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Nacida entre tsunamis y desechos

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  • Nacida tsunamis y desechos

Sobre el blog

Andrés Zornoza
Dr. en Ingeniería del Agua y Medioambiental, Ldo. en Ciencias Químicas, Director de ABGC e investigador en el Instituto Universitario de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) de la UPV.
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Nadie debería sentir indiferencia respecto a la creación de los muchos seres que hospedamos temporalmente en este planeta, teniendo en cuenta que cada uno cumple una función y un papel para mantener la armonía de la vida en la tierra. Aunque el nacimiento de los seres macroscópicos, aquellos que somos capaces de contemplar con nuestros propios ojos, es un hecho que inevitablemente nos conmueve, muy pocos serán los que imaginen una reproducción vivípara similar en los seres invisibles, es decir, en aquellos que no somos capaces de vislumbrar sin valernos de herramientas ópticas. Pero más sorprendente y milagroso es si se trata de seres invisibles de tamaño inferior a 500 µm, y cuya esperanza de vida no supera apenas los 15 días, luchando por su supervivencia entre “tsunamis” de aguas residuales y desechos humanos. Sin más preámbulo, presentamos probablemente una de las experiencias más inolvidables del mundo invisible: la reproducción vivípara de Rotaria sp. en el fango activo.

No avanzaré mi exposición sin antes introducir unas breves líneas sobre el origen, concepto y función del fango activo, para el lector profano del campo del tratamiento biológico de las aguas residuales. El fango activo (también llamado lodo activado) es un cultivo biológico en suspensión de color marrón, descubierto en 1914 en Inglaterra por Andern y Lockett (figura 1). 

Dicho cultivo contiene bacterias (organismos unicelulares procariotas), protistas (organismos unicelulares eucariotas) y micrometazoos (organismos pluricelulares eucariotas), los cuales habitan en flóculos microscópicos (figura 2). 

Al entrar en contacto el agua residual urbana con el fango activo, los organismos de este último son capaces de utilizar la carga contaminante de este tipo de aguas como fuente de energía y sustrato, sedimentando el fango y dejando un clarificado lo suficientemente depurado para ser vertido sin ocasionar daños en el medio ambiente. Gracias a esta capacidad, el sector de la ingeniería comenzó rápidamente a diseñar estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) en todo el mundo, levantando muros para construir enormes biorreactores, donde contener este valioso “tesoro”, condenando así a miles de organismos a convivir en extremas y difíciles condiciones fuera de su hábitat natural, al servicio de la descontaminación de los desechos humanos. En resumen, el sistema de fangos activos es la base de la depuración de nuestras aguas residuales, a partir del cual se han creado nuevos procesos y estrategias para aumentar su eficiencia y optimización.    

Fue en el año 1999 cuando me embarqué en el escasamente explorado campo de la bioindicación de los fangos activos en las EDAR. Durante mis largas horas de estudio de los seres invisibles, pude observar hechos verdaderamente asombrosos, pero realmente uno fue el que consiguió que viviera una de las experiencias más inolvidables; el nacimiento de un nuevo ser, perteneciente al género Rotaria, cuya secuencia pude documentar en imágenes, y que publiqué con otros investigadores en el año 2004. A continuación, presentaré brevemente a nuestro principal protagonista: Rotaria sp., un micrometazoo, perteneciente al grupo de los rotíferos, muy amigable y común en las EDAR (figura 3).

Los rotíferos son organismos pluricelulares, con órganos especializados, que se presentan en fangos activos de forma muy común. El cuerpo de todas las especies es alargado, donde se distinguen diferentes partes: cabeza, tronco y pie (figura 4). 

En la cabeza se encuentra el órgano rotatorio, reconocido fácilmente por sus cilios, el cual utiliza para capturar el alimento (materia orgánica y bacterias presentes en el fango activo). En este sentido, es importante resaltar que los desechos orgánicos de la actividad humana (que son transportados por el agua residual a la estación depuradora a través de la red de colectores), son en primer lugar utilizados o asimilados por las bacterias presentes en el fango activo, como fuente de energía y sustrato. Posteriormente, dichas bacterias servirán de “comida” a la futura “mamá” Rotaria. En el siguiente vídeo que muestro, el lector podrá contemplar a Rotaria alimentándose de bacterias y restos de partículas orgánicas, gracias al veloz movimiento de su órgano rotatorio. Por otro lado, también se aprecia el mástax en movimiento, siendo este el órgano redondeado, provisto del aparato triturador, que emplea para triturar el alimento para ambas, “mamá” e “hija”.

La mayoría de especies de rotíferos son ovíparas, es decir, nacen a partir de un huevo dejado por la madre. Sin embargo, existen algunas especies ovovivíparas, como es el caso de Rotaria, en las cuales la forma joven emerge directamente del útero del animal, previa incubación interna. Las fotografías que muestro a continuación representan a una hembra del género Rotaria en cuyo interior se encuentra un embrión totalmente desarrollado (figura 5), fácilmente visible por el mástax de ambos. 

Las figuras 6, 7 y 8 representan la expulsión del individuo joven a través del oviducto, que desemboca en la cloaca. 

En la figura 9 el joven rotífero ve la luz como un adulto en miniatura, que se ha desarrollado desde la forma de huevo en el interior de la madre. Esta forma de desarrollo permite la adaptación a la vida libre y a la obtención del propio alimento desde el primer momento. 

Pero la vida de nuestro pequeño ser no será precisamente un “camino de rosas”. En primer lugar, tendrá que sufrir los “tsunamis” periódicos en el biorreactor, es decir, los incrementos bruscos del caudal de entrada durante las horas de máximo consumo de agua potable de los seres macroscópicos, principalmente humanos, así como los debidos a la actividad industrial. Todo ello, hará más difícil la vida de nuestro pequeño ser, pudiendo incluso escaparse accidentalmente de la EDAR, acabando en otro lugar no apto para su supervivencia. Por otro lado, tendrá que sufrir avalanchas de desechos orgánicos, fruto de vertidos incontrolados, que causarán la caída de los niveles de oxígeno, provocando la “afixia” de nuestra joven Rotaria. En algunos casos, incluso dichos vertidos serán tóxicos, acarreando su muerte inmediata. Señalar, que tampoco se encontrará a salvo de ser devorada por algún protista carnívoro. Por último, y sin duda lo más duro que tendrá que asumir, como de una sentencia a muerte se tratara, es que su esperanza de vida no superará como término medio los 15-20 días, a causa de las purgas de fangos de los reactores “dictadas” por el jefe de planta, para mantener la buena salud de los seres invisibles, condenados entre sus muros.

"Si alguna vez transitas cerca de alguna EDAR y avistas alguno de sus biorreactores, piensa que, allí entre los minúsculos flóculos, habitan una madre y una hija, condenadas a alimentarse entre muros para salvar los ríos, los lagos, los mares, de la contaminación de los humanos, y que tú solo podrás contribuir a que su corta vida sea más feliz, evitando malgastar el agua y reduciendo su contaminación."

Reservo estas últimas líneas para dedicar este post a mi hija recién nacida Sixti y mi mujer, ambas fuente de mi inspiración.

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