Las mentiras contadas muchas veces se convierten en medias verdades

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Sobre el blog

Ángel Ortega
Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid. Executive MBA IESE. MIT (Massachusetts Institute of Technology). Director General Radiopoint System. Presidente de la Asociación Ibérica de Tecnología SIN Zanja IBSTT

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Una de las pocas cosas buenas que aporta la experiencia es encontrarnos con problemas que ya hemos vivido, lo que nos facilita su rápida solución. Por eso, llega a resultar “gracioso” actuar como observador independiente que mira con extrema bondad y desde otro universo pero sin derecho a opinar sobre los “errores” en que incurren, tanto a nivel profesional como personal e incluso político, jóvenes sobradamente preparados pero a los que todavía no les ha dado tiempo de equivocarse.

Veamos algunos ejemplos relacionados con el mundo del agua y las curiosas noticias que leemos o comentarios, que profanos en el sector emiten como sentencias “ex cathedra” provocando unas veces nuestra indignación y otras simplemente una leve y beatífica sonrisa.

Hace unos meses, asistí a una excelente presentación, se dijo, dejando constancia escrita: “el agua se acaba en 20 años”. La estimación del mundo científico es que el agua que tenemos en nuestro planeta Tierra es la misma desde hace unos 4.000 Ma. ¿Qué ocurre entonces? Sencillamente, el agua se encuentra en diferentes lugares: mar, hielos árticos y antárticos, glaciares, ríos, lagos y pantanos, confinada como agua subterránea y por último en forma de vapor en las nubes. Según sea el período climático se encuentra en uno u otro estado pero ¡la cantidad total de agua es la misma!

Es evidente, el consumo de agua potable ha crecido de forma exponencial desde la revolución industrial, no solo por el desarrollo de la industria sino por el incremento de la población y la consiguiente producción de alimentos. Múltiples estudios sobre lo que se ha dado en llamar “agua virtual” y “huella hídrica” hacen referencia al agua que se emplea para producir cualquier clase de producto, alimenticio o no. Hace unas semanas asistí a una conferencia, en la Fundación Botín, que calificaría de magistral dictada por Jaime Lamo de Espinosa, ex ministro de Agricultura y, como el mismo se presentó, ingeniero y agricultor. Recuerdo un dato (refrendado por Ramón Tamames, reconocido catedrático de Estructura Económica por la UAM y por la Jean Monet, también presente) que a este humilde aprendiz de brujo le dejó perplejo: un almuerzo medio supone un consumo de 3.000 l. de agua potable.

¿El agua es cara o barata? Estamos acostumbrados a pagar cada mes: agua, luz, gas, teléfono y el “dichoso móvil” de nuestros hijos. Sólo uno de estos recibos es imprescindible para vivir y seguro que ya se imaginan cual es. Recuerdo lo mal que lo pasamos durante unas siempre felices vacaciones familiares en una playa granadina al quedarnos sin agua potable durante dos días.

Resulta que todavía tenemos que oír de nuestros políticos que el agua es cara y que no es posible subir el recibo ya que supondría que una parte de la población tendría serios problemas para llegar a fin de mes. ¡Seamos serios! El agua es extremadamente barata en nuestra patria: España es uno de los países dónde más y mejor está desarrollado el sector del agua.

En Centroeuropa, países como Alemania, Austria y Suiza pagan más de cuatro veces el precio que pagamos nosotros por cada m3 de agua. Me dirán que también sus salarios son más altos pero tendrán que reconocer que la cantidad de agua de lluvia y nieve que les llega es bastante mayor. ¿Y qué hacen los gestores centroeuropeos con todo este dinero? Una parte no despreciable la dedican a inversiones en la red de agua. Si consideramos como regla generalmente aceptada que una red media de agua potable está obsoleta en 50 años precisando entonces su renovación total, una sencilla regla de tres nos dice que cada año tenemos que gastarnos un 2% de su valor para proceder tan solo a su mantenimiento que no a su mejora.

La conclusión es sencilla: para mantener las redes de agua potable y saneamiento necesitamos de forma imperiosa que los precios del agua sean reales si es que queremos que nuestros descendientes no tengan serios problemas en un futuro no muy lejano.

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