2017, resumen de un año de cantimplora y #aguadegrifo

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Sobre el blog

Alberto Vizcaíno
Productor de sostenibilidad. En ocasiones doy charlas, escribo en blogs o hago fotos.
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El año pasado por estas fechas me puse como propósito de Año Nuevo utilizar la cantimplora. Y mientras escribo estas palabras me acompaña, igual que durante todo 2017, esa cantimplora naranja que anteriormente estaba relegada a excursiones camperas y otros usos puntuales. Soy un privilegiado, vivo en una de las ciudades en las que se disfruta de una de las mejores calidades de agua de grifo. A pesar de ello solía cometer el pecado de utilizar envases de usar y tirar para beber agua. No en casa, pero sí cuando estaba fuera: las típicas botellas de plástico servidas a lo ponentes de cursos y jornadas, los vasos de plástico de junto a la fuente de la oficina del cliente...

Así pues, decidí que era hora de pasar a la acción, eliminar la generación de un residuo totalmente innecesario y hacer apostolado al respecto. Rescaté mi cantimplora, la llené de agua de grifo y la metí al maletín que me acompaña en el día a día. Un ligero aumento de peso, una pequeña incomodidad que podría tener un importante impacto positivo, tanto en el ahorro de envases de usar y tirar como en la concienciación sobre el problema de los residuos plásticos.

Y es que rechazar la botella de plástico y sacar tu propio recipiente reutilizable con agua de grifo es un gesto muy poderoso. A pesar de que mi actividad como ponente ocurre principalmente en un aula donde siempre hay una jarra y un vaso (uno de los muchos detalles del Mejor Programa Formativo), en ocasiones participo en jornadas y charlas fuera de casa donde es común que al ponente se le proporcione una botella de plástico. Si das clases relacionadas con medio ambiente, el gesto de rechazar esa botella y sacar la cantimplora del maletín tiene mucha fuerza. Es un punto de partida con el que enganchar a la audiencia de manera más o menos simpática y al que se puede volver en cualquier momento en el que la sesión lo requiera.

Otro momento simpático fue a cuenta de rechazar las botellas de agua "de cortesía" que me ofrecía un hotel en Oviedo y la conversación que generó, tanto con los responsables del hotel como en Twitter el gesto de rellenar mi cantimplora en el grifo de la habitación. Sin lugar a dudas un ámbito muy interesante por el que tanto los empresarios del turismo pueden canalizar sus iniciativas sobre responsabilidad corporativa. Si estás en una ciudad que ofrece un agua de grifo excelente ¿Por qué "regalar" botellas de plástico de una empresa concreta, si puedes dotar a tus clientes de un recipiente reutilizable con tu marca que van a lucir, al menos, durante su estancia en ese destino? Sea cual sea el motivo que les llevó a la ciudad (trabajo, turismo, ocio...) lucirán la botella entre personas con su misma necesidad (lugares turísticos, congresos, reuniones de trabajo...) ¿Qué mejor emplazamiento de producto que una botella reutilizable en el puesto de trabajo de tu cliente, en sus reuniones con otros potenciales clientes, en sus charlas...?


Si te fijas en la foto, al fondo, verás la cantimplora naranja. También me acompañó al evento que ha marcado un hito en mi actividad de sensibilización y concienciación ambiental durante este 2017: la provocadora llamada a la acción "Deja de reciclar y bebe agua de grifo", una reflexión sobre la importancia de prevenir residuos de plástico para reducir el impacto que generamos sobre el planeta no ha pasado desapercibida. Gracias al equipo de Iginte Madrid pude pulir el discurso inicial, sobre los datos de la economía circular de los envases de plástico, en un mensaje más sencillo y fácil de transmitir a un público no especializado. Porque uno de los problemas que tenemos los divulgadores es, a parte de la agotadora competición contra el greenwashing, llevar la comprensión de los complejos procesos de deterioro ambiental a la población en general.

Fuera del entorno profesional también he llevado a cuestas mi cantimplora y el agua de grifo. Así, salvo en las ocasiones en las que no he tenido poder de decisión, en todas las comidas que he hecho en restaurantes he pedido agua de grifo, incluso si el agua embotellada venía incluida en el menú. En Madrid no suele haber mayor problema, quizá alguna reticencia en algún sitio concreto, pero jarras suele haber en todos los establecimientos. Lo que sí faltaría es que el agua de grifo, quizá con una referencia a su excelente calidad, estuviese incluida en la carta.

O para franquicias sensibles a la opinión del cliente dar la opción de renunciar al agua embotella en favor de una simbólica aportación a alguna causa perdida. La botella del menú infantil, que tendrá un coste ínfimo para el Grupo Vips, podría ser rechazada en favor de esa ínfima aportación a una organización que apueste por la infancia. Son muchos menús infantiles a lo largo del año servidos en todo el Grupo Vips y el gesto sería una potente acción de responsabilidad corporativa, con el planeta (evitando el impacto del agua embotellada) y con las generaciones futuras (o la causa a la que destinasen su acción). Pero, sobre todo, enseñaría a los niños que comen en la cadena a tomar decisiones y comprometerse. ¿La botella de Elsa o agua de grifo y una pequeña aportación a...?

Este 2017 la cantimplora naranja también me ha acompañado en mis vacaciones. He probado el agua de grifo de todos los lugares en los que me he alojado y bebido en las fuentes de los pueblos que he visitado. Y sí, la calidad del agua, cambia a lo largo y ancho de la geografía nacional, pero si la potabilidad está garantizada por la legislación, la autoridad sanitaria y las empresas de suministro, beber agua del grifo es un riesgo controlado que merece la pena correr.


Así pues, cerrando 2017 no tengo más que agradecer a todos los que me habéis acompañado durante el año con vuestro apoyo para seguir bebiendo agua de grifo. Toda esa #waterpeople que trabaja en el ciclo integral del agua haciendo posible el milagro de rellenar la cantimplora. A quienes velan por la seguridad de las instalaciones, a quienes compartís el mensaje en vuestras redes sociales, dando visibilidad a propuestas que parecen peregrinas para algunos y molestan, mucho, a otros. Avanzar en sostenibilidad es algo que no puede hacer uno solo ni deprisa. Somos muchas personas compartiendo un mismo planeta e inquietudes para que este planeta pueda seguir siendo compartido por muchas personas.

Lo que me pesa ahora es la huella ecológica de mi cantimplora, un producto de bajo coste de una cadena de distribución de material deportivo. Un recipiente de aluminio de la que hay quien no me aconseja beber porque podría afectar a mi, ya de por sí delicado, equilibrio mental. De momento sigo confiando en el fabricante, pero sí es cierto que ando buscando alternativas en materiales más seguros y menos sospechosos de intoxicar al usuario, como el acero. No sólo para mi, también para los que me rodean, porque después de un año de cantimplora estoy convencido de que uno de los mejores regalos que se pueden hacer a otra persona es una botella reutilizable para que beba agua de grifo y deje de comprar botellas de plástico. ¿Alguna sugerencia?

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