Innovando ante el estrés hídrico

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Sobre el blog

Andrés Martínez
Doctor por la Universidad de Alicante (PhD). Tesis en Gestión del Agua y gobiernos locales del Ecuador. #WaterLaw #Watergovernance #LocalGovernment
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Imagine amable lector que frente a usted tiene el mapamundi, en el cual se reflejan las zonas con mayor estrés hídrico en el planeta, el cual es posible gracias al trabajo que realiza el Instituto Mundial de Recursos (World Resources Institute), de la imagen inmediatamente le llamará la atención que la zona donde mayor estrés hídrico existe es en la región bañada por el Mediterráneo (norte de África y Sur de Europa), así como en el sudoeste asiático.

En contraste, América Latina y el Caribe no debería tener niveles elevados de estrés hídrico, debido a que es la región que almacena cerca del 31% de las reservas de agua dulce del planeta, pese a ello, es triste observar que en México, islas del Caribe, Perú y Chile, los porcentajes reflejan una alta presencia de usuarios, frente a una limitada presencia de recursos hídricos.

De esta forma, si tomamos como ejemplo a Chile, podemos observar que la sequía sistemática de casi una década, ha obligado al país del cono sur, a replantearse su modelo de gestión de sus recursos hídricos, con el propósito de abastecer la inmensa demanda con las pocas fuentes de agua con las que cuenta. En tal sentido, la propia presidenta Bachelet ha señalado, que la sequía “ha llegado para quedarse”, con lo cual hace falta innovar, rediseñar y cambiar los parámetros. Fruto de estas reflexiones, a continuación les presento dos casos de éxito en el caso de Chile, en los que se ve claramente como la escasez de recursos obligó a proponer nuevos esquemas en relación a la gestión del agua:

El primero, corresponde al caso de Alfredo Alejandro Zolezzi Garretón, cuyo trabajo ha puesto en valor como la innovación puede convertirse en agente de cambio social, gracias a uno de sus inventos, un purificador de agua denominado: “Plasma Water Sanitation System” (agua contaminada se convierte en plasma, y el plasma en agua purificada), el cual gracias a su eficiencia energética, puede “sanitizar 35 litros de agua en 5 minutos, con 100 watts de energía”, el cual le ha reportado importantes reconocimientos, no sólo por lo innovador, sino por su finalidad social, ya que debido a su bajo coste de implementación (USD $ 200 aproximadamente), ha permitido acceder a fuentes de agua segura a un sinnúmero de familias. El caso descrito, es tomado como ejemplo en el libro “Crear o morir” (Debate-2014) de Andrés Oppenheimer, en el cual reflexiona sobre los retos que tiene América Latina para ser parte de la “economía del conocimiento”.


El segundo caso de éxito, no corresponde a un diseñador industrial o a un científico, se trata del reconocimiento alcanzado por dos colegialas chilenas (Katherine Araya Berríos y Katya Urqueta Vicencio), en el “Stockholm Junior Water Prize”, donde se hicieron acreedoras al Premio a la Excelencia, gracias al desarrollo de su idea de utilizar “el hongo Phaeosphaeria microscopia, que crece en la Antártica, para cultivar lechugas utilizando 60% menos de agua que en condiciones normales”.

En mi opinión, en los casos narrados los chilenos han llevado a la práctica la premisa planteada por la presidenta Bachelet, esto es, que para vivir en condiciones de sequía, es necesario adaptarse a las nuevas realidad y plantear métodos de gestión eficientes del agua.

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