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Cosas del agua III. El agua que no moja

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  • Cosas agua III. agua que no moja

Sobre el blog

Ana Alejandre
Escritora , editora y colaboradora de prensa. Licenciada en Derecho. Directora-editora de Editanet http://www.editanet.com y http://www.editanet.org
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Ruego a la docta audiencia disculpas por mi retraso en publicar un nuevo artículo de la serie “Cosas del agua”, cuyo título me sirve de excusa para justificar mi retraso que está producido por, llamemosle, “cosas del verano”: los viajes, las siestas, los baños, los paseos, las fiestas, la indolencia y todo lo que lleva consigo el calor. Así todo el mundo comprende, sin mayores explicaciones, el motivo de no acudir puntual a la cita con iAgua, porque quien más quien menos, también, ha pasado o tiene el síndrome postvacacional.

En esta ocasión, aunque la noticia salió en la prensa española en octubre de 2015 –hay que advertir que este invento lo utilizó el ejército americano hace cincuenta años, aunque no tenía aplicaciones fuera de ese ámbito hasta ahora-, para quienes somos legos en materias científicas y técnicas, es igualmente sorprendente e incomprensible, a pesar de ser dos años mayores (aunque la materia gris siga siendo la misma y no haya crecido desde entonces) de cuando salió a la luz pública el invento. Este es la llamada coloquialmente para que lo entiendan todos, incluso los que no entendemos nunca nada, “el agua que no moja”.

Dicho así a los asiduos blogueros de iAgua, todos doctos y duchos en temas científicos y técnicos, les parecerá una noticia caduca que ya conocían y un invento comprensible, explicable y sencillo. Sin embargo los que somos ciudadanos de a pie “el agua que no moja” viene a ser igual de críptico que el misterio de la Santísima Trinidad, dicho con todo el respeto, al que ni siquiera San Agustín pudo descifrar, a pesar de poner todo su empeño en ello mientras se daba un paseíto a orillas del mar y veía al niño que quería echar, con una conchita, el agua de todo el océano en un pequeño hoyo cavado en la arena, etc., etc., (para quien no recuerde este episodio se le aconseja leer la obra agustiniana).

Pues bien, parece ser que la empre 3M, (¿el  nombre empresarial querrá decir los 3 Misterios a descifrar: “materia, mente y mundo?) ha inventado “el agua que no moja”. En realidad es un gas –ya ni siquiera es lo que dice ser, pero aceptemos pulpo como animal de compañía-, que es líquido a la temperatura ambiente y se evapora 50 veces más rápido que el agua, además de que no conduce la electricidad, no es tóxico y tampoco daña los objetos con los que toma contacto.

El nombre de este gas líquido es Nover 1230, en el que se puede sumergir un libro sin que las hojas de papel que lo componen se dañen, ni tampoco un móvil que se sumerja en él sufriría daño alguno. Esta curiosa capacidad le hace ser idóneo para apagar incendios en ciertos lugares en los que el agua podría causar estragos y grandes daños, además del provocado por el fuego, al ser apagado éste usando agua normal, como son los archivos y bibliotecas. Y también en servidores informáticos o archivos físicos e instalaciones eléctricas. Su nombre químico es fluorocetona.

Este producto es respetuoso con el medio ambiente ya que no contiene tóxicos y tiene una cantidad mínima de carbono. No produce daños por su ingestión accidental, ni tampoco su contacto con la piel o los ojos. Sin embargo, sus inventores advierten que no es bebible, ya que sólo es un limpiador y un apagafuegos -no ex extraña esta advertencia, porque hay fabricantes de microondas que advierten que estos aparatos no se pueden utilizar para secar el pelo de los animales domésticos. Es que hay mucho despistado suelto-. Por ello, es muy importante para los bomberos utilizar este tipo de productos en la lucha contra los incendios.

Hay que decir, en honor a la verdad, que esa empresa tiene un largo haber en los descubrimientos que han contribuido a hacer la vida más fácil a todos. A finales de la década de los 60, por ejemplo, un par de investigadores de la empresa 3M inventaron un pegamento de “baja adherencia” que sólo era capaz de pegar débilmente dos hojas de papel, pero que no tenía ningún uso práctico por entonces. Sin embargo, un ingeniero de la empresa, años después, necesitaba marcar en su libro las páginas que leería en la iglesia, y decidió crear unos separadores que se pegaban al papel mediante ese pegamento, y aunque lo comunicó a otras personas, no tuvo demasiado éxito su iniciativa, Más adelante, usó esos separadores que había preparado tiempo atrás para dejar un mensaje en el escritorio de uno de sus compañeros de 3M, quien hizo igual en la mesa de otro compañero y, en unos cuantos días, todos estaban usando en el ámbito de dicha compañía lo que hoy se conoce como “Post-It”.

