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El cambio climático y el agua

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Sobre el blog

Antonio Ruiz de Elvira Serra
Catedrático de Universidad de Fisica Aplicada en la Universidad de Alcalá de Henares.

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El Éufrates, que nace en las montañas del Tauro, entre Turquía e Irak, ha estado perdiendo caudal dese hace cincuenta años. El Jordán no lleva ya casi agua. El problema del Éufrates ha sido una de las causas de la horrible guerra civil siria.

En California se usaba la nieve de la Sierra Nevada como embalse adicional a todos los que tiene el estado. Pero cada vez hay menos nieve en las montañas.

La Tierra ha experimentado cientos de miles de cambios climáticos en su historia geológica. Cada década tenemos un clima nuevo, pues el clima es una construcción humana que refleja la estadística del tiempo atmosférico.

Hace unos 6.000 años, un Sáhara verde se secó, al cambiar la circulación de las corrientes de aire cuando terminó la última glaciación (esta había terminado antes, pero el océano, que controla las corrientes de aire, reacciona muy despacio).

El agua seguirá cayendo sobre el suelo, pero es seguro que no caerá en los mismos lugares en donde cae ahora.

El cambio climático actual, el “cambio climático”, es una subida muy intensa, de la temperatura media global del planeta. Es el cambio más rápido de los que tenemos constancia, y está siendo producido por la quema de combustibles fósiles como fuente de energía, una cantidad de energía inimaginable para una persona anterior al siglo XIX.

Puesto que necesitamos la agricultura como fuente de beneficios, allí donde se ha podido se han incrementado casi sin límite los regadíos

España tiene un problema económico: su industrialización y su desarrollo tecnológico se extendió muchísimo después de lo que lo había hecho en los países de nuestro entorno. Dependemos fuertemente de dos fuentes de ingresos: el turismo y la agricultura. La naturaleza es capaz de capturar la energía solar mediante la fotosíntesis, pero esta es de un rendimiento muy bajo y, aun así, siempre que disponga de agua. Cuando se dispone de esta, captura y almacena, simultáneamente, y lo hace con un coste muy bajo. España se ha ido desertizando a lo largo de los últimos siglos, al ir los españoles deforestando el paisaje, porque los árboles atraen la lluvia al aumentar un poco la humedad relativa del aire mediante la evapotranspiración y llevar el aire a la saturación.

Puesto que necesitamos la agricultura como una fuente de beneficios netos (el dinero que se mueve dentro de España lo hace de manera circular), allí donde se ha podido se han incrementado casi sin límite los regadíos.

Una parte del agua de la lluvia acaba en los embalses. Otra parte, en los acuíferos, y el resto se evapora o llega al mar. Pero para llenar los embalses y recargar los acuíferos, se precisa que llueva de forma suave durante varios meses seguidos. Se precisa que el suelo actúe como esponja, que el agua no se mueva en escorrentías.

Pues bien, el “cambio climático” actual está calentando mucho el Polo Norte. Las lluvias en España tienen lugar cuando el “chorro polar”, la corriente de aire que rodea la Tierra a una altitud de unos diez kilómetros, circula sobre la Península. Esta circulación se traslada hacia el norte cuando se calienta el Polo. Eso quiere decir que ahora, y según vaya avanzando el cambio climático, las lluvias que caerán en España lo harán cuando un meandro profundo del chorro pase sobre nuestras tierras, y eso implica lluvias intensas. Tendremos cada vez más lluvias torrenciales y sequías más largas, con menos nieve en las montañas. Las lluvias torrenciales no recargan los acuíferos.

El presente cambio climático es ya imparable. Solo podemos, y es dudoso, conseguir que se ralentice, o que no sea excesivo.

En España vamos a tener cada vez menos agua de forma suave, y cada vez menos agua y esta torrencial.

La mejor solución, o casi la única, es cambiar de manera radical el uso del agua: especies vegetales que la precisen menos, reparación radical de los cauces de agua, reciclar la misma