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La hidrodiplomacia: Una solución para el conflicto

Sobre el blog

Agustina López Martín
Ingeniera de Caminos, Canales y Puertos y Licenciada en Ciencias Ambientales, especialista en agua y medio ambiente.
  • hidrodiplomacia: solución conflicto

El agua es un requisito para la vida y un derecho humano, sin embargo, en muchos lugares del mundo se dan circunstancias que convierten a este importante bien en una fuente de conflicto debido a dos circunstancias: la presión sobre el recurso para su aprovechamiento y la existencia de algún Estado que desarrolle una política del agua que cause perjuicio a otro Estado o que este último lo perciba así.

La presión sobre las fuentes de agua incluye la contaminación originada por fuentes puntuales y difusas, la extracción excesiva, la regulación del flujo, las alteraciones morfológicas de los ríos, los usos del suelo y otras afecciones significativas de la actividad humana. Toda esta presión sobre el recurso agua va a impedir su posterior uso, a provocar el deterioro de los ecosistemas y a afectar a nuestra salud. En países naturalmente áridos la presión sobre el recurso para su aprovechamiento puede desencadenar en conflictos.

Con relación a los conflictos entre estados, y en concreto en el caso de Oriente Medio, el agua ha adoptado un rol geopolítico, convirtiéndose en el principal potenciador del conflicto israelí-palestino durante los últimos 50 años. Mientras que en el inicio del conflicto las tensiones por el control y la disponibilidad de los recursos naturales se centraron en la tierra, en las últimas décadas, el centro de las tensiones entre Israel y Palestina se ha situado en la distribución de los recursos hídricos. Las tensiones y disputas, surgidas del mencionado conflicto tienen como eje principal al agua como bien primario, necesario para el desarrollo y supervivencia de sus habitantes.

El acuífero de la Montaña es la principal fuente hídrica que abastece a Israel y Cisjordania. Su extensión lo divide en tres partes: Acuífero del Oeste, Acuífero del Noroeste y Acuífero del Este. Además, cuenta con otros como el Acuífero Costero, que se sitúa entre Israel y Gaza. En ese acuífero, el 10% pertenece a Gaza, pero su contaminación se estima entre el 90 y 95% sobre el total de la fuente hídrica en el área palestina. Las otras fuentes hídricas son de superficie y la principal es el río Jordán (Amnistía Internacional, 2009).

El río Jordán es, un recurso compartido por Palestina, Israel, Jordania, Siria y Líbano. Por su ubicación geográfica, el río Jordán es geopolíticamente la fuente hídrica de la zona que abastece a cinco naciones.

A la importancia geopolítica y la diversidad de flora y fauna del valle del Jordán, como consecuencia de las particulares condiciones climáticas y geográficas de la región, se añade la gran importancia que tiene el río como lugar sagrado para diferentes etnias y creyentes de todo el planeta. Para los judíos, el río Jordán es un símbolo de liberación. Cruzar el Jordán representa la entrada de los judíos a una tierra de libertad y plenitud tras años de esclavitud y pobreza puesto que, cuando Joshua lideró y guio a los israelitas a través del río Jordán, éstos llegaron a la Tierra Prometida. Incluso la Biblia Hebrea describe el Valle del Jordán como el jardín del Señor. Para los musulmanes el río es un lugar divino y de gran relevancia ya que el Jordán fluye a través del núcleo terrenal cultural del mundo islámico. Además, este río constituye un elemento central en historias de profetas islámicos como John (Yehya), Joshua (Yusha) y Jesús (Issa) y el valle del río jugó un papel crucial en la expansión del islam bajo el Califato Úmar - una de las más conocidas batallas contra el imperio bizantino tomó lugar en el norte del valle-. Para los cristianos, el río es un símbolo de pureza y vida.

El río Jordán, a pesar de su connotación sagrada, está sufriendo un colapso ecológico. Hasta 1960, el Jordán era un río sano y abundante con un caudal anual en torno a los 1,3 billones de centímetros cúbicos. Pero desde entonces, el 96% de ese caudal ha sido derivado para uso doméstico y agrícola por Israel, Jordania y Siria. Durante más de 50 años, comunidades jordanas, israelíes y palestinas han estado contaminando el río, provocando la pérdida de la mitad de la biodiversidad del valle. Y aunque, a pesar de que en zonas concretas como en la presa Amulot la calidad del agua apenas se ha visto afectada, la calidad del agua en los tramos más bajos del río se ha visto gravemente deteriorada.

