Chile: aluvión en el desierto

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Sobre el blog

Andrés Martínez
Doctor por la Universidad de Alicante (PhD). Tesis en Gestión del Agua y gobiernos locales del Ecuador. #WaterLaw #Watergovernance #LocalGovernment
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Normalmente cuando tratamos el tema del agua en Chile, su vinculación viene aparejada a su falta de recursos hídricos, derivados de una sequía de más de cuatro décadas, así como por la reforma de la gestión del agua, sobre todo relativa a: elevar a rango constitucional al agua como bien nacional de uso público, y revisar el Código de Aguas (1981).

Sin embargo, y aunque suene contradictorio, en una de las regiones más secas del mundo, donde la desertificación afecta al 13% de la población y dos tercios de su territorio se encuentra en proceso de degradación, se experimentó una grave tragedia debido a las torrenciales lluvias en las tres regiones desérticas de Chile, me refiero a: Antofagasta, Atacama y Coquimbo (norte). Cuyas precipitaciones son las peores en los últimos 80 años, según señaló la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, ONEMI, la cual a la fecha confirmó 23 personas fallecidas y 28.000 damnificados.

Para cuantificar las precipitaciones que han provocado este “desastre pluviométrico”, los expertos de la ONEMI señalan que durante tres días llovió lo correspondiente a dos años. Situación que provocó aluviones (creciente impetuosa de ríos), inundaciones, corte de carreteras, derrumbe de puentes, apagones, y emergencias sanitarias. Todo lo cual obligó a la presidenta Bachelet, a declarar el estado de excepción constitucional, zona de catástrofe y alerta sanitaria.

Sumado a ello, los aluviones han generado cuantiosos daños, sobre todo relacionados con la infraestructura, véase lo sucedido con los sistemas de regadío que han colapsado o se han taponado, siendo sus principales perjudicados los agricultores de la región de Atacama, quienes en su mayor parte están a punto de perder sus cosechas.

Dejando de lado la lamentable catástrofe, la cual no deja de ser un desastre natural, se escuchan voces en Chile (ej. Pedro Cayuqueo – Diario La Tercera), que critican la gestión por parte de las autoridades del gobierno de la “mamá” (como cariñosamente llaman a Bachelet), en especial dirigidas a la ONEMI, a la cual tachan de no tener un protocolo técnico adecuado, y actuar siempre sobre la marcha, pese a ser una región de riesgo (terremotos, inundaciones, incendios, erupciones volcánicas, etc.), pidiendo una reforma y modernización del organismo y del sistema de emergencias, lo cual no resulta del todo descabellado.

El cambio climático ha llegado para quedarse, en consecuencia es necesario que la comunidad internacional elabore agendas conjuntas que permitan adaptarnos al mismo y poner en marcha medidas que disminuyan en algo sus efectos. De esta manera, si miramos a futuro, en 2050 Latinoamérica tendrá pérdidas cercanas a los USD $ 100.0000 millones anuales por eventos extremos relacionados con desastres naturales.

En mi opinión, la región debe luchar contra aquellas causas que predisponen dichos eventos a consecuencia del cambio climático, sobre todo concentrando la inversión en la prevención de riesgos naturales, a través de una correcta planificación urbana y rural, protección de cuencas hidrográficas, humedales, bosques, etc., que permitan que las ciudades sean más sostenibles y menos propensas a eventos extremos como los narrados. 

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