El consumo de agua en el Ecuador

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Sobre el blog

Andrés Martínez
Doctor por la Universidad de Alicante (PhD). Tesis en Gestión del Agua y gobiernos locales del Ecuador. #WaterLaw #Watergovernance #LocalGovernment
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Latinoamérica se caracteriza por ser una región privilegiada en relación a sus recursos naturales, siendo las reservas de agua una de sus principales potencialidades, sin embargo, lo afirmado no se compadece en relación al acceso a los servicios de agua potable y saneamiento, pues según ONU-Hábitat (2012), uno problemas de la zona es la falta de acceso a estos servicios debido a los dificultades relacionadas con la infraestructura, eficiencia y gestión del servicio, además respecto a la desigualdad en el suministro entre la zona urbana y rural.

Si nos detenemos a analizar el caso del Ecuador, la descripción general se adapta perfectamente a lo que ocurre en el país, pues pese a triplicar la media internacional de agua disponible (cada ecuatoriano dispone aproximadamente de 21.000 metros cúbicos al año), según CEPAL (2014), el acceso al agua potable es del 92%, con una marcada diferencia entre la zona urbana, 97%, y la zona rural 82%, respectivamente.

Dentro de éste contexto quiero referirme al informe de “Prácticas Ambientales en los Hogares -2014”, elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INEC, a través de la respectiva encuesta (ENEMDU) realizada en 30.365 hogares, cuyos resultados han generado importante información relacionada con el comportamiento de los hogares ecuatorianos y sus prácticas medioambientales.

Destacando las prácticas de ahorro y consumo de agua, pues es interesante la variación en el consumo de agua de los tres últimos años, que experimentó un ligero crecimiento en el año 2013 (USD $ 12,00 consumo mensual promedio), y un posterior descenso en el año 2014 (USD $ 10,82). Siendo el valor en el área rural considerablemente más bajo, USD 6,90 versus USD $ 11,41 del área urbana. Mientras, que la práctica de ahorro de agua más importante que realizan los ecuatorianos es el cierre de la llave mientras jabonan los platos (86,28%), seguido de utilizar balde en lugar de manguera (54,31%), revisión de posibles fugas en tuberías (52,64%), y un escaso porcentaje que reutiliza el agua (43,37%).

Frente a estos datos, es interesante destacar aquellos que detalla el “Libro Azul” de los servicios de agua y saneamiento, IBNET (Banco Mundial, 2014), que al analizar el caso ecuatoriano establece que la producción de agua en el año 2010 fue de 291 litros/persona/año, frente a un consumo total en el mismo período de tiempo de 201 litros/persona/año, y un consumo residencial de 162 litros/persona/año, respectivamente.

En mi opinión, considero que estudios como los realizados por INEC, CEPAL o el Banco Mundial, son fundamentales para realizar una correcta planificación y gestión de los recursos hídricos, teniendo en cuenta que aún es necesario promover prácticas de ahorro de agua, que pueden ir ligadas a sincerar los pliegos tarifarios, con un doble propósito: a) privilegiar lo técnico sobre lo político, al cobrar lo que realmente cuesta potabilizar cada metro cúbico de agua; y, b) evitar el mal uso del agua potable en actividades distintas al consumo doméstico, como pueden ser el riego agrícola o uso industrial.

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