La literatura y el mar III. Eugene O'Neill

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Sobre el blog

Ana Alejandre
Escritora , editora y colaboradora de prensa. Licenciada en Derecho. Directora-editora de Editanet http://www.editanet.com y http://www.editanet.org
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La Literatura y el mar III: Eugene O'Neill

Ana Alejandre

En la entrega anterior se hablaba de Pío Baroja como autor de excelentes novelas marítimas, por lo que es el más significativo de los escritores españoles que trataron en sus obras del mar y los navegantes como fueron Vicente Blasco Ibañez, Palacio Valdés o José María Pereda, autores que también merecen ser reconocidos en su obra literaria marítima, a los que representa en este ciclo Pio Baroja, como escritor español que resume la buena literatura marítima española.

Ahora, como continuación de este ciclo dedicado a los escritores de todos los países y lenguas, en los tres géneros narrativos fundamentales: novela, poesía y teatro, que han dedicado buena parte de su obra al mar y, escogiendo a los autores más significativos de cada país que han escrito sobre este tema, en este viaje hacia el pasado a través de la literatura universal, pasamos a otro país como es Estados Unidos para tratar de otro escritor que se ha interesado por el mar en su obras, como es la figura del dramaturgo Eugene O'Neill (Nueva York, 16 de octubre de 1888- Boston, 27 de noviembre de 1953) Premio Nobel de Literatura de 1936 y cuatro veces ganador del Premio Pulitzer, el último a título póstumo.

O'Neill es autor de casi una treintena de obras de teatro, entre las que se encuentran las dedicadas al mar: Luna del Caribe (The Moon of the Caribbees,1918), Rumbo al Este hacia Cardiff ( Bound East for Cardiff,1916); The Long Voyage Home (El largo viaje hacia el hogar; In the Zone (En la zona), Ile (Aceite 1917), y (Donde etá marcada la cruz) (Where the Cross is Made, ). Más tarde, O’Neill volvería a tratar el tema marino en obras posteriores como es El mono peludo (The Hairy Ape, 1922) , y que, por ser la que mejor define el paso de la navegación a vela a la navegación a vapor y los grandes cambios que esto supuso en el tráfico marítimo en todos sus aspectos técnicos, económicos y humanos, sin olvidar lo que supuso la navegación a vapor de pérdida de misterio y sugestión que conllevaba la navegación a vela, visto desde la óptica de los escritores que se interesaron por este atrayente tema literario. Por todo ello, El mono peludo figura, dentro de la obra marítima de O'Neill, como una muestra valiosa de este tema narrativo, por lo que se comentará más adelante. Este titulo está a la altura de las obras de Conan Doyle, Pío Baroja, y otros autores que escribieron en la época de transición entre la navegación a vela y la de vapor, y lo que eso supuso para el tránsito marítimo.

O'Neill conoció el mar desde cerca, pues fue marinero entre 1910 y 1911, años en los que navegó en cuatro barcos. Uno de ellos fue el carguero británico Ikala, que hacía la ruta entre Nueva York y Buenos Aires. Este barco le sirvió de inspiración para el Glencairn que aparece en sus primeras obras.

Tuvo una vida a la que se podría definir como tormentosa, tanto en el plano personal como en el profesional, lo que le asemejó mucho a uno de sus atormentados y complejos personajes. Heredó de su padre, al igual que su hermano, el alcoholismo que padecieron estos dos útimos y que les llevó al suicidio.

Eugenio Gladstone O’Neill, que es su nombre completo, nació en 1888 en un hotel de Broadway, ya que era hijo de un actor especializado en el género dramático lo que le llevó a interpretar solemnemente su muerte escénica millares de veces en las múltiples obras que representaba.

Eugene O'Neill estudió en la Universidad de Princeton, aunque suspendió y abandonó sus estudios. Más tarde hacia 1909 fue en busca de oro a las tierras bajas de Honduras; para enrolarse después como marinero, en 1910, durante dos años, hasta que desertó en la Dársena Sur .