En 1950, se calcula que el Jordán desembocaba en el Mar Muerto 1285 millones de metros cúbicos, una cantidad muy similar a la evaporación de la superficie del Mar Muerto. Entonces, el Jordán recibía 605 millones de metros cúbicos del Mar de Galilea o Lago de Tiberíades y 455 del río Yarmuk además de lo que provenía de la cuenca de este último río y del Zarqa y de lluvias anuales torrenciales de Cisjordania. Tras varias décadas, en el año 2000, el balance hídrico sufrió un importante cambio y cursos de agua fueron desviados por los países ribereños de la Cuenca del río Jordán. Ejemplos de estas desviaciones fueron los 100 millones de metros cúbicos anuales que Israel desvió del sistema fluvial del Alto Jordán reduciendo la afluencia recibida por el Mar de Galilea o los 440 millones de metros cúbicos (Mm3) derivados por Israel de la desembocadura sur de este último mar para alimentar el Acueducto Nacional de Israel (NWC). Jordania también lleva derivando del río Yarmuk 155 Mm3 al año, con el fin de abastecer de recursos hídricos a Amán, la región del Zarqa y para la irrigación en el Valle del Jordán. Junto a estos ejemplos se encuentra el agua salobre derivada de los manantiales situados en el norte y oeste del Mar de Galilea a través del Acueducto de Agua Salada a la Presa de Alumot, desde donde desembocaba al río Jordán. Debido en parte a estas derivaciones, en la Cuenca del río Yarmuk, afluente del río Jordán que es compartido por Siria y Jordania y es explotado en ambos lados, se llevaron a cabo planes para desarrollar una presa, la presa Unity, cuya construcción se completó en 2006. En concreto, a los granjeros sirios se les asignaron 6 Mm3 anuales del depósito de la presa, aunque se ha registrado como el consumo sirio es substancialmente mayor al estipulado. Esta iniciativa y plan de construcción de la presa no sólo se llevó a cabo para gestionar el uso y consumo de los recursos hídricos sino para mediar entre las aguas compartidas por los sirios y jordanos. Aun así, la evolución de este importante afluente del Jordán ha sido decreciente ya que se estima que el caudal medio que presentaba en los 50 era de entre 400 y 500 Mm3, mientras que actualmente ronda los 90 Mm3. Esta pronunciada reducción de caudal de los afluentes, y por tanto del Jordán, ha provocado cambios en la morfología del río como consecuencia del bajo caudal, que se traducen en una reducción de la sinuosidad, una mayor gradiente y un dramático descenso del Mar Muerto cuyos niveles de agua, a causa de la muerte del Jordán, están disminuyendo aproximadamente un metro de media al año.

Además de los aspectos cuantitativos, no hay que olvidar las principales fuentes de contaminación que causan la degradación del río. La cantidad de residuos que se generan en el Valle del Jordán rondan las 162.000 toneladas al año, de las cuales más de un 90% se depositan en vertederos incontrolados. Los contaminantes procedentes de la agricultura contribuyen potencialmente a la contaminación del río Jordán y su valle. A esta actividad se unen otras actividades primarias como la ganadería y la acuicultura. Las principales fuentes de contaminación de la ganadería en el valle las constituyen el estiércol y los restos de animales que resultan una amenaza para el medioambiente y la salud pública. En cuanto a las piscifactorías, estas son las mayores consumidoras de agua en la región israelí del Valle del Jordán. La superficie que abarcan estos complejos a lo largo de toda la región se aproxima a las 2000 hectáreas y la evaporación que se produce en estas piscifactorías incrementa la salinidad del agua dando lugar a que los vertidos procedentes de estas puedan presentar concentraciones de cloruro de entre 2000 y 4000 mg/l.

