No todos los días te puedes sentar con ministras y ministros de los 5 continentes y tienes espacio para aportar y que te escuchen…
La semana pasada, Madrid se convirtió en un espacio de trabajo de gobiernos, otras instituciones y organizaciones de la sociedad civil donde volvimos a poner sobre la mesa una pregunta esencial: ¿cómo garantizar el acceso universal al agua y al saneamiento en un mundo cada vez más desigual y vulnerable?
Durante dos días, más de 50 representantes ministeriales y más de 200 participantes de organizaciones de todo el mundo compartimos debates, experiencias y compromisos en la Reunión Ministerial del Sector del Agua y el Saneamiento (SMM2025), convocada por la alianza Sanitation and Water for All (SWA) y UNICEF, con el apoyo del Gobierno de España.
Desde ONGAWA tuve la oportunidad de participar en representación de la Coordinadora Española de ONGD y de la red internacional End Water Poverty, que agrupa a más de 150 organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo. Y lo que se vivió fue mucho más que un encuentro político y técnico: fue una demostración de que, incluso en un contexto internacional convulso, la cooperación sigue siendo posible, urgente y necesaria.
Señales políticas en tiempos inciertos
En un escenario global marcado por la crisis climática, la desigualdad y las tensiones geopolíticas, la presencia de representantes ministeriales de alto nivel de países de los 5 continentes envió una señal relevante: el agua y el saneamiento deben regresar al centro de la agenda política internacional.
Pero quizás lo más importante fue el tono del encuentro: hubo diálogo, escucha y reconocimiento entre actores tradicionalmente alejados: gobiernos, empresas, organismos multilaterales, academia y organizaciones sociales. En un sector donde los discursos suelen ser paralelos, escucharnos ya es un avance político.
Más que un evento: un proceso
Una de las principales virtudes del enfoque de Sanitation and Water for All es que estas reuniones ministeriales no son encuentros aislados, sino parte de un proceso continuo de trabajo, seguimiento y rendición de cuentas. Esa estructura convierte lo que podría ser un foro simbólico en un espacio útil para construir confianza, identificar avances y mantener el impulso político para conseguir el ODS 6 lo antes posible.
En un sector donde abundan los compromisos declarativos, pero escasean los mecanismos de evaluación, esta continuidad marca la diferencia. Porque garantizar los derechos humanos al agua y al saneamiento no depende solo de innovaciones tecnológicas, sino de políticas coherentes, inversión sostenida y participación social real.
Romper los silos, pensar el agua con todo lo que toca
Uno de los mensajes más repetidos en la Reunión Ministerial fue la necesidad de “romper los silos”. El agua y el saneamiento no pueden seguir pensándose como un ámbito técnico o sectorial. Son ejes que se entrelazan con la salud, el medio ambiente, la igualdad de género, la economía y la acción climática, entre otros temas.
Esa visión integrada no es solo más eficiente: es la única forma de construir resiliencia real. Una resiliencia que reconozca las vulnerabilidades sociales, territoriales y ecológicas, y que coloque a las comunidades —especialmente a las más excluidas— en el centro de las soluciones.
Cooperar sigue siendo una decisión política
La Reunión Ministerial fue, sobre todo, una afirmación colectiva de que la cooperación internacional sigue siendo una herramienta indispensable para la justicia hídrica global. España, como país anfitrión, ha tenido un papel importante al ofrecer un espacio de diálogo político en un momento de fragmentación global, donde las agendas nacionales tienden a imponerse sobre los compromisos comunes.
El reto ahora es mantener este impulso, dar contenido y seguimiento a los acuerdos y convertir las declaraciones en acción, con medidas concretas, medibles y equitativas.
Porque las palabras importan, sí. Pero en el agua y el saneamiento —como en tantos otros derechos humanos—, solo la acción transforma