Se pueden distinguir dos períodos en la obra de O'Neill: en el primero de cariz más realista con obras como Donde está marcada la cruz, La luna del Mar Caribe, o Anna Christie, obras en las que hacía hincapié en el estudio de los personajes, su propia idiosincrasia y el destino de cada uno de ellos. La segunda etapa se caracteriza por un estilo más simbólico que fue acrecentándose con el tiempo. Obras de este período pueden ser Raro interludio -en la que presenta dos dramas paralelos: uno de palabra y otro de sentimientos o emociones que le confieren una gran intensidad-, El Emperador Jones -un monólogo en ocho escenas- o El Gran Dios Brown, obras en las que se muestra su interés por la experimentación estilística y el planteamiento de nuevas técnicas narrativas, alejado ya del realismo del período anterior. En todas estas obras se manifiesta su deseo de experimentación y su olvido de las reglas de la construcción dramática, pues en todas ellas aparece latente, bien por su falta o desmesura, algunos de los elementos principales de cualquier obra dramática, pues algunas de las escritas por O'Neill tienen seis actos, a pesar de que con tres es suficiente. Otras tienen un comienzo y un fin, pero carece del medio que vendría a equivaler al "nudo" de la narración, siendo los otros dos elementos el "planteamiento" y el "desenlace", las tres partes tradicionales de cualquier obra narrativa, especialmente en la dramaturgia. Todas las obras experimentales de este autor son diferentes entre sí en su estructura y técnica narrativa, como si con cada una de ellas intentara ir más allá en su deseo innovador y rompedor de toda regla; pero siempre alcanza su propósito en darle intensidad, veracidad y tensión en cada historia narrada tanto por ésta en sí misma, como por la técnica y su fractura de la composición tradicional, quiebro que pone al servicio de la obra y de su mejor expresión. Todo ello ocasiona, al parecer, a las obras de este período, una pérdida de "realidad", aunque no por ello sean menos válidas para expresar esa realidad del mundo en el que vive sus personajes, aunque quizás sí sean menos explícitas en cuanto a la exposición de los caracteres y prestan menos atención a los hechos. Los personajes aparecen así menos complejos y más disparatados e imprevisibles, tanto como lo son las imágenes de los espejos deformantes que nunca se sabe qué nuevas y desconcertantes figuras ofrecerán al moverse delante de ellos quienes intentan ver su imagen reflejada. Todo ello confiere a los dramas de 0'Neill una intencionalidad más teatral, en cuanto a efectista, y menos tendentes a plasmar la realidad por simbólica que sea de sus personajes, lo que le otorga a sus historias un matiz terrible, a pesar de que el espectador no sabe bién qué sucede; pero si puede advertir la carga de tensión dramática, de incertidumbre y temor que no puede el espectador traducir a palabras, pero si sentirla intensa y angustiosamente.

En cuanto a su obra El mono peludo (The Hairy Ape, 1922) obra de la etapa "realista", tiene a personajes como Paddy y Yank.

Paddy, marinero irlandés que ha estado navegando previamente en barcos de vela, pero ahora está en la sala de calderas de un trasatlántico como fogonero, es el personaje que simboliza a la ya perdida navegación a vela, a través de la descripción del personaje quien, melancólica y emotivamente, se lamenta de la juventud perdida que ya no volverá, simbolizando en ella sus propias experiencias en barcos de vela, navegación que ha sido superada por los barcos de vapor. Paddy se refiere a los conceptos de belleza, de nostalgia estética de los barcos de vela, al referirse con añoranza a sus recuerdos de "cli-ppers con altos mástiles tocando el cielo". como algo ya irrecuperable, al igual que la juventud perdida. Se refiere al trabajo arduo que requiere la navegación a vela y la pericia necesaria para llevarla a cabo, pero todo lo minimiza porque afirma que se hacen los trabajos a la luz del día, al aire libre, sólo teniendo encima el cielo y el sol. Asume el riesgo que supone navegar a vela, además del duro trabajo, pero añade convencido y añorante: “El trabajo, ¡ay!, duro trabajo, ¿pero a quién le importaba eso? Se trabajaba bajo el sol, y era un trabajo que requería peri­cia y osadía para ser efectuado”.

Yank, a su vez, es un fogonero malhumorado, fuerte y de carácter agresivo, quien hace de contrapunto de Paddy, pues Yank es defensor de la navegación a vapor. Siente orgullo de la moderna tecnología y la maquinaria naval que posibilita que el barco navegue. Está totalmente identificado con las máquinas y llega al extremo de considerarse a sí mismo una parte esencial del engranaje. Está orgulloso del potencial y velocidad que confieren las máquinas a vapor que cada vez son más potentes y eficaces. Al mismo tiempo, le da suma importancia a los propios operarios que hacen funcionar dichas máquinas, porque sin los hombres que las manejan no podría navegar el barco.

En contra de la actitud de Paddy, Yank no sólo no siente nostalgia de los barcos de vela, sino que se alegra de que ya hayan sido sustituidos por los de vapor, pues está en contra de todo lo que es antiguo, obsoleto y superado por las nuevas aportaciones técnicas como fue la vela en su opinión. Por todo ello, acepta de buen grado todos los posibles inconvenientes de los barcos de vapor, como son el ruido, el humo y el no trabajar al aire libre, es decir, todo lo que rechaza Paddy.

