Nadar en aguas residuales como deporte extremo

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Sobre el blog

Andrés Martínez
Doctor por la Universidad de Alicante (PhD). Tesis en Gestión del Agua y gobiernos locales del Ecuador. #WaterLaw #Watergovernance #LocalGovernment

Han transcurrido 120 años desde que en Atenas se realizó la I edición de los Juegos Olímpicos “modernos”, y Río de Janeiro-Brasil, será la sede de la Olimpiada XXXI, donde durante 19 días, miles de deportistas de todo el mundo competirán en 306 pruebas.

Más allá del clima convulso en el plano político, la próxima apertura de los juegos de Río parece que han generado un pacto de silencio entre los principales actores políticos, y el pueblo de Brasil se concentra para recibir a deportistas, comitivas y turistas.

Si bien es cierto, la prensa internacional ha concentrado su atención en aspectos sanitarios relativos al virus del Zika, así como a las medidas de seguridad que se tomarán frente a las amenazas de ISIS, el asunto de las infraestructuras no deja de preocupar, tanto de la propia villa Olímpica, instalaciones deportivas, y por supuesto del medio ambiente, y de manera particular la calidad de sus aguas.

Desde las Olimpiadas de Pekín (2008), se incorporó la prueba de natación en aguas abiertas, pero será desde Río de Janeiro (2016), que la misma sea considerada como deporte olímpico, la cual se desarrollará en la playa de Copacabana.

A inicio del 2015, según lo recoge National Geographic, los responsables de los servicios ambientales del estado de Río de Janeiro señalaron que sería imposible reducir el 80% la contaminación de las aguas de la Bahía hasta la realización de los Juego Olímpicos (promesa realizada por las autoridades para ser aceptada como sede). Situación preocupante, sobre todo debido a que los deportistas deberán nadar en estas aguas por 10 kilómetros, con la posibilidad de tragar agua durante la realización de la prueba.

Aunque reportes de “The Associated Press” destacan que se ha confirmado la presencia de “patógenos en aguas alejadas de la costa”, es decir que el riesgo no sólo será para los nadadores, sino también para otros deportistas, como los navegantes.

Por ello, frente a la inminente realización de las pruebas olímpicas bajo estas condiciones, los expertos recomiendan a los deportistas mantener la “boca cerrada”, durante las competencias, ya que se ha comprobado que en los eventos preolímpicos muchos competidores sufrieron enfermedades gastrointestinales (naúseas, vómitos, diarrea, etc.), posterior a participar en estas aguas.

Sin embargo, lo que sucede en Brasil no es una situación puntual, ya que el Banco Mundial considera que cerca del 70% de las aguas residuales no son tratadas en América Latina, problema que no tiene una solución sencilla, pues para combatirlo se debe invertir mucho dinero en infraestructuras (Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales), así como en mejorar la planificación urbana.

En alguna ocasión en ésta columna me referí al saneamiento como el “hermano pobre” del WASH (Agua Potable y Saneamiento), puesto que a nivel global 2,5 billones todavía no tienen acceso a un retrete limpio, y 1 billón sigue realizando su defecación al aire libre. Sin embargo, nos preocupamos del saneamiento tan sólo en eventos como una cita Olímpica, y no cuando diariamente niños mueren por enfermedades gastrointestinales.

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