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La “nueva normalidad”: prueba de fuego para la resiliencia del sector del agua

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  • “nueva normalidad”: prueba fuego resiliencia sector agua
    Trabajadores de Aqualia en la EDAR de Salamanca (Fotografía: Pablo González-Cebrián)
  • Artículo incluido en iAgua Magazine 27.

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Hemos vivido semanas desoladoras. Todo ha sido tan rápido que quizás aún no nos ha dado tiempo a reflexionar sobre la magnitud de la tragedia que padecemos. Esa macabra curva que se ha colado en nuestras vidas representa el sufrimiento de miles de familias que han perdido a sus seres queridos, en muchos casos sin poder siquiera despedirse con un último adiós. A pesar de los esfuerzos de la inmensa mayoría de ciudadanos, administraciones y empresas, el virus ha causado (y sigue causando) un daño difícil de soportar en nuestra sociedad y en nuestra economía. Pero no nos queda otra opción que intentar sacar lo mejor de nosotros mismos y, cada uno desde sus responsabilidades, hacer todo lo posible para frenarlo en primer término y mitigar sus consecuencias de cara al futuro.

Los gestores han salvado este primer match-ball, pero el impacto de la COVID-19 se encuentra tan solo en sus primeros estadios

Esto es lo que ha hecho un sector del agua que, con rapidez, eficacia y acuerdos entre diferentes actores, ha sido capaz de adaptar sus procesos para lograr que millones de personas confinadas no se hayan tenido que preocupar por el acceso al preciado líquido. Proteger a los trabajadores, garantizar la seguridad hídrica y adoptar medidas socioeconómicas para que nadie se quede atrás han sido las grandes obsesiones de los gestores públicos y privados en estas últimas semanas. Y podemos decir que, hasta el momento, se han resuelto con una nota de sobresaliente. La elevada componente tecnológica que han incorporado nuestros operadores en las últimas décadas ha sido decisiva en este éxito, pero el compromiso de los trabajadores ha sido, sin duda, el factor diferencial que está permitiendo superar uno de los “stress test” más duros de la historia reciente de la gestión del agua. La vocación de servicio público de los operarios de servicios ha quedado una vez más de manifiesto, y hemos sido testigos de actitudes que podemos calificar como heroicas. Desafortunadamente, y como es costumbre, el reconocimiento social hacia su labor no ha estado a la altura del brindado a otros colectivos, en una señal más de la necesidad de mejorar la comunicación sobre el papel de la industria del agua.

Los gestores han salvado este primer match-ball, pero, al igual que para nuestra sociedad y nuestra economía, en el sector del agua el impacto del COVID-19 se encuentra tan solo en sus primeros estadios. Ahora que tenemos la certeza de que la normalidad no va a volver en el corto plazo, es hora poner sobre la mesa una nueva hoja de ruta en la que el orden de prioridades se verá inevitablemente alterado. Y estas nuevas circunstancias sitúan a la salud en el eje de todas las estrategias. Hablamos de un factor que ha sido siempre esencial en la gestión del agua, pero que ahora adquiere una nueva dimensión. Es muy probable que esta emergencia drene recursos que se estaban destinando a políticas medioambientales y los “recoloque” en el ámbito sanitario. Mientras el acuerdo sobre transferencias europeas para la “reconstrucción” es todavía incierto cuando escribo estas líneas, debido a la exigencia de algunos Estados Miembros de aplicar una condicionalidad macroeconómica y las discrepancias sobre cómo afrontar el histórico incremento de la deuda al que vamos a asistir, el consenso en la Unión Europea parece ser mayor para activar el Fondo de Rescate (Mede). Los créditos que se tramiten a través de este instrumento deben tener como fin financiar los costes sanitarios, directos e indirectos, derivados de la crisis de la COVID-19. Esta puede ser una buena oportunidad para mejorar los tratamientos de agua, permitiendo introducir sistemas de última generación que hagan frente a los exigentes requisitos de las Directivas Europeas de agua potable y aguas residuales. También para investigar si las analíticas de aguas residuales pueden ser un instrumento de detección temprana de virus como el SARS-CoV-2 y ayudar en el control de las infecciones de una comunidad.

