Agua con rostro de mujer

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Sobre el blog

Andrés Martínez
Doctor por la Universidad de Alicante (PhD). Tesis en Gestión del Agua y gobiernos locales del Ecuador. #WaterLaw #Watergovernance #LocalGovernment
  • Agua rostro mujer

A nivel internacional, el mes de marzo tiene una connotación especial, debido a los acontecimientos que se celebran y que guardan un lazo de conexión: la reivindicación de los derechos de minorías excluidas durante décadas, me refiero al 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), y el 22 de marzo (Día Mundial del Agua).

En los siguientes relatos, se pone de relieve como el agua y la discriminación tiene usualmente similares actores, rostros de mujeres que luchan frente a la exclusión y de manera determinada lanzan un mensaje de esperanza y de igualdad.

Sin importar la inclemencia del clima, Martha lava diariamente la ropa de extraños casi de manera automática, con la particularidad que no utiliza una máquina o un lavadero, lo hace en las orillas del río Tomebamba (Cuenca - Ecuador). Mientras golpea cada prenda contra las rocas, queda descubierto un espacio en el río que forma un espejo en el cual ella se refleja, y no se explica cómo terminó así.

Sólo sabe que forma parte de unas tristes estadísticas, pues durante su noviazgo fue víctima de violencia de género (la provincia del Azuay tiene uno de los niveles más altos de violencia de género a nivel del Ecuador, ya que 7 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia, siendo la violencia psicológica 60,3% la más común en la zona, según lo reporta el INEC-Ecuador).

Martha es consciente que ser lavandera no es rentable, pero sabe que es la única forma de mantener a sus 3 hijos como madre soltera. Ahora el río es su pareja, su sustento y su compañero.

Según datos de la Asociación de Juntas Administradoras de Agua Potable Rurales, se reconoce alrededor de 4800 Juntas Administradoras, suma bastante elevada teniendo en cuenta que Ecuador cuenta con 816 parroquias rurales. Estas entidades de una u otra forma vinieron a formalizar una práctica ancestral de los pueblos y nacionalidades indígenas respecto a la gestión del agua, ya que frente al descuido y olvido de éstas comunidades rurales por parte de las autoridades, las poblaciones indígenas y campesinas, en base a la “minga”(Trabajo agrícola colectivo y gratuito con fines de utilidad social),  encontraron soluciones para abastecerse del recurso hídrico.

Dada la estructura asociativa y de carácter comunitario, campesino e indígena, de este tipo de organizaciones surgieron importantes dirigentes locales quienes estuvieron al frente de los sistemas comunitarios de agua de consumo humano o de riego, quienes comulgaron con las luchas de la reivindicación indígena fruto del movimiento de resistencia indígena de la década de los noventa, siendo las mujeres importantes bastiones en el liderazgo y trabajo mancomunado para conseguir el funcionamiento de estos sistemas de agua potable.

Es precisamente el caso de Rosario, oriunda de la provincia del Cañar- Ecuador, alfabetizada a los 40 años durante la campaña del Ministerio de Educación de los noventa, madre de 5 hijos. Su marido emigró hacia los Estados Unidos de América hace más de veinte años, al igual que la mayoría de varones de su comunidad, recibió remesas por pocos meses y luego se sintió sola, y encontró en el liderazgo comunitario su inspiración, es por ello que ahora busca la mejora de la calidad del agua potable de su comunidad.

Y por último, María, adulto mayor que también vivió de lado los efectos negativos de la migración, y en particular del tráfico ilegal de personas, pues hipotecó su casa para financiar el viaje de sus hijos, pero al no poder cubrir la deuda la vivienda fue rematada, y ahora ella vive en una improvisada construcción cerca de una quebrada. Y si bien es cierto poco conoce sobre los efectos del cambio climático, en cada invierno ella sufre por las intensas lluvias que aumentan el caudal de la quebrada, poniendo en riesgo su vida.

Los expertos hablan de resiliencia urbana (entendida como la capacidad que tienen las ciudades de adaptarse ante los desastres naturales, por un lado previniéndolos a través de la construcción de infraestructura, pero a la vez recuperándose rápidamente frente a desastres inevitables con adecuados planes de acción), pero en las condiciones en las que vive María es más probable que el agua se lleve parte de su vivienda, a que la ciudad construya infraestructura en su zona para evitar los desastres naturales debido a que su construcción es ilegal y no consta en el catastro urbano.

En mi opinión, si bien es cierto desde que se anunciaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000) a la fecha muchas cosas han cambiado, el hecho de ser mujer complica mucho más las cosas para la consecución de sus metas. Según lo detalla el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, si bien es cierto el 60% de la fuerza laboral es femenina, en el sector del WASH, su participación no llega ni al 20%. Mientras que en el ámbito de la educación, es admirable cómo la matrícula escolar de niñas se incrementa en alrededor del 15%, siempre y cuando las instalaciones educativas cuenten con agua potable y baños.

De las estadísticas que anualmente publican los organismos internacionales, parecería que el género y el WASH no van de la mano, para muestra un botón, pues es calcula que diariamente las mujeres pierden alrededor de 125 millones de horas en recolectar agua, en recipientes que pueden llegar a pesar sobre los 20 kilogramos.

De manera específica, en África por ejemplo, el 90% del trabajo de recolectar agua y madera lo realizan las mujeres (sobre todo niñas y jóvenes), dedicando alrededor de 6 horas diarias de su tiempo a dicha actividad según lo señala Naciones Unidas, ONU. Es por ello que ésta institución viene desarrollando desde hace algunos años un programa relacionado con el “Género y agua”, en el cual se evidencia las desigualdades que se presentan en nuestra sociedad entorno a los roles, derechos y responsabilidades de hombres y mujeres frente al agua, con estereotipos, injusticias culturales e históricas que es nuestro deber cambiar permitiendo un papel más activo y protagonista de la mujer en la gestión de los recursos hídricos.

Por ello es nuestra obligación trabajar para alcanzar mejores condiciones para el desarrollo sostenible y el respeto de sus derechos.

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