En el sector del agua hablamos mucho de innovación. Innovación tecnológica, innovación digital… pero no siempre nos detenemos a preguntarnos para quién estamos innovando y cuánto cambia realmente aquello que diseñamos la vida de las personas.
Este año he tenido la oportunidad de trabajar en el desarrollo de AguaClimApp, una herramienta digital pensada para las municipalidades y los comités comunitarios de gestión del agua y saneamiento en zonas rurales de Centroamérica. Esta app representa un tipo de innovación que necesitamos impulsar más desde el sector.
El cambio climático está tensando hasta el límite la gestión del agua y del saneamiento en las áreas rurales latinoamericanas: sequías prolongadas, tormentas extremas, problemas de calidad del agua, infraestructuras y servicios que no fueron diseñados para el actual nivel de variabilidad climática. Y todo esto recae sobre organizaciones comunitarias y autoridades municipales con pocos recursos.
La pregunta que originó este trabajo fue sencilla: ¿cómo apoyar a esas comunidades para que puedan anticiparse, responder, resistir y adaptarse mejor a estos cambios?
AguaClimApp no es una herramienta sofisticada en términos tecnológicos. No utiliza inteligencia artificial, ni sistemas predictivos avanzados, ni modelos digitales tridimensionales. Y, sin embargo, creo que es un ejemplo potente de innovación en agua y saneamiento.
La app permite que los comités comunitarios evalúen la vulnerabilidad climática de sus sistemas, identifiquen puntos críticos y reciban recomendaciones adaptadas a sus condiciones. Todo ello con un lenguaje accesible, sin necesidad de conexión constante a internet y pensando en dispositivos de gama media o baja.
Es decir, una herramienta tecnológica que no exige que la comunidad se acerque a la innovación, sino que adapta la innovación a la comunidad.
Uno de los aprendizajes más valiosos de este proceso es que la innovación en agua y saneamiento no siempre pasa por añadir complejidad técnica, sino por generar instrumentos que, de manera realista, puedan mejorar el día a día de quienes sostienen los servicios en primera línea.
En las sesiones de prueba con comités rurales hemos visto algo que, para mí, valida el sentido de esta iniciativa: la app no se vive como una “herramienta digital” más, sino como un apoyo tangible para la toma de decisiones. Y eso, en un sector donde el cambio climático y la presión sobre los sistemas rurales de agua y saneamiento son cada vez mayores, importa mucho.
Ojalá avancemos hacia más innovaciones de este tipo en el sector del agua: herramientas pensadas para quienes sostienen los servicios en los contextos más complejos y vulnerables. Innovación que, en lugar de deslumbrar, acompaña.
Porque, al final, la pregunta clave no es si una solución es nueva o tecnológicamente avanzada. La pregunta es:
¿mejora la vida de la gente?
La app puede descargarse aquí.
