¿Acceso al agua o al teléfono móvil?

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Sobre el blog

Alberto Guijarro Lomeña
Ingeniero Industrial y Posgrado en Cooperación Internacional. Agua, saneamiento, Agenda ODS, desarrollo, sostenibilidad, RSE.

A finales de 2015 la cantidad de líneas móviles en el mundo alcanzó el mismo número que habitantes del planeta, 7.300 millones, según el informe Mobility Report de Ericsson, aumentando del orden de un 3% al año. Además, según el mismo informe, los smartphones representaban el 75% de todos los teléfonos móviles vendidos en los tres últimos meses de 2015.

Este avance, por supuesto, no se debe a que en los países más ricos haya más móviles que personas, que los hay, sino que es un fenómeno mundial que se está produciendo hasta en los países más pobres. Aunque por supuesto todavía está lejos el acceso de todas las personas a un teléfono móvil.

Según un informe de Pew Research Center, en 2002 solo 1 de cada 10 adultos tenía un teléfono móvil en Tanzania, Uganda, Kenia y Gana, mientras que en 2014 esta cifra oscilaba entre un 65% en Uganda y un 83% en Gana, y países como Sudáfrica o Nigeria se encontraban en el mismo nivel que Estados Unidos. Lo cierto es que existen muchas zonas rurales de la mayor parte de los países más pobres que no han alcanzado todavía estos niveles, aunque incluso en estas áreas el número de móviles está aumentando de manera notable.

Esta situación contrasta con la de la población mundial con acceso mejorado al agua y al saneamiento, que en 2015 era de 6.638 y 4.936 millones de personas, respectivamente, lejos del número de líneas móviles en el mismo año. Y es que puede resultar sorprendente que en un país como Tanzania solo el 55,6% y el 15,6% de la población tenga acceso, respectivamente, a agua y a saneamiento en condiciones mejoradas, pero el 73% de la población adulta sea propietaria de un teléfono móvil.

Una situación similar puede extraerse de los datos del Afrobarómetro de enero de 2016, que en una encuesta realizada en 35 países africanos revelaba que el 93% de las personas encuestadas señalaban la existencia de acceso a telefonía móvil en su comunidad pero sólo el 63% y el 30% confirmaba la existencia en su zona de acceso a agua canalizada o a saneamiento.

En ocasiones he escuchado o leído interrogantes del tipo ¿Cómo es posible que haya mayor acceso a la telefonía móvil que al agua?. Yo creo que este tipo de cuestionamientos solo son útiles si nos ofrecen estrategias para avanzar en el sector del agua, pero sin restar valor a la utilidad de la telefonía móvil, pues es indiscutible en ámbitos como la información, la comunicación, la educación o para hacer o recibir pagos, entre muchos otros aspectos.

En cualquier caso, no es inmediato comparar ambos sectores. A las personas interesadas en estas comparaciones les recomiendo la lectura de estos artículos: uno de Wateraid, y esta réplica, y también éste de un consultor en agua y saneamiento.

Independientemente de que puedan extraerse algunos aprendizajes aplicables al sector del agua (pero ojo, que hablamos de sectores distintos y no todo es extrapolable), sí creo interesante resaltar que si la telefonía móvil, que en las décadas de los 70 y 80 estaba al alcance de muy poca gente - con móviles de primera generación -, ha alcanzado en unas pocas décadas el mismo número de líneas que población del planeta, debería hacernos reflexionar a la comunidad internacional sobre la urgencia y necesidad de alcanzar el acceso universal al agua y al saneamiento, siendo derechos humanos reconocidos por Naciones Unidas tan importantes para la salud, la educación, los ingresos y la dignidad de toda persona.

Digámoslo claramente: conocemos las tecnologías y metodologías de trabajo para conseguir el acceso universal al agua y al saneamiento, incluso en los lugares más complejos y alejados, y sabemos que los beneficios económicos de tener acceso mejorado son muy superiores a los costes por no tenerlo. Y eso sin contar con que hablamos de derechos humanos. Entonces, ¿qué es lo que hace falta?. Muy sencillo: voluntad política para adoptar las medidas necesarias.

La Agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible pretende alcanzar el acceso universal en 2030. Pero el ritmo actual no es suficiente y es necesario poner más esfuerzos si queremos conseguirlo. Simplemente hace falta voluntad para hacerlo.

P.D. Por cierto, para mí son falsas las disyuntivas del tipo ¿acceso al agua o al teléfono móvil?, o ¿cooperación al desarrollo en otros países o apoyo social a las personas pobres en nuestro país?, con la excusa de que “no hay dinero para todo”. La pregunta es si estamos dispuestos a poner a las personas en el centro de las políticas y de nuestra sociedad local y global. Pero esta es una cuestión para otro debate…

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