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El programador... ese tipo tan peculiar

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Sobre el blog

Alejandro Beivide
Director del departamento de Automatización y Control de Acciona. PDD-E-2018 IESE Business School. Ingeniero en Automática y Electrónica Industrial. Master en Energías Alternativas y Eficiencia Energética
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Friki, raro, extraño, complejo, introvertido, callado… son algunos de los amables adjetivos que algunos de nosotros hemos soportado a lo largo de la vida en nuestra profesión. Yo, la verdad, es que no me considero ni me identifico con estos apelativos, pero son recibidos por mi colectivo profesional, desde el primer 8086 (uno de los primeros microprocesadores de mercado). Esto sí que es friki... ¿eh?

Por cierto, he sido y soy un programador industrial, y me consideraré siempre un miembro de este colectivo. Ahora ya no directamente, pero actualmente puedo desempeñar una profesión que me gusta y que sigue relacionada con el mundo de la programación industrial. En parte creo que la gente que nos lo ha podido decir ha tenido siempre un poco de razón. No digo que sea verdad, lo que me gustaría es poder empatizar con esa percepción de este colectivo, en el cual, me enorgullece incluirme.

El programador industrial en la mayoría de los casos lo es por vocación. Esto es importantísimo, porque esa persona tan peculiar está disfrutando con su trabajo. El entorno no es el más amigable, lejos de su casa, familia, amigos y soportando la presión de una puesta en marcha que no puede fallar ni retrasarse y que, en muchos de los casos, no existe en el proyecto en cuestión quien le sustituya. Él es, en sí mismo un cúmulo de situaciones y realidades cuya finalidad es que los objetivos de todos se materialicen con su aportación. Con esto, y con todo lo demás que le rodea, casi con total seguridad le gusta desempeñar su trabajo y sentirse valioso con su granito de arena. Quizás no lo exprese, pero creedme que lo piensa.

Para desgranar este conjunto de adjetivos voy a empezar por un patrón de comportamiento que suele ser habitual; introvertido. A mí me gusta decir, “con vida interior”, pero es verdad que muchos compañeros cumplen con este perfil. Ser introvertido, suele ser sinónimo de persona prudente. Introvertido en el trabajo, no quiere decir que lo sea fuera de él. He pasado inolvidables momentos con grandes introvertidos que al salir del trabajo son gente extrovertida, con un sentido del humor peculiar y con los que puedes pasar momentos inolvidables. Cuando desempeñan su trabajo han de estar muy concentrados y esa abstracción puede condicionar un comportamiento comedido y poco activo en habilidades sociales.

Friki y raro, los meteré en el mismo saco. Seguramente esas acepciones vengan por el uso de palabras y expresiones poco comprensibles para las personas que les rodean, y que por supuesto, nada tengan que ver con su profesión. ¿Habéis podido escuchar una conversación entre frikis? Para ellos (nosotros), esa conversación habrá sido enriquecedora y divertida, pero entiendo que es posible que, si se desconoce el argot de esta profesión, sea algo un poco surrealista de seguir, ya que el programador, tiene por mala costumbre llamar a cada cosa por su nombre. Extraño, ¿verdad?

Podría seguir describiendo todas las peculiaridades de los hoy considerados programadores industriales, pero también quiero poner en valor, su gran trabajo y aportación en lo que considero una profesión muy dura, de alto valor añadido y no siempre bien reconocida. Una realidad que quizás pase desapercibida es que el programador industrial es un eterno estudiante. Continuamente ha de actualizarse en softwares, plataformas y lenguajes, además tiene por castigo aprender y entender todos los procesos, equipos y sistemas, los cuales tiene que programar y arrancar con el equipo de puesta en marcha.

El programador industrial en la mayoría de los casos lo es por vocación. Esto es importantísimo, porque esa persona tan peculiar está disfrutando con su trabajo. El entorno no es el más amigable, lejos de su casa, familia, amigos y soportando la presión de una puesta en marcha que no puede fallar ni retrasarse y que, en muchos de los casos, no existe en el proyecto en cuestión quien le sustituya.

Es hoy en día un perfil escaso y muy valioso. Valioso, para mí, en primer lugar, por las grandes personas que hay detrás de esta profesión no tan agradecida. Y sin duda alguna, valioso, por el alto valor que aportan al desarrollo de la sociedad y la escasez de la que sufrimos estos tiempos. Existe una alta demanda de todos los perfiles profesionales asociados a la programación en todos los campos, y hoy en día se genera una nueva demanda basada en la especialización en la analítica de datos, computación de aprendizaje, servicios de la nube y todas las necesidades relacionadas con la Industria 4.0. Las expectativas laborales son muy amigables si bien no es una profesión que incorpora muchos estudiantes cada año. Actualmente existe una demanda en todos los perfiles que es muy difícil de cubrir. Espero que en los próximos años esta tendencia se revierta y podamos disfrutar ampliamente de un colectivo de profesionales tan cualificado dentro de nuestro tejido empresarial.

Va por vosotros amigos.

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