Historias de Madrid (VI): La boina y la lluvia

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Sobre el blog

Águeda García de Durango
Responsable de Contenidos y Comunidad de iAgua.

En las últimas semanas, Madrid ha experimentado episodios de alta contaminación atmosférica que han hecho saltar todas las alarmas. Aunque los únicos responsables son los habitantes de la capital, sí es cierto que determinadas condiciones meteorológicas contribuyen a agravar o atenuar la situación.

De hecho, la creencia “popular” apunta a que la lluvia acabaría con este escenario al “arrastrar” la polución, pero ¿tiene base científica esta afirmación? Veámoslo en detalle.

En invierno, más que en verano

Los picos o situaciones prolongadas de contaminación se dan con mayor frecuencia durante los meses fríos. Esto, según la información proporcionada por el Ayuntamiento de Madrid, “tiene que ver con la inversión térmica, un proceso natural que afecta a la circulación del aire en las capas bajas de la atmósfera y sucede cuando hace frío, en las noches despejadas de invierno. En esos momentos, el NO2 queda cerca del suelo y respiramos un aire más contaminado”. La explicación detallada de este fenómeno puede consultarse aquí.

Tan solo hacen falta unos 15-20 minutos de precipitación para acabar con la peligrosa suciedad que invade la ciudad

Por resumir y aclarar en términos sencillos lo que ocurre más a menudo de lo que querríamos en Madrid: una prolongada condición anticiclónica (que implica estabilidad atmosférica y apenas diferencias de presión) provoca el descenso del aire frío (denso y pesado) de las capas atmosféricas superiores, actuando como una tapadera para la contaminación. Ello impide la regeneración del aire cerca del suelo.

Es decir, que en base a esta explicación, tanto lluvia como viento (ambos implican cambios de presión) deberían hacer variar el nivel de contaminación en el aire madrileño.

El papel de la lluvia

En este contexto, la lluvia funciona prácticamente como una lavadora: además de limpiar el cielo, actúa como centrifugador al empujar las partículas contaminantes hacia el suelo. Este arrastre de contaminantes en suspensión, la verdadera causa de la habitual “boina” sobre la ciudad, va a parar a las alcantarillas.

De hecho, tan solo hacen falta unos 15-20 minutos de precipitación para acabar con la peligrosa suciedad que invade la ciudad, y que multiplica los casos de alergias e insuficiencias respiratorias o, al menos, hacen que ojos y garganta piquen constantemente. Si eres madrileño o vives en Madrid, entenderás de lo que hablo. Según declaraciones del investigador del CSIC Xavier Querol a Cadena Ser, “lluvias con más de 2 litros por metro cuadrado ya tienen un efecto importante para limpiar las partículas contaminantes”. Sin embargo, no ocurre lo mismo en el caso del dióxido de nitrógeno. En este sentido, es más importante que haya viento, según el experto.

Según el Canal de Isabel II, los primeros 20 minutos de las grandes trombas de agua son los más contaminantes

¿A dónde va el agua?

La siguiente cuestión es qué ocurre con el agua que arrastra la polución. La lista de contaminantes es amplia (ozono, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, plomo y partículas), y a ello hay que sumar la basura habitual de una gran urbe como Madrid: colillas, papeles, excrementos de mascotas… Esta agua, más tóxica que las fecales, irá a parar inevitablemente a la red de saneamiento.

Según el Canal de Isabel II, los primeros 20 minutos de las grandes trombas de agua son los más contaminantes, y recientes análisis han detectado que la toxicidad de las precipitaciones que llegan hasta los tanques de tormenta no cesa durante una hora.

Madrid cuenta con el tanque de tormentas de Arroyofresno, el más grande del mundo (400.000 metros cúbicos de capacidad) y el Estanque de Tormentas de Butarque (370.000 metros cúbicos de capacidad), que evitan potenciales riadas en las calles e impiden que la suciedad y los objetos que arrastran acaben en el río Manzanares. Según un artículo del Grupo Ingeniería Química UAM, hasta Arroyofresno "llega la mezcla pluvial que recorre la superficie de los distritos de Fuencarral-El Pardo, Chamartín, Tetuán y Moncloa, así como la procedente de la propia red de saneamiento en los momentos de fuertes precipitaciones”. Por su parte, la M-30 cuenta con tanques de menores dimensiones.

Estanque de Tormentas de Arroyofresno.Interior y entrada al colector (Ayuntamiento de Madrid).

Estanque de Tormentas de Butarque (Ayuntamiento de Madrid).

“Ante un episodio de lluvias fuertes” – continúa el texto publicado en madri+d – “las depuradoras de la capital van recibiendo el agua recogida en los tanques según van teniendo capacidad para tratarla. Tras ello, puede ser entregada al río completamente regenerada sin que suponga ningún tipo de amenaza ecológica”.

Y así es como se cierra el círculo entre contaminación y agua en Madrid.

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