La literatura y el mar II. Pío Baroja

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Sobre el blog

Ana Alejandre
Escritora , editora y colaboradora de prensa. Licenciada en Derecho. Directora-editora de Editanet http://www.editanet.com y http://www.editanet.org
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  • literatura y mar II. Pío Baroja

Como ya se ha dicho anteriormente en este blog, el mar siempre ha sido de sumo interés para los escritores a lo largo de la historia de la literatura universal. No podía dejar indiferente a uno de los grandes escritores españoles de la Generación del 98 como fue Pío Baroja (San Sebastián, 1872 - Madrid, 1956), el vasco universal, que escribió su tetralogía dedicada al mar que recibió reconocimiento mundial. Las obras que la conforman son, por orden cronológico de publicación: Las inquietudes de Shanti Andía (1911), El laberinto de las sirenas (1923), Los pilotos de altura (1929) y La estrella del Capitán Chimista (1930). Estas cuatro novelas exponen y continúan la mejor tradición de la literatura marítima universal y se las puede considerar las obras de referencia hasta el momento de la literatura española del mar.

Además, y con posterioridad a dicha tetralogía, Pío Baroja abordó el tema de la literatura del mar a lo largo de la historia en un ensayo que lleva el título El mar y el marino, publicado en 1935 junto a otros ensayos y artículos, en la obra Vitrina Pintoresca. La España de la Segunda República. En el mencionado ensayo que contiene dicha obra, Baroja escribe sobre la indiferencia de los autores del Renacimiento y del siglo XVII hacia la figura del marino. Según afirma Baroja, los ingleses son quienes sienten en su literatura mayor curiosidad por la vida del marino, hecho que considera normal por ser el pueblo inglés el más marinero de todos los que pueblan la tierra.

También afirma en dicho ensayo, hablando de España, que en nuestro país no existía, al igual que en Italia, una novela marítima importante, lo que puede resultar extraño porque ambos países son eminentemente marítimos por el número de kilómetros de costas que ambos poseen. Añade, además, en dicha obra que "el mar entra de lleno en la literatura universal ya tarde, a mediados del s. XIX, con la Geografía física del capitán americano Maury”. Después hace mención a Michelet, Verne, Victor Hugo, Kipling y Conrad, pero todos ellos están enmarcados en una época ya mecanizada -en alusión al paso de la vela al barco de vapor-, lo que le roba carácter, emoción y peligro a dicha noble profesión marina. De esta cuestión del paso de la vela a los barcos de vapor trata Baroja en el libro primero, capítulo II, titulado El Mar Antiguo, en el que se refiere a ello de forma muy acertada a través de la antítesis como recurso literario.

Termina el ensayo en cuestión con una frase en la que se advierte la nostalgia que también rezuman sus novelas dedicadas al mar: "Hoy todo hace pensar que el mar y la vida del marino han perdido elementos para la novela. Le quedarán, en cambio, motivos eternos para la poesía lírica” (Baroja 1935,141-144).

También trata el tema marinero la novela corta «Yan-Si-Pao», las partes IV, V y VI de El Puente de las Ánimas y el cuento brevísimo Ángelus, imprescindible en cualquier antología y su protagonista parece estar inspirado en el capitán McWihr de la obra Tifón, de Conrad. También otra obra que, aunque no tiene como telón de fondo al mar, es El laberinto de las sirenas, pero sus ecos se encuentran en sus páginas, como resonancia de las aventuras que se han desarrollado en el escenario marítimo.

La tetralogía dedicada al mar tienen como protagonistas a los cuatro tipos más característicos de marinos del siglo XIX: el marino mercante, el piloto de altura, el negrero y el pirata, a los que representan, respectivamente, Shanti Andía, el callado y taciturno Ignacio Embil y Chimista quien representa al aventurero decidido y valeroso, aunque también pirata según la ocasión. Lo define como «un verdadero héroe de la ventura» en Los pilotos de altura: «Si en Lúzaro han tenido ustedes hombres como Tristán de Aguirre y Shanti Andía, que han dado que hablar, en Elguea hemos tenido al capitán Chimista, llamado Bizargorri, superior a todos como aventurero». A pesar de ello, la novela La estrella del capitán Chimista, de la que es protagonista, termina siendo inferior a las otras de la serie dedicada al mar, quizás porque se advierte cierto cansancio de la narración en Baroja y la finaliza un tanto confusa y precipitadamente como si tuviera premura en darle fin.

