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¡Es la gobernanza, estúpido!

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Sobre el blog

Agustí Ferrer
Director Gerente AQUA ESPAÑA.

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Portada iAgua Magazine
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En 1992, Bill Clinton usó como frase de campaña “It is the economy, stupid”, con la idea de que el debate político se moviera hacía las cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos. La estrategia logró que los ciudadanos lo eligieran presidente. Sobre el ciclo urbano del agua hay múltiples referencias a tecnologías y servicios; es comprensible porque son esenciales para gestionar el recurso con garantías. Pero cada vez más oímos la palabra gobernanza, dado que ésta explica por qué la gestión del agua tiene unas características y resultados en un sitio y otras en otro, más allá de las tecnologías y servicios. “Es la gobernanza, estúpido”.

España ha recibido multas del Tribunal de Justicia de la UE por incumplimiento con los requisitos de depuración de aguas las residuales urbanas, si bien dispone de tecnologías y empresas para esas necesidades. Hemos sufrido problemas de agua en determinadas zonas, que de haber existido una debida planificación y actuación, con uso de tecnologías y servicios existentes en el propio país, se hubieran evitado y/o resuelto más óptimamente. La explicación se encuentra en la gobernanza.

En la buena gobernanza, la Administración Pública tiene una responsabilidad destacada. Pero también las asociaciones empresariales, en tanto que representantes de aquellos que crean, desarrollan y ofrecen las soluciones adecuadas a las necesidades existentes. E incluso, quienes muchas veces mejor ven los escenarios futuros antes que otros, ya que las empresas deben prever las nuevas realidades, para que cuando se produzcan ellos puedan ofrecer una solución adecuada.

Por ello, la planificación de infraestructuras y servicios debe realizarse en colaboración con los representantes empresariales, pues sus miembros son quienes deberán ofrecer las soluciones a implementar. Pero también en colaboración y acorde con los principios y deseos de los ciudadanos. Debemos disponer como país de una metodología técnicamente contrastada, clara y pública, que establezca los criterios económicos, sociales y ambientales para identificar y priorizar las actuaciones a realizar en las infraestructuras de agua y sus servicios. Tanto como se prestan como quien los presta, en un sistema que identifique claramente las funciones de cada stakeholder implicado, facilitando la identificación y asunción inequívoca de responsabilidades. Porque un buen sistema de gestión del ciclo urbano del agua solo es posible con un sistema claro de funciones y responsabilidades, fiscalizable por la ciudadanía.

Un buen sistema de gobernanza debe permitir desarrollar unas conductas que optimicen el uso del recurso agua para hacerlo sostenible económicamente y medioambientalmente en el tiempo. La claridad y transparencia son esenciales. Y de lograrlo, seguramente será más fácil resolver la cuestión de trasladar al precio final el coste de la gestión del agua.

La divulgación de cómo se hace y sobre todo, ofrecer a los ciudadanos información y servicios de su interés en el consumo de agua, ayudará a conectar con ellos y hacerlos más proclives a querer entender la complejidad “oculta a ojos generales” que existe para que los ciudadanos gocen hoy de un servicio de suministro de agua de alta calidad como hay en España, que no podemos olvidar que es un país en proceso técnico de desertización.

El sector español del agua tiene grandes empresas que deberíamos medir más por su talento que por el volumen de su facturación; grandes profesionales en los organismos públicos, asociaciones empresariales serias y profesionales como AQUA ESPAÑA y una ciudadanía cada vez más interesada en opinar y decidir sobre la gestión del agua urbana. Este es un activo que debe gestionarse adecuadamente para sacarle el potencial que tiene. Tenemos tecnologías, servicios e infraestructuras que pueden ser punteras, pero solo tendremos actuaciones óptimas si además tenemos un adecuado sistema de gobernanza que las ordene e implemente correctamente.

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