Pues bien, el “agua que no moja” tiene otra curiosa característica, ya que si se introduce la mano en este líquido se puede sentir algo de frío, pero no moja la piel. Un periódico mojado con este producto, a los tres minutos, queda completamente normal y sin sufrir ningún desperfecto.

Después de lo del “agua seca” y ahora “el agua que no moja”, sólo falta el “fuego que no arde”, “el hielo que calienta” y “el negro que es blanco” y no es una frase racista –por decir sólo algunos ejemplos-, ,¿o existen ya? Las antinomias en la ciencia y la técnica se propagan como los mosquitos en verano, pero para estos últimos no hay invento alguno que “los mate bien muertos”, como dice un famoso eslogan publicitario.

Aunque ya estamos de vuelta de todo, especialmente los que no hemos ido a ninguna parte, y los avances tecnológicos se han multiplicado exponencialmente tanto en cantidad como en calidad, ya que los descubrimientos e inventos son cada vez más impresionantes, increíbles y, como diría un chico de ahora “alucinas, tío, que te c…”, por lo que estamos siempre alucinados con tanto nuevo invento sin necesidad de tomar “tripis”.

Esas invenciones continuas y descubrimientos científicos le hacía decir al Premio Nobel español, Severo Ochoa, en una entrevista que le hicieron poco antes de morir, que cuando falleciera le gustaría que pudiera salir cada cinco años de su tumba para leer el periódico y saber las últimas noticias de la ciencia, porque le costaba seguir el ritmo frenético que llevaban los continuos descubrimientos.

Si eso lo decía un Premio Nobel en biología, imaginen lo que pensamos los ciudadanos acientíficos y de letras (también los hay iletrados y acientíficos, claro) con estas continuas novedades que nos ofrecen los científicos que más bien parecen prestidigitadores sacando un conejo (invento) de la chistera cada dos por tres y sin que nadie pueda comprender cómo se les ocurren esas cosas tan raras, inescrutables para mentes normalitas de todo a cien, e incomprensibles.

No hay que pensar, como en décadas pasadas, que los inventos sólo se refieren a las áreas de la carrera espacial o para la industria bélica que fueron los sectores en los que se produjeron muchísimos avances en la segunda mitad del siglo XX, y que, después, encontraron multitud de aplicaciones para la vida diaria, como fue el caso de los pañales y el velcro, por ejemplo, (¿los astronautas usaban pañales? ¡qué cosas!). Aunque en la actualidad todos los descubrimientos nos parecen a los ciudadanos normalitos y dedicados a profesiones menos “esotéricas” que la ciencia y la técnica, que todos los inventos siempre se refieren a la informática, la cibernética y en todo lo relacionado con los cacharritos esos tan monos que nos llevan a mal traer y se han convertido en algo imprescindible para el común de los mortales y sin los que no podríamos vivir, como es internet, por ejemplo.

Sin embargo, este invento del “agua que no moja” y que suena a chiste un poco verderón, parece ser muy útil para los fines antes descritos, aunque nos cueste comprenderlo a quienes somos clásicos y conservadores y sólo creíamos que el agua era líquida y moja, aunque ya ni esas creencias siguen en pie. Imagínense cómo estarán las otras creencias como la de la Santísima Trinidad que ni el propio San Agustin fue capaz de comprenderla y sigue siendo un enigma para la Iglesia.

Uno más que se suma a los muchos que la ciencia y la técnica nos ofrecen a los ciudadanos que los leemos, y no digo comprendemos, y que solo esperamos que todos esas invenciones raras, incomprensibles y contradictorias con las creencias populares y la propia lógica,  y  las reglas léxicas y sintácticas, nos hagan la vida más fácil, porque los políticos ya se encargan de hacérnosla cada vez más difícil y complicada.

Por cierto, a ellos no hay invento que los levante de la poltrona y los mande a su casa a darles la matraca a sus santas esposas que tampoco los soportan. Pero esa sería otra materia de investigación apasionante, por cierto, para llegar a saber qué producto o adherente los deja pegados al sillón del cargo porque no hay fuerza humana que los despegue del cargo, del sillón, del coche con chófer y de las dietas.. Pero estas son otras historias…

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