Yank, al ser más joven que Paddy, piensa que el vapor es velocidad, lo que es sinónimo de juventud, por lo que no echa de menos nada del pasado, de ese mundo ya extinguido que simboliza el barco de velas. Defiende los buenos servicios que le hace la técnica al hombre, pues le concede una gran protección contra la furia de los elementos y que en el mar se ponen de manifiesto con gran peligro para los navegantes. Además, la navegación a vapor otorga poder y control que no ofrecía la navegación a vela. Está convencido de que el trabajo de fogonero es duro, pero parece disfrutar del mismo, pues le llama y confiere el género femenino al llamarla "maquinaria", como una señal de acercamiento, confianza y casi afecto hacia el sistema propulsor como si fuera una mujer. Defiende todo lo que la técnica ofrece y define a esas ventajas como velocidad, poder, potencia, ritmo, modernidad, es decir, todo aquello que ofrece la tecnología a la que ensalza y en la que encuentra una cierta forma de belleza, casi de poesía futurista,, con desprecio absoluto de lo antiguo y caduco.

Hay que recordar que la denominación (“mono peludo”) ya la usaba O'Neill en la obra The Moon of the Caribbees, página 13; llamando así a quienes, como él y Yank, estaban en la sala de máquinas, sin respirar aire libre ni ver el sol. Al igual que los nombres de Paddy y Yank eran de dos marineros del vapor Glenncaim, pero cuyos personajes no son los mismos personajes homónimos que aparecen en El mono peludo

Ya en otras obras de caracter marítimo como son The Moon of the Caribbees, Bound East for Cardiff, The Long Voyage Home y In the Zone, también sus protagonistas son marineros del carguero a vapor británico Glencairn. En estas obras se ponen en evidencia temas como la dureza de la vida en el mar, la añoranza de la familia y de todo lo que ha quedado en tierra, todas aquellas cosas de las que nunca han podido disfrutar los hombres de mar, o la juventud irrecuperable. En la obra Ile, se muestran los sentimientos de las esposas de los hombres embarcados; y también se hace hincapié en la dureza de la vida en los barcos balleneros, como contraste a toda la leyenda que siempre se tejió alrededor de dichos barcos. Además, incide en el sentido del honor y el prestigio que todo capitán de barco debe mantener y defender, a pesar de que ya su época de gloria ha pasado.

Paddy, en sus nostálgicos recuerdos, idealiza no sólo al hecho mismo de navegar a vela, sino a los profesionales que se enrolaban en este tipo de embarcaciones, quienes estaban plenamente unidos, en una simbiosis perfecta, al barco de vela, además de estarlo con el propio entorno marítimo al que estaban adaptados a la perfección. Hombres a los que definía como magníficos y fuertes, "...hombres que eran hijos del mar". Con respecto a la libertad asociada a la navegación a vela, afirma que “No necesitábamos más, puesto que éramos hombres libres".

Manifiesta también un gran resentimiento hacia la pérdida de algo indefinible que ha traído consigo la nueva navegación a vapor, a lo que ya considera irremisiblemente perdido. Ese algo podía definirse como la fusión entre hombre, barco y mar, pues cada uno de ellos formaba parte de los otros dos y el mar era el que cohesionaba esa fusión para convertirlos a los tres en una unidad.

Esta obra, El mono peludo, es, pues, la reflexión dramatizada de las dos posturas encontradas que nacen del cambio de la navegación a vela, ya extinguida y sustituida por la navegación a vapor, lo que sirve de excusa para plantear las diferentes ideas o posturas que la irrupción de la técnica ha provocado en una sociedad que estaba a caballo entre el mundo antiguo y el moderno, simbolizadas en esta obra en la que el mar y la navegación sirven de recurso narrativo, ya que O'Neill era un gran conocedor del medio.

La navegación -símbolo de la vida de cada ser humano-, ya sea a vela o a vapor, tiene sus pros y contras en las dos modalidades, pero en la primera -el mundo antiguo que ya se estaba extinguiendo cuando fue escrita la obra-, el hombre se encontraba frente a frente con el mar, sin más recursos que su esfuerzo y pericia para llegar a buen puerto. Sin embargo, en esa experiencia encontraba la más absoluta libertad y exaltación en su contacto directo con la Naturaleza, lo que le niega después la eficiente y segura técnica, en la que ya no existe ese indefinible y misterioso don de la belleza.

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Bibliografía:

  • Textos sobre teatro americano II, Eugene O'Neill, Universidad de León
  • De Eugene O'Neill al "Happening",., Galerna
  • Leys, Simon. La mer dans la littérature francaise. Paris: Plon, 2003.
  • Peck, John. Maritime Fiction: Sailors and the Sea in British and American Novels, 1719-1917. Nueva York: Palgrave, 2001.
  • Morton, Lena B. The Influence of the Sea upon English Poetry. Nueva York: Revisionist Press, 1976
  • McElroy, David D. Four Centuries of Sea Plays (1550-1950). London: Library of the British Drama League, 1960.
  • Starr, Nathan. The Sea in the English Novel from Defoe to Melville. Harvard University Press, 1928.

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