Las inquietudes de Shanti Andía es, sin duda alguna, la novela de la infancia y del retorno (al igual que hay una parte dedicada a la infancia en Zalacaín el aventurero, considerada la mejor novela barojiana de aventuras terrestres). Se pueden considerar dos novelas: una referida a Shanti Andía, en la que destaca la parte más evocadora de los recuerdos y a lo local, y la otra novela, protagonizada por su tío, Juan de Aguirre, que le gana en número e intensidad de aventuras. Los pilotos de altura es la más lograda de las tres novelas. Ofrece en su estructura la precisión y concisión del cuaderno de bitácora porque se anotan los sucesos de forma aséptica.

La estrella del capitán Chimista hace más hincapié en la aventura y la acción. Baroja advierte algo que sirve para todas las novelas de la serie, aunque lo indica en Las aventuras de Shanti Andía: «En esta novela hay una parte de aventuras de piratas que no puedo conocer por experiencia, que está inspirada en Edgar Poe, en Mayne Reid, en Stevenson». Pero todas ellas son novelas en las que se ensalza al héroe individualista, el hombre de acción barojiano, que ha corrido innumerables peligros y experto en las luchas del mar.

Aquí se pone de manifiesto la decidida predilección que Baroja tiene por el hombre de acción y su concepto del valor intrínseco de "la acción por la acción", como un escape mental propio de su temperamento melancólico, introvertido y sentimental de un hombre como Baroja, de talante anarquista y carácter anárquico, que tuvo una vida dedicada a la literatura y al pensamiento, después de su corta dedicación a la medicina sin vocación ni entusiasmo y, más tarde, su frustrada y corta etapa al frente del negocio de panadería familiar que tantas bromas y chuflas le valieron.

Las inquietudes de Shanti Andía figura como una novela un tanto separada de las otras de la serie marítima. Es una de las más hermosas novelas de aventuras escrita en lengua española y de recuerdo perenne en los lectores. Shanti Andía, a pesar de darle título a dicha obra, tiene menos intensidad aventurera que Émbil o Chimista, y eso le hace figurar como personaje secundario de la novela a la que da título. Shanti Adía es un marino retirado que llega a descubrir un oscuro episodio familiar El verdadero aventurero en dicha novela es su tío Aguirre. En esta novela se narran los diferentes viajes de Shanti, a bordo de varios bergantines o en la fragata La Bella Vizcaína, entre Cádiz y diversos puertos del mundo.

Émbil, a su vez, es el protagonista de la novela Los pilotos de altura y también interviene como narrador en La estrella del capitán Chimista, novela en la que el protagonista que origina el título, aunque bien trazado en general, tiene un halo nebuloso. Émbil no tiene un concepto de sí mismo nada excepcional: «Un marino como Émbil, que recorrió el mundo de negrero, de bohemio del mar, metido con frecuencia en empresas difíciles y arriesgadas, no se consideraba aventurero; era un hombre con oficio, un técnico, casi un burócrata», escribe Baroja, «en cambio, Chimista debió considerarse aventurero: tipo enamorado de la acción, con alternativas de hombre enérgico y audaz y de fatalista, se entregó muchas veces a la fuerza del destino». La estrella del capitán Chimista es posterior a Los pilotos de altura y ambos son complementarias y tienen un cierto vínculo entre ambas en el personaje del doctor Mackra, aunque Baroja lo elimina pronto y sin solución de continuidad. Evidentemente, también el mar está constantemente presente en Los Pilotos de Altura. Esta novela narra aventuras de los marinos vascos Embil y Chimista. A pesar de que podría parecer al principio esta obra un ejemplo de la literatura iniciática y juvenil barojiana, en cuanto a la expectativa de intensas aventuras que en ella se narran con fondo marino, sin embargo va creando una sensación incómoda y desalentadora, paulatinamente, cuando el lector va apreciando el modo en que los protagonistas realizan sin escrúpulos el tráfico de esclavos entre Sierra Leona y La Habana y Charleston, sin que en ningún momento ninguno de sus personajes se plantee la posible ausencia moral y ética de sus actos y la inhumanidad que subyace en su actividad de tráfico esclavista. A pesar de que la piratería y el comercio de esclavos están presente en esta novela, también se narra el comercio legal y el transporte regulado de mercancías y bienes en general. La navegación se realiza en fragata y bergantín por diversos puertos, especialmente de Latinoamérica y del Sudeste Asiático.

