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Cuaderno de bitácora, día 100 sin agua (24 de diciembre del 2050) - ¿Y mi cerveza?

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  • Cuaderno bitácora, día 100 agua (24 diciembre 2050) - ¿Y mi cerveza?

Sobre el blog

Alejandro García Monteagudo
Young Water Professional y Técnico de Innovación en múltiples facetas del Ciclo Integral del Agua, eficiencia hidráulica y energética, gestión de activos, sostenibilidad y aplicación de las TICs
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18:50 P.M. – Es viernes y el cuerpo lo sabe. Aunque llevo toda la semana machacándome en el trabajo, me noto hiperactivo y mis pies no paran de moverse. Luego por las mañanas no me dejan levantarme de la cama y se hacen los dormidos bajo las sábanas…

18:58 P.M. – Cada treinta segundos miro el reloj inquieto y estoy deseando que marquen las siete en punto para salir volando de aquí, no sea que aparezca mi jefe Ángel y me mande alguna tarea de última hora. En el momento en el que la aguja del minuto se acerca a la hora en punto siento que se ralentiza y me pongo nervioso.

19:00 P.M. – En cuanto llega la aguja a en punto, salto de mi silla como si me hubieran puesto un petardo, y pareciendo Homer Simpson, salgo pitando. Me pienso dos veces si entrar al coche saltando por la ventanilla, pero ya lo intenté cuando fuimos a los San Fermines, y acabé con un esguince en el tobillo y la ventanilla rota. Maldita Marina, que me la subió cuando no me di cuenta. Como las personas normales, subo al coche, conecto la música al Bluetooth del móvil y ACDC me acompaña por las calles y avenidas de camino al bar Manolo para tomar unas cañas con mis amigos.

20:15 P.M. – Vísteme despacio que tengo prisa decía… Si lo sé hubiera propuesto quedar en Segovia para tomar las cañas, habría llegado antes… A pesar de las restricciones de tráfico para pasar al centro de Madrid, cada día cuesta más moverse por aquí. He dejado el coche en Mordor y con la cantidad de gente que hay por la calle es casi imposible caminar. Se nota que es Nochebuena y la gente se ha dejado para última hora las compras. Con suerte, me dará tiempo a tomarme dos cañas antes de tener que ir a casa para la cena. ¿Qué habrá preparado mi hermana esta vez? ¿Pavo? ¿Salmón? ¿Nachos?

20:30 P.M. – Ya veo a mis amigos en la puerta del bar, pero algo raro veo en sus caras. Están serios y discutiendo. Me acerco más rápido para ver qué ocurre y cuando ya estoy a tres metros veo que Luis está llorando.

20:35 P.M. – La Oscuridad se cierne sobre mí. ¿Cómo que no hay cerveza? No puede ser que se haya acabado ya… Pero sí, se ha agotado en el bar Manolo y en el resto de bares y establecimientos. Un secreto que nadie queríamos ver y que sentíamos muy lejano, pero ha ocurrido. Los medios de comunicación no querían alarmar a la población y lo han mantenido oculto hasta que el problema ha explotado. Y para mayor drama, ¡El día de Nochebuena!

20:40 P.M. – Mi cerebro colapsa durante un segundo y como aquel que cuando cae desde un avión ve su vida pasar ante sus ojos, veo pasar por mis manos todas las jarras de cerveza que me he bebido. Mis ojos se enrojecen y una cascada de lágrimas se prepara para bañar mi rostro a pesar de que mis amigos nunca me han visto llorar (ni cuando Águeda se comió el último donut relleno de chocolate la semana pasada o cuando Fran se bebió la última copa de Chacolí en Bilbao).

20:42 P.M. – Apretando los puños con fuerza para no llorar, salgo corriendo sin dirección, las lágrimas caen por mi cara y apenas veo por dónde voy hasta que tropiezo con una piedra y me caigo contra el suelo…

16:35 P.M. – De un salto me despierto sobresaltado y con sudores fríos. Joder, qué pesadilla. Si parece que me haya meado encima. ¿Qué hora será ya? Desconcertado como un cervatillo en el bosque me incorporo en el sofá con movimientos lentos. En cuanto empiezo a ser persona, recuerdo el sueño que acabo de tener. Corro al frigorífico y abro la puerta y veo que hay cerveza… Puedo respirar tranquilo. Miro el reloj y veo que son las 16:35. Debería empezar a moverme para la cena de Navidad.

Continuará...

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