Connecting Waterpeople

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Ángela Hernández Edo
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¿Has oído hablar del agua de mar?, ¿de personas que la consumen? Es posible que así sea, y en caso contrario, ahora ya eres consciente de esta realidad, y aquí estás tú para informarte, experimentar o adecuar esta pieza de información a tu conocimiento.

Resulta más o menos fácil hablar sobre cualquier tema del mundo. Solo requiere elegir nuestras fuentes y capacidad de expresión. Pero, ¿qué fuentes elegimos?, ¿y por qué? Y lo que todavía es más crucial, ¿hablamos en primera persona?, ¿o hablamos en modo corta y pega aun creyendo que se trata de la información más certera y comprobada? Por un lado los hay que opinan que consumir agua de mar es una nueva moda, como llevar traje de chaqueta y deportivas. Y por otro lado los hay que se documentan de esta práctica, contrastan información, escuchan experiencias e incluso se atreven a probar para hablar en primera persona. Quien llega hasta este último paso intuyo que no es porque quiera ir a la moda o desee enfermar, precisamente.

A continuación, algunos datos.

Los fluidos de nuestro organismo son isotónicos, es decir, la sangre, compuesta en su mayoría por plasma, es un líquido que contiene agua, proteínas, sales, vitaminas, glucosa, grasas. El agua de mar es hipertónica respecto a nuestros fluidos, con una concentración de sal de 35g/L. Por tanto, cuando se consume agua de mar, lógicamente se hace de manera diluida (en una proporción 1:3 o incluso inferior). De esta manera hidratas tu cuerpo con una presión osmótica igual o muy similar a la de los propios fluidos. Por el contrario, el agua dulce (de grifo o embotellada, de cualquier marca) es hipotónica respecto a nuestro organismo (carece de sales y minerales, y por supuesto oligoelementos), de manera que para compensar la diferencia de solutos nuestras células y nuestro cuerpo tiende a perder sales. Sí. Así es. El agua del grifo nos deshidrata, o con matiz, nos desmineraliza. Y el agua de mar (o agua con sal en la proporción adecuada), nos hidrata. Justo al contrario de lo que creíamos. ¿Qué locura verdad?

Algún dato más.

Platón ya habló del agua de mar, pero la primera persona que desarrolló y dio a conocer esta práctica fue el francés René Quinton. Para quien desee investigar. Aunque ojo con la información que eliges beber. ¿Y por qué le dio a este señor por sugerir que beber agua de mar (de la manera adecuada) podía ser bueno tras años y años en los que el ser humano ha bebido agua corriente? Puede que ahí radique el quid de la cuestión. Hace millones de años el hombre no abría un grifo y bebía. Adquiría las sales y minerales a través de prácticas que hoy en día no hacemos, como por ejemplo chupar las piedras. Pero además la composición del agua que bebía era diferente, es decir, con presencia de sales y minerales procedentes de las fuentes de origen.

Un apunte.

Tengo entendido que cuando empiezas a beber agua de mar (o agua salada, o suero o como desees llamarla), a algunas personas les puede producir algún efecto (como el laxante) durante los primeros días, lo cual hace pensar en la posible contaminación del agua del mar. Aunque esto es cuestión para comentar y ampliar (mucho) en otro momento. El caso es que hay personas que en lugar de preparar en casa su agua de mar la adquieren en farmacias. ¡Ellas sí que no se pierden una!

Me gustaría acabar con algunas preguntas.

¿Por qué los médicos recomiendan beber suero fisiológico (es decir, agua con sales, etc.) cuando tenemos deshidratación o queremos mejorar nuestro sistema digestivo? ¿Saben lo que va bien y solo lo recomiendan cuando ya estamos malos?, ¿por qué? ¿Cómo encontrar la información más acertada? ¿Cómo saber qué es bueno para ti? ¿Qué opináis de todo esto?

Sea lo que sea, demos las gracias por disponer de agua cada día de nuestra vida.

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