En la novela El Laberinto de las Sirenas el mar sigue siendo protagonista a lo largo de toda la narración, no sólo a través de la navegación, sino a las constantes referencias al paisaje marítimo visto desde tierra, como , por ejemplo, las descripciones de los puertos de Nápoles y Marsella (Prólogo, 47-50 y primera parte, libro primero, II, 79-86); también se describe un puerto de pescadores napolitanos, el barrio de la Marina Roccanera; así como se describe una procesión en el mar (primera parte, libro segundo, III, 135-9 y segunda parte, libro segundo, VIII, 279-82) . Se puede leer también la oda a los mascarones de proa, y la navegación en la goleta Argonauta por el Mediterráneo (tercera parte, libro primero, 331-71).

En todas sus novelas, tanto marítimas como terrestres -omitimos referirnos a estas últimas de extenso número, por estar dedicado este blog a la literatura marítima-, Baroja escribe dentro de la escuela realista; por lo que sigue la tradición narrativa de los grandes maestros europeos que destacaban en su tiempo como es el caso de Balzac, Tolstoi, Stendhal y Dickens, entre otros, quienes fueron sus autores más admirados, a pesar de los pocos que admiró sin reservas, junto a Dostoievski. También, se aprecian en él influencias de los folletinistas franceses a los que leía con entusiasmo en su juventud, así como las influencias recibidas de la picaresca española, Quevedo, Mateo Alemán y El Lazarillo, que son también especialmente importantes en su obra.

Baroja manifiesta a lo largo de su obra su intrínseco pesimismo, influenciado al principio por Nietzsche, aunque paulatinamente fue perdiendo entusiasmo por este pensador y fue decantándose hacia un escepticismo que lo aproximó a Montaigne y, sobre todo, a Voltaire, autor al que leyó y admiró. A pesar del pesimismo vital y literario que subyace en el fondo de su obra, se manifiesta en la forma con un gran vitalismo, entusiasmo y amor por la vida no exento de alegría, lo que se aprecia tanto en sus descripciones de paisajes, de escenas, lo que le confiere en el aspecto formal una nota evidente de optimismo, lo que contradice y contrasta con el fondo escéptico, pesimista y sombrío que aparece en toda su obra, dejando un poso de amargura y negritud que parece ser la verdadera naturaleza de su visión de la vida y sus criaturas, entre las que el ser humano no sale especialmente favorecido por un autor que describía a personajes y situaciones tal como los veía, sin querer cuestionarse la licitud o no de su conducta, de su carácter y de su propia humanidad, tarea que dejaba al lector para que analizase todo lo que leía y que el autor ponía ante sus ojos sin ideas moralizantes, sino con la asepsia de un cirujano que corta con el bisturí y pone al descubierto las entrañas de la vida y los seres sin mayor concesión a la crítica moral ni ejemplarizante, dejando esa misión a la mirada estupefacta y asombrada del lector y su juicio crítico siempre inapelable.

BIBLIOGRAFÍA

  • BAROJA, Pío (1970): El mar (Las inquietudes de Shanti Andía. El laberinto de las sirenas. Los pilotos de altura. La estrella del Capitán Chimista). Valencia: Círculo de lectores.
  • RIVERA, Haydée (1972): Pío Baroja y las novelas del mar. Madrid: Anaya Book Com-pany, Inc.
  • BAROJA, Pío (1935): Vitrina pintoresca. Madrid: Espasa-Calpe.

 

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