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2022 comenzaba con inmejorables perspectivas para el sector del agua. Tras resistir con sobresaliente el embate de la COVID-19, mejorando de forma notable su percepción pública como servicio esencial y reafirmándose en su status de ‘puerto seguro’ para las inversiones, llegaba el momento de la recuperación económica.

En España, todos los ojos estaban, y siguen, puestos en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que contempla como uno de sus componentes la preservación de los recursos hídricos. De ahí surge el PERTE para la digitalización de los usos del agua, un proyecto estratégico de país que debe servir para transformar la gestión del agua tal y como la hemos conocido hasta ahora. Para conocerlo en detalle, hemos hablado con Chus Escobar, una de las asesoras más destacadas del Gobierno en el diseño de estos instrumentos con los que se pretende canalizar los Fondos NextGenerationEU, el mayor paquete de estímulo jamás financiado en Europa. La Socia Responsable de Sector Público en EY desvela en una entrevista exclusiva para iAgua Magazine las claves de la puesta en marcha de la iniciativa más esperada por empresas y profesionales.

Y si hablamos de inversiones y de futuro, tenemos que hablar de emprendimiento. La transformación de la economía camina con decisión por la senda de la transición verde y la digitalización. Son también estos los ejes en los que se apoya Cajamar Innova, la Incubadora de Empresas de Alta Tecnología especializadas en Innovación Tecnológica y Gestión Sostenible del Agua de la Fundación Cajamar. Un auténtico hub de innovación que afronta ya su segunda convocatoria para seleccionar las propuestas empresariales que puedan contribuir a resolver los desafíos del agua. Con su director, Ricardo García Lorenzo, analizamos los objetivos de esta apuesta con la que la entidad financiera y sus socios estratégicos buscan movilizar a los mejores talentos del momento y convertirlos en empresas sólidas y viables.

Hasta aquí las buenas noticias, que son muchas. Ahora la incertidumbre, que esta vez tiene nombre de tragedia. El impacto de la guerra en Ucrania amenaza con borrar de un plumazo las optimistas previsiones de crecimiento económico. Mientras las consecuencias a medio y largo plazo son inciertas, el impacto inmediato en la economía es claro: una inflación desbocada cuyo epicentro es el desorbitado incremento del precio de la energía y las materias primas. Dos años después del “shock pandémico”, volvemos a enfrentarnos a un enorme reto en el que el sector del agua se verá obligado de nuevo a sacar lo mejor de sí mismo y acreditar de nuevo su resiliencia ante eventos extremos. La experiencia más reciente nos permite ser optimistas y confiar en que de nuevo, estaremos a la altura.

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