¿Rollos de papel higiénico en los retretes de Naciones Unidas?

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Sobre el blog

Alberto Guijarro Lomeña
Ingeniero Industrial y Posgrado en Cooperación Internacional. Agua, saneamiento, Agenda ODS, desarrollo, sostenibilidad, RSE.

Hoy me ha llamado la atención la fotografía de los rollos de papel higiénico que podían encontrarse en los baños del edificio de Naciones Unidas en Nueva York. Lo compartían Alejandra Agudo y Javier Sauras en su post en Planeta Futuro, de El País. Rollos en los que pueden leerse mensajes relacionados con los retos del acceso al saneamiento todavía pendientes a nivel mundial (2.500 millones de personas sin acceso mejorado).

Precisamente en esa sede de Nueva York este fin de semana la Asamblea de las Naciones Unidas ha aprobado formalmente los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que pretenden ser un marco orientador para avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible basado en 6 elementos: dignidad, prosperidad, justicia, paz, personas, planeta, alianzas. Y el agua y el saneamiento están entre los objetivos.


Dado que uno de los Objetivos (el 6) está directamente relacionado con el sector del agua y el saneamiento, y que muchos de los demás tienen relación con los recursos hídricos (salud, economía, ciudades…), creo que es conveniente prestar atención a esta agenda.

Haciendo un rápido repaso al contenido de la agenda, nos encontramos con 17 objetivos y 169 metas que abordan algunos de los principales temas que condicionarán el desarrollo sostenible hasta 2030: sociales (pobreza, hambre, salud, educación, género y agua), económicos (energía, crecimiento, infraestructuras, desigualdad), ambientales (ciudades, consumo, cambio climático, océanos, medio ambiente) y políticos (paz y justicia y alianzas).

Debemos reconocer que en cierta manera los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) constituyen un notable avance respecto a los Objetivos del Milenio (ODM) a los que sustituyen. Además, y esto interesa especialmente a los/as especialistas del sector del agua, la agenda incorpora no solamente cuestiones de desarrollo sino también ambientales (que afectan a los recursos hídricos).

Los ODS pretender ser universales: “no dejar a nadie atrás”. Por tanto, la agenda afecta no solo a los países pobres sino también a los de renta media y alta: también a España y al resto de la unión Europea. Esta universalidad requiere la contribución de todos: países (ricos, emergentes y pobres) y actores (públicos, empresariales, sociales, académicos…).

Pero la nueva agenda también presenta importantes debilidades. Entre ellas destaca su carácter voluntario – al igual que los ODM – y que el enfoque de los derechos humanos ha perdido fuerza respecto a las versiones previas de la agenda. Este aspecto es aplicable directamente al agua y saneamiento, ya que una consideración desde un enfoque de derecho humano hubiera resultado deseable y más potente.

Los objetivos aprobados serán complejos de abordar, al ser muy numerosos, encontrarse fuertemente interrelacionados y al no haberse establecido una priorización. También destaca la falta de concreción de las metas: aunque existen metas claras (ej. para 2030, lograr el acceso universal y equitativo a agua potable segura y asequible para todos) más del 70% de las metas no contemplan un nivel o plazo concreto para considerarse alcanzadas, por lo que en esos casos más que metas son aspiraciones (ej. para 2020, proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos y los lagos).

Otro tema crítico pendiente de resolver reside en la financiación. Aunque es un aspecto complejo de cuantificar, algunas fuentes como The Economist estiman unos recursos necesarios en torno al 4% del PIB mundial anualmente hasta 2030, y precisamente los gobiernos están siendo poco concretos y ambiciosos a la hora de comprometer recursos financieros, lanzándose propuestas como la innovación, la cooperación Sur-Sur o la financiación privada, que aunque necesarias resultan insuficientes.

Para convertir los ODS en una verdadera agenda de desarrollo sostenible será necesaria la interconexión de las políticas nacionales e internacionales y la colaboración de toda la comunidad internacional, teniendo en cuenta que no todos los países tienen el mismo nivel de responsabilidad (ni los mismos recursos) a la hora de abordar los problemas globales. Además, será preciso establecer un sistema de indicadores y un mecanismo de seguimiento.

Todo esto requiere del compromiso e involucración de todos los gobiernos, que deberían incorporar los ODS en sus políticas y planes y rendir cuentas anualmente sobre el avance nacional y sobre la contribución a las metas globales. En cuanto al resto de actores, se espera mucho de la contribución del sector empresarial y, más que nunca, las organizaciones sociales deberán ser activas en la implementación y el seguimiento de la agenda, buscando las mejores estrategias para aportar de la forma más efectiva posible.

Ante todo este panorama, surge inevitablemente la pregunta: ¿agenda retórica o verdadero paso adelante?.

Sinceramente, creo que los ODS constituyen una oportunidad para cambiar el rumbo del desarrollo humano sostenible a nivel global, pero no será una agenda transformadora si los países no se comprometen a abordar las causas que originan los problemas de desarrollo sostenible y no proponen soluciones que pongan a las personas y al desarrollo sostenible en el centro.

Y en el agua y saneamiento también.

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