La literatura y el mar V. Emilio Salgari

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Sobre el blog

Ana Alejandre
Escritora , editora y colaboradora de prensa. Licenciada en Derecho. Directora-editora de Editanet http://www.editanet.com y http://www.editanet.org
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  • literatura y mar V. Emilio Salgari

Emilio Salgari (Verona 1862-Turín 1911):. Escritor y periodista italiano nacido en Verona el 22 de agosto de 1862 .Autor de una extensísima obra narrativa, especialmente de novelas de aventura y ficción, entre las que se cuentan un gran número de ellas que están directamente relacionadas con el mar como es "El tigre de Malasia", obra publicada en 150 entregas sucesivas , publicadas en La Nueva Arena, desde marzo de 1883 hasta el mismo mes del año siguiente. Dichas entregas fueron publicadas en un volumen con el título de "Los tigres de Mompracem". Es autor también de obras tan conocidas y dirigidas a un público juvenil como Sandokán, El Corsario Negro y El León de Damasco, entre otras muchas que han gozado de enorme popularidad. Sus mejores obras están agrupadas en ciclos como son los dedicados a los corsarios, los de la jungla o los del Oeste americano. Los personajes creador por Salgari son muy populares porque muchas de sus obras han sido llevadas al cine con gran acogida por el público.

Su atracción por el mar, al que convierte en escenario principal de muchas de sus obras, viene desde muy niño y ella lo llevó a ingresar en la Academia Naval de Venecia, aunque fracasó en sus estudios. Paradójicamente, y a pesar de su gran afición marítima, nunca realizó viajes por mar, exceptuando una travesía por el Adriático. Fue su imaginación la que le llevó a navegar literariamente por diferentes y exóticos mares en los que transcurren sus obras de aventuras marítimas, entre las que se cuentan sus once títulos dedicados a la figura de Sandokan, de entre los cuales destaca "El Rey del mar" y, también, la serie de aventuras marítimas de El Corsario Negro y El León de Damasco.

Fue un autor prolífico espoleado por la presión de sus editores que veían en él un filón inagotable de historias muy populares y demandadas por sus lectores que le deparaban a sus explotadores continuas entradas de dinero, a pesar de que Salgari recibía una miseria por cada historia. Escribía entre catorce y dieciséis horas diarias, alimentado y sobrexcitado por continuas tazas de café negro y anclado a su mesa de trabajo, mientras de su pluma fluían, como de un caudal inagotable, las narraciones de las aventuras vividas por los piratas que navegaban por exóticos y remotos mares en los que narraba el hundimiento de "El Rey del Mar". Mientras, su vida personal y familiar caía en un abismo sin fundo por la falta de recursos, la locura de su esposa y la responsabilidad de mantener a su cuatro hijos.

A pesar de su fecunda producción literaria sus penurias económicas nunca consiguió erradicarlas y lo acompañaron hasta el último de sus días, la aciaga fecha del 25 de abril de 1911, cuando ya no pudo mantenerse más a flote en el mar de amargura en el que se ahogaba y antes de salir de su casa para siempre, le dejo una nota escrita a sus explotadores, aquellos editores-negreros -debieron inspirarle a muchos de sus personajes piratas-, en la que les decía como despedida y amarga queja: "Yo os he hecho ricos; preocupaos al menos un poco por mis hijos.". Después, se dirigió a un cercano parque de Turín al que solía ir con su esposa e hijos en los años felices en los que la desdicha aún no se había instalado en sus vidas, y se hizo el harakiri con un yatagán (especie de sable o alfanje de los orientales) o kris malayo, según las versiones. Allí quedó muerto, con las rojas amapolas de sangre que se dibujaban sobre la nieve recién caída, mientras sus protagonistas, los piratas y corsarios, se quedaban mudos ese día, embarcados en unas naves que ya no podrían llegar a puerto porque su creador -la marea viviente que los hacía bogar con su imaginación creativa, por los mares procelosos donde vivirían excitantes aventuras-, yacía muerto en una playa blanca en la que su sangre era como una bandera carmesí de un barco pirata que ha encallado en la última playa donde aguarda la muerte. Pero ese trágico final no lo propiciaban los piratas con trabuco, pata de palo, parche en un ojo y brazo con garfio que son las características de todo pirata que se precie, sino en forma de ignominia, explotación, injusticia y abuso que son las característica de todo pirata moderno aunque lleve corbata, vista traje de exquisito corte y abultada cuenta corriente. Esos tienen, entonces y ahora, la misma falta de escrúpulos que los otros para afanar, expoliar y vivir de lo ajeno. Pero a estos que propiciaron su muerte, negándole el justo pago por su trabajo que los hizo ricos -como él mismo afirmaba-, entonces y ahora, no tienen -como sus colegas piratas duchos en el latrocinio a golpe de sablazos físicos y abordajes-, el desenfado, la vitalidad, el deseo de vivir aventuras aunque cuesten la vida. Esta nada vale sin libertad, sin la excitación de todo territorio conquistado (barco, isla o mujer) y sin disfrutar del botín con la exaltación de quien vive al límite de la ley, de la sociedad y del cálculo frío y acerado de los explotadores del trabajo ajeno., auténticos seres carroñeros, pero sin el valor y el coraje de los que surcaban los mares en pos de un sueño de libertad y desafío.

