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Mujeres del agua para la Historia

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Sobre el blog

Águeda García de Durango
Redactora Jefe de iAgua y Smart Water Magazine. Responsable de Comunicación y Relaciones Públicas en YWP Spain.
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Como cada año, con la celebración del Día de la Mujer hemos querido destacar el papel de las mujeres en el sector del agua. Este año, viajamos al pasado para recordar en este post a las que nos precedieron en el sector del agua. A ellas no se les reconoció lo suficiente, debido a la estructura patriarcal de una sociedad empeñada en contar solo una parte la Historia.

Maria La Judía (entre el siglo I y siglo III d.C.): la primer mujer alquimista, conocida también como María la Hebrea o Míriam la Profetisa, inventó el baño María (de ahí su nombre). Otros de sus inventos más destacados fueron el tribikos (una especie de alambique de tres brazos que se utilizaba para obtener sustancias purificadas a través de la destilación) y el kerotakis (un aparato de reflujo usado para calentar sustancias utilizadas en la alquimia y recoger sus vapores).

Grabado de 1617 (Wikipedia/CC)

Hipatia de Alejandría (370-415): aunque es conocida por sus aportaciones a la filosofía, matemáticas y astronomía, Hipatia también se interesó por la mecánica, e hizo su contribución al mundo del agua con la invención de un destilador, un artefacto para medir el nivel del agua y un hidrómetro graduado para medir la densidad relativa de los líquidos, precursor del actual aerómetro. A pesar de que ninguna de sus obras ha llegado a nuestros días, se le considera una de las científicas más importantes de la Historia.

Retrato de Hypatia (Wikipedia/CC).

Isabella Cortese (siglo XVI): el libro “Los secretos”, publicado en 1561, recoge todo lo que se sabe de la vida de esta alquimista y escritora italiana del Renacimiento, porque también era su autobiografía. Dicha obra se divide en 4 partes: remedios para diversas enfermedades, química, cosméticos y consejos para llevar la casa y recetas de cocina. Dedicó más de 30 años al estudio de libros antiguos y viajó por Europa Oriental, donde aprendió las artes de la alquimia.

Portada del libro "Los secretos de Lady Isabella Cortese (1561)

Marie Meurdrac (1610-1680): esta alquimista y química francesa vivió en el siglo XVII. Su obra “Química caritativa y fácil para mujeres” fue una de las primeras escritas sobre las temáticas de química y farmacéutica por una mujer y para las mujeres. Algunos de sus métodos todavía se utilizan hoy en día y el libro tuvo un gran éxito y varias ediciones en los años siguientes. Se sabe que su formación fue fundamentalmente autodidacta, aunque sí parece que visitó los talleres de Química y Farmacia de Jean Beguin en París.

Portada de “Química caritativa y fácil para mujeres” (Wikipedia/CC)

Elizabeth Fulhame (siglo XVIII): fue una química escocesa que llegó a ser miembro honoraria de la Sociedad Química de Filadelfia. Entre sus obras, destaca “Ensayo sobre la combustión”, cuyo propósito era encontrar aplicaciones prácticas en sus experimentos, aunque dedicó su vida a la química teórica. Fulhame publicó sus experimentos sobre las reacciones de oxidación en presencia de agua. Su trabajo supuso un paso muy importante para la química, además de un hito para la mujer en la ciencia.

Un ensayo sobre la combustión: con vistas a un nuevo arte de morir y pintar. En donde las hipótesis flogística y antiflogística se prueban erróneas, 1794 (Wikipedia/CC)

Marie-Anne Pierrette Paulze (1758-1836): considerada la madre de la química moderna, su interés por esta disciplina devino de su matrimonio con Antoine Lavoisier.  Sin embargo, sus contribuciones a este campo son menos conocidas que los de su marido. Tras la muerte de Lavoisier durante la Revolución Francesa, reunió su documentación, la ordenó y publicó Memorias de Química, que sentaría las bases que la química moderna. El primer volumen contiene los trabajos sobre el calor y la formación de los líquidos, mientras que el segundo está dedicado a las ideas sobre combustión, aire, calcinación de metales, acción de los ácidos, y la composición del agua.

Retrato del matrimonio Lavoisier de 1788 (Wikipedia/CC)

Experimentos en respiración humana. Dibujo de Marie-Anne Pierrette Paulze, que se muestra tomando notas en una mesa cercana (Wikipedia/CC).

Ellen Swallow Richards (1842-1911): fue la primera mujer en entrar en el prestigioso MIT para estudiar química. Su trabajo, junto al de su marido, sobre el análisis de la química del mineral, le llevó a ser la primera mujer elegida para ser miembro del American Institute of Mining and Metallurgical Engineers. Su ámbito profesional se centró en el medio ambiente: análisis del aire, del agua y de la tierra. Fue una pionera en la protección del medio ambiente. Se le considera una de las fundadoras de la “higiene ambiental”, o una de las madres de la ingeniería ambiental.

Fotografía de Ellen Swallow Richards (Wikipedia/CC)

Fundó el Women's Laboratory, un programa para mujeres en el MIT, donde enseñaba a las mujeres química básica e industrial, biología, y mineralogía.

En 1887, a Ellen Richards se le asignó el trabajo de laboratorio sobre el suministro de agua en Estados Unidos. Esto llevo a que en 1890 se estableciera un programa de Sanitary engineering (Ingeniería Sanitaria) en el MIT. Como profesora, enseñaba a su alumnado el análisis de agua potable, aguas residuales y el aire.

Sus estudios influyeron profundamente al estudio de las aguas residuales, y contribuyó a la fundación del Instituto Oceanográfico de Woods Hole. Ahí investigó sobre la contaminación del agua y diseñó sistemas seguros para el aprovisionamiento. También es la fundadora de una ciencia llamada “Economía Doméstica”, una mezcla entre cocina, nutrición, abastecimiento de agua, higiene y salud.

Agnes Pockels (1862-1935): científica pionera en el campo de la tensión superficial molecular y las monocapas. A pesar de no contar con acceso a educación formal durante su infancia, mostró un gran interés en la física desde niña. Sin posibilidad de asistir a la universidad, todo el acceso a literatura científica lo tuvo a través de su hermano.

Retrato de Agnes Pockels ​(Wikipedia/CC)

Agnes era una mujer experimental, así que realizó sus pruebas con lo que tenía a mano: agua de fregar los platos. Así, descubrió la influencia de las impurezas en la tensión superficial de los líquidos. Para medir la tensión superficial, diseñó y perfeccionó su propio instrumental y un método cuantitativo para medir el tamaño de las moléculas y la tensión superficial de monocapas de aceites, grasas y jabones, con el que logró una gran precisión. Este instrumental se conoce como la cubeta de Pockels.

Gracias al apoyo de John William Strut, logró publicar su primer trabajo en Nature, con el título “Surface Tension”, y hasta su muerte publicó dos veces más en la mencionada revista.

Ellas son solo algunas de las miles de mujeres que han contribuido a la Historia (y más concretamente, la relacionada con el agua). Pero, como se suele decir, no están todas las que son.

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