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Sobre el blog

Alejandro Beivide
Director de Transformación Digital y Sistemas de Control de Acciona. Línea de Negocio - Agua. PDD-E-2018 IESE Business School. Ingeniero en Automática y Electrónica Industrial. Master en Energías Alternativas y Eficiencia Energética
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La R.A.E. dice que el “transhumanismo” es… ¡nada! No está recogido este vocablo en la Real Academia Española de la lengua.

Tenemos un nuevo vocablo en nuestro lenguaje que aún no aparece en el diccionario, pero eso ahora mismo solo significa una cosa. La velocidad de los cambios tecnológicos arrastra muchas cosas, incluso, palabras nuevas que tardan más en entrar en nuestro diccionario que en el uso común de la palabra.

¿Cómo podemos definir entonces el transhumanismo? Siendo etimológicos, y como la palabra en concreto no existe en la RAE, la dividimos en sus dos partes bien diferenciadas, trans y humanismo. Empiezo por la segunda parte definiendo humanismo (existen muchas más acepciones…) como la “doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos” y trans significa “al otro lado o a través de”. Con el significado de las dos acepciones juntas podemos montar una definición de “transhumanismo” diciendo que es una corriente de pensamiento que avanza sobre lo que el ser humano puede llegar a ser o lo que hay más allá de ser humano y sus valores.

Se ha creado una nueva acepción que quiere definir conceptos de lo que es o puede ser el ser humano mejorado. Estamos hablando de la evolución de la raza humana pero esta vez con su propia ayuda. El ser humano trabaja para mejorarse mediante el uso de la tecnología.

El concepto transhumanismo cobra vida del biólogo Julien Huxley en 1957, mientras desarrollaba las teorías de que el ser humano puede trascenderse a él mismo, es decir, puede evolucionar más allá de su condición puramente humana.

¿Podríamos renunciar a una prótesis que necesitemos, o a un marcapasos?

Creo que no, porque hemos asumido de manera natural el concepto “reparación”. No ponemos en duda las bondades de una terapia quirúrgica que nos pueda ayudar con una enfermedad o una patología grave. Entonces, creo, en mi opinión, que ya hemos traspasado la barrera del transhumanismo. Si creemos en nuestra reparación, entiendo también que el ser humano mejorado entra dentro de las posibilidades éticas que podamos aceptar.

Microchips, injertos con tecnología, exoesqueletos, electro-estimuladores cerebrales, marcapasos…toda esta tendencia no hace más que hacernos seres humanos mejores, más resistentes, alarga nuestra vida, o mejora nuestro estado. Aceptar el transhumanismo es aceptar nuestras propias debilidades y trabajar para reforzarnos.

Luchamos para erradicar enfermedades, crear vacunas, terapias genéticas y todo tipo de investigaciones para entender el funcionamiento de enfermedades y todas las posibilidades para combatirlas y erradicarlas.

Si todo esto ya nos parece “normal” y ético, ¿dónde está la barrera? En el último lustro se han definido dos líneas más duras de rebasar…la manipulación genética humana (…clonación...) y la creación y desarrollo de ciborgs (organismo cibernético); máquinas con inteligencia artificial y soporte orgánico. Si, bien, la genética se sigue investigando, aunque con barreras éticas, el desarrollo cibernético se mantiene en un discreto segundo plano por la barrera moral y ética que supone.

Está claro que la tecnología hoy en día es una palanca de cambios y nuevas dimensiones en la percepción de la realidad de lo “normal”. El desarrollo y la potencialidad de las nuevas tecnologías hace que las interferencias con el ser humano, sus valores, y su dimensión ética hayan de tenerse en cuenta por todas las posibles interferencias.

Quizás ya estemos en la era del trashumanismo o simplemente vayamos con pie firme hacia ella y no nos hemos dado cuenta…

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