En la “nueva normalidad” no podremos esperar grandes inversiones públicas por parte de unas administraciones altamente deficitarias

En esta línea, cabe destacar el trabajo de unos investigadores que han cambiado sus prioridades en tiempo récord. Como venimos leyendo en la extraordinaria cobertura que están realizando iAgua y Smart Water Magazine en las últimas semanas, son multitud ya los estudios que valoran la presencia del coronavirus en las aguas residuales. Uno de los más avanzados es el llevado a cabo por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat de València, que han desarrollado un sistema de análisis molecular que puede alertar de la circulación del SARS-CoV-2 en una comunidad a partir del estudio de sus aguas residuales. El sistema de análisis, que podría ser útil como método de vigilancia epidemiológica, se ha probado en seis depuradoras de la Región de Murcia y en tres depuradoras del área metropolitana de Valencia, demostrando que los tratamientos de desinfección son eficaces en la eliminación de la presencia del virus.

Habrá con seguridad algunas oportunidades, pero en la “nueva normalidad” no podremos esperar grandes inversiones públicas por parte de unas administraciones altamente deficitarias y maniatadas por la caída del empleo y la producción. Si ya arrastrábamos una década larga de promesas incumplidas y deterioro de las infraestructuras, el escenario post-confinamiento va a ser incluso peor. Los servicios se verán amenazados por el descenso del consumo, especialmente en zonas turísticas. Y la morosidad se incrementará como consecuencia de la caída en las rentas familiares. Todo ello, en el marco de una crisis desigual, pero de alcance mundial, que impactará a todos los mercados. Como ejemplo, tenemos las estimaciones de la National Association of Clean Water Agencies (NACWA), que ha solicitado al Congreso de los Estados Unidos que conceda un fondo de estímulo de 12.500 millones de dólares para compensar las pérdidas ocasionadas por la pandemia del coronavirus en las empresas gestoras de servicios de saneamiento. La asociación afirma que esta es una estimación conservadora que supone una pérdida promedio de ingresos del 20%, dentro del rango de las primeras proyecciones individuales de las empresas de servicios públicos. Pero algunos de sus asociados anticipan ya una pérdida de ingresos del 30% o 40%. En cualquier caso, cualquier previsión está sujeta a la duración de la pandemia y sus consecuencias.

Las empresas de servicios de agua son uno de los sectores con mayor resiliencia frente a una epidemia y a cualquier crisis económica

Pese a todo, hay motivos pensar que el sector del agua resistirá esta crisis como ha hecho con otras en el pasado. En primer lugar, como nos decía en una reciente entrevista Amit Norman, CEO de Miya, porque “las empresas de servicios de agua son uno de los sectores con mayor resiliencia frente a una epidemia y frente a cualquier crisis económica que pueda resultar de ella”. Aún con las amenazas mencionadas anteriormente, el consumo de agua es rígido por naturaleza, y será de los primeros que recuperará su vigor. Eso sí, más que nunca, deberemos caminar hacia modelos altamente eficientes. Tal y como aseguraba la presidenta del Canal de Isabel II, Paloma Martín, en la entrevista de portada de iAgua Magazine 26, “contamos con un modelo extraordinariamente eficiente, fundamentalmente porque trabaja el ciclo completo del agua; es decir, que nos ocupamos desde la captación a través de los embalses, de la canalización hasta el grifo de agua y después la depuración. Es un modelo de éxito porque es un modelo supramunicipal, que permite que el ciudadano, con independencia del municipio en el que resida, reciba la misma calidad del agua”.

Vienen tiempos donde la eficiencia no será una opción, sino una obligación. Pero serán también tiempos en los que la colaboración a todos los niveles, también entre el sector público y el sector privado, será una de las mejores medicinas frente a la COVID-19. No es momento de dejarse llevar por la ideología, sino de apostar por el pragmatismo y la eficacia. Ojalá todos sepamos estar a la altura y seamos capaces de conservar la riqueza y potencia de nuestra industria del agua, una de las joyas de la corona de la economía española.

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