A esta degradación del Jordán y los recursos hídricos de la región en términos de calidad y cantidad por parte de Israel, Jordania, Palestina, Siria y Líbano se unen los efectos adversos del cambio climático. Climáticamente, el Valle del río Jordán se caracteriza por tener veranos calurosos y secos y por inviernos suaves y húmedos, con una mayor sequedad según se avanza hacia el sur del valle, hacia el Mar Muerto. Tal y como indican los datos recopilados por un estudio de GLOWA, la parte norte del valle del Jordán en Jordania es y será la más afectada por el cambio climático con una importante reducción de las precipitaciones anuales debido a que, a pesar de que las precipitaciones se estiman que han aumentado y seguirán haciéndolo en los meses de verano, este incremento no se puede comparar con la reducción de las precipitaciones anuales que se prevén en invierno pudiendo llegar a reducirse en un futuro muy drásticamente. En contraposición, la parte sur está experimentando y continuará haciéndolo un ligero incremento en el total de las precipitaciones anuales. La constante reducción de los recursos hídricos acompañada de un aumento de la demanda conlleva consecuencias catastróficas para la región y su población.

Se estima que la población palestina consume por término medio 73 litros de agua al día por persona, cantidad muy inferior al mínimo diario de 100 litros per cápita recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Incluso en muchas comunidades ganaderas de Cisjordania, el consumo de agua es de sólo 20 litros por persona lo que significa que la población no puede mantener una alimentación, una salud y un nivel de vida adecuados. En Jordania el consumo de agua per cápita es de 120 litros por persona y día; y en Israel alrededor de unos 300 litros. Israel riega el 57% de la tierra cultivada, Jordania el 29% y Palestina el 13%. En cuanto al tipo de cultivo regado por Palestina y Jordania, este se basa en hortalizas y leñosos que en Palestina representan el 53% y 33% del total cultivado y en Jordania el 43% y 47,5% respectivamente, mientras los herbáceos representan el 10% en Palestina, el 14% en Jordania y el 34,3% en Israel. Además, el mal estado del agua que se utiliza en los productos agrícolas que luego ingiere la población, suele contribuir a la aparición de enfermedades. En este sentido, se calcula que “el 26% de las enfermedades en Gaza están relacionadas con el agua usada en la agricultura de subsistencia de los refugiados palestinos”. A esto se le une el impacto que esta problemática hídrica tiene en la amplia y variada biodiversidad que alberga la región con importantes reservas y parques naturales que sirven de hogar a una rica, exótica y diversa fauna y flora, la cual está viéndose mermada y abocada a la desaparición.

Todos los factores mencionados anteriormente, configuran el valle del Jordán como un “modelo ideal” de escenario para un conflicto por los recursos compartidos.

Ante este escenario, la “Hidrodiplomacia” representa un gran potencial de colaboración nacional e internacional en el que se ha avanzado, aunque no lo suficiente. En todo el mundo, se identifican casos en los que la gestión de las cuencas está sujeta a intereses nacionalistas y grupos de poder, suponiendo la generación carencias y conflictos.

Por tanto, el que un país pueda atender la demanda de los recursos hídricos implica contar con un marco legislativo adecuado y disponer de instituciones lo suficientemente fuertes como para asegurar el cumplimiento de las leyes y gestionar tanto su territorio como sus recursos de forma efectiva y eficiente.

La democracia en la gestión de los recursos hídricos es esencial porque son los ciudadanos quienes deben elegir y tener voz sobre la explotación de los recursos. La presión sobre los recursos hídricos puede frenarse siempre y cuando todos tomemos conciencia sobre su carácter finito y no olvidemos que el agua no es un bien comercial, ni un bien que se pueda contaminar hasta impedir su uso, deteriorar los ecosistemas y nuestra propia salud. En países naturalmente áridos es esencial el desarrollo de estrategias institucionales (grupos de trabajo, acuerdos oficiales o relaciones de cooperación) para conseguir agua y evitar el conflicto.

En el contexto en el que nos encontramos, agravado por el cambio climático, es necesario intensificar la diplomacia del agua para reforzar la colaboración e incrementar el intercambio de conocimientos e información sobre los recursos hídricos compartidos. “El agua para la paz” rebajaría las tensiones y allanaría el camino para conseguir un verdadero pacto por la paz y la justicia.

Según Gorbachov. M. (2008), en épocas de tensión política o étnica y en conflictos civiles, regionales o de reconstrucción de posguerra, tener una estrategia sólida y bien ejecutada que tenga en cuenta tanto el recurso natural como su gestión y distribución es decisivo para evitar la violencia y facilitar que los ciudadanos construyan comunidades estables y pacíficas. Para crear condiciones de paz a largo plazo, el mejor medio es luchar contra la pobreza, el hambre y las enfermedades. El agua es clave para conseguirlo.