Salgari es el triste ejemplo de un hombre vencido por la desdicha, a pesar de su extensa obra literaria, pues es autor de 84 novelas -de las que se tiene certeza de su autoría aunque pueden ser más-; así como de un innumerable número de relatos cortos. Se supone que escribió más de 200 obras. lo que significa muchas horas de trabajo, de pérdida de sueño y de exceso de tazas de café negro, tan negro como veía su propio destino y el de su familia abocada a la ruina más absoluta.

Entre 1881 y 1883 no se sabe nada de él, pero este lapso de tiempo del que se desconoce su quehacer, le sirvió de pretexto para escribir sus innumerables novelas de aventura, en las que quería imprimir un tono casi autobiográfico, aunque la verdad es que sus narraciones son fruto de una constante e intensa labor de biblioteca.

Su precaria situación económica y la enfermedad de su esposa, Aida Peruzzi, que fue ingresada en un sanatorio mental, el de Collegno, cerca de Turin, en 1911, abatida por los continuos problemas económicos que sufría la familia compuesta por el escritor, su mujer y cuatro hijos. El internamiento de su esposa se produjo seis días antes de que Emilio Salgari decidiera poner fin a su vida con el método del harakiri, completamente sumido en una profunda depresión a causa de la enfermedad de su mujer, los problemas económicos que sufría desde hacía un tiempo y la responsabilidad de cuidar a sus cuatro hijos solo, sin la ayuda de su esposa. También, influyó en su decisión su propio carácter vitalista, soñador y apasionado, la sensación claustrofóbica de hallarse prisionero de las penosas circunstancias que lo rodeaban y la imposibilidad de hacerse cargo de sus hijos en la soledad de un hogar en el que faltaba la esposa y madre.

La víspera de su suicidio describe su lamentable estado anímico, su angustia, en el libro que escribía "Mis memorias" y describe el tormento psicológico y anímico en el que se ha sumido después del internamiento de su mujer.

Al día siguiente, de madrugada, se dirige hacia los alrededores de Turín que conocían bien él y su familia. Allí se hace el harakiri además de cortarse el cuello y queda allí, esperando así la muerte que le llega al desangrarse, cuando sólo tenía 47 años.

Deja dos cartas, una dirigida a su editor y otra a sus hijos. En la primera describe el motivo que le ha llevado hasta esa terrible decisión:

"Vencido por mis desdichas, reducido a la miseria a pesar del enorme volumen de mi trabajo, con la mujer loca en el hospital, sin poder pagar su pensión, me suprimo. Creo que con mi nombre me merecía otra fortuna y otra muerte".

A sus hijos les pide que soliciten que lo entierren de caridad por estar completamente arruinado. La herencia que les deja no sólo es la completa ruina económica y la soledad desamparada, sino también el mal ejemplo de su propia muerte, lo que algunos de sus hijos harían años más tarde, siguiendo la trayectoria suicida del padre. Otros morirían por enfermedad o accidente, cumpliendo así la fatalidad que acompañaba desde siempre a la familia.

Su mujer fallece pocos días después de la muerte de Salgari. El destino fatal de sus cuatro hijos con nombres de protagonistas literarios también se cumple: Nadir, el hijo mayor, muere en un accidente de tráfico cuando se estrella su motocicleta contra un tranvía. Fátima, la única hija, muere víctima de la tuberculosis en un hospital, cuando era muy joven. Romeo, otro de sus hijos, dispara contra su mujer, en un ataque de celos, y después se suicidó. Omar, el más pequeño, que siguió sus pasos literarios y escribió más de 40 obras inspiradas en escenarios y personajes de su padre, se suicida arrojándose desde la ventana de su piso de Turin.

Una vez más, el destino de un hombre como Salgari que conoció la fama, el éxito y el amor, se vio finalmente truncado por la ruina y la desgracia familiar, dejando tras de sí un triste legado de dolor, depresión y miseria que recibieron sus hijos, y que éstos cumplieron, poco después de su muerte, de forma inexorable como si todos los miembros de su familia hubieran estado marcados por un aciago destino. El mismo que llevó al padre de Salgari, también, a suicidarse, en 1888. Trágico fin que hijo y nietos consumaron a su vez.

Salgari narraba historias marítimas de corsarios y piratas como intrépidos navegantes que surcaban mares exóticos, viajaban a islas paradisíacas en las que les aguardaba la aventura de la búsqueda de un tesoro, el frenesí del peligro, la fascinación de lo desconocido y el reto de toda empresa que lleva impreso el marchamo de libertad, de lucha encarnizada y riesgo para alcanzar la meta, ya sea el rico botín o la simple travesía sin ataduras a las leyes ni a la rutina. El mar era la libertad absoluta, un sueño hecho realidad, esa misma que ataba a Salgari a su mesa de trabajo, anclado a ella por la pobreza, la falta horizontes y la desdicha.

Ese fue el mar que lo ahogó, día tras día, año tras año, hasta que su capacidad de resistencia se agotó y quedó varado en aquella metafórica playa nevada cercana a su domicilio, en la que se citó con la muerte, océano misterioso e insondable. Esa fue la etapa final de su larga y tormentosa travesía vital en la que no conoció a corsarios ni piratas, sólo conoció a fondo la desventura, la desolación y la falta de esperanza como única brújula que le marcaba el rumbo a seguir para llegar al único puerto que lo podría cobijar, en una fría mañana en la que quedó resumida su ansia de libertad y su inmensa capacidad creativa que creó mundos exóticos y lejanos a los que le fue siempre negado llegar si no era a bordo del barco de su imaginación y fantasía.

Obras:

Como se ha dicho anteriormente, en su obra especialmente dedicada a un público juvenil, se distinguen cuatro tipos de temáticas: la serie de los piratas que se divide, a su vez, en otras tres (Los piratas de Malasia, Los piratas del Caribe y Los piratas de las Bermudas); la serie de la jungla, la de corsarios (Sandokán),, y la serie llamada Aventuras del Far-West. Además escribió muchas novelas independientes y de temas variados. Sus series de aventuras y personajes han sido llevados al cine y la televisión.

Entre muchas otros, destacan los títulos siguientes entre los de las diferentes series:

Los piratas de la Malasia, Los tigres de Mompracem, El Corsario Negro,  Yolanda, la hija del Corsario Negro,  El león de Damasco,  El buque maldito Aventuras entre los pieles rojas;   La cimitarra de Buda,  Cazadora de cabelleras,  El misterio de la jungla negra,  Sandokán, el rey del Mar,  Los tigres de la Malasia,  El Capitán Tormenta,  La Reina de los Caribes,  Robinsones,  Los dos tigres;  Los náufragos del Liguria,  Los náufragos del Spitzberg,  Invierno en el Polo Norte,  El Filtro de los Califas

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Véase:

  • Mis memorias, Emilio Salgari, Renacimiento, 2012
  • La vida soñada del capitán Salgari, Paolo Bacilieri, Norma Editorial, 2014
  • El último viaje del Capitán Salgari, Ernesto Ferrero, Atico de los libros, 2012

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