacia 1850 (Wikipedia/CC).

Por otro lado, estaban los de “aguas gordas” o no potables, que se empleaban para el ganado, el riego o para surtir a las fuentes monumentales, y eran las de la Fuente del Berro, Fuente de Leganitos, Contreras, Fuente de la Reina, Prado de San Jerónimo, Caños Viejos, Conde de Salinas, Pajaritos, Harinas, Hospital General, Atocha, Conchas, Neptuno, Toledo, Gremios, Pascualas, Meaques, Casa de Vacas, Fuente del Zacón, Fuente de Húmera, Fuente de la Casa de Campo.

Se han llegado a contabilizar más de 124 en toda la ciudad.

Los problemas de las mayras

Según Madrid iba creciendo, las mayras se revelaron como insuficientes para abastecer a la Villa capitalicia.

Las captaciones de agua comenzaron a causar problemas, pues además de tener un caudal exiguo para abastecer a una población en constante crecimiento, se contaminaban fácilmente, debido a que los pozos eran relativamente superficiales.

Si bien es cierto que hubo incursiones en zonas más lejanas para poder llevar agua suficiente a la ciudad a través de nuevos “viajes de agua”, el establecimiento de la sede permanente de la Corte en Madrid y su designación como capital crearon necesidades mayores que las mayras no eran capaces de cubrir.

¿Qué hicieron entonces? La respuesta a esa pregunta es otra historia.

Para saber más sobre los "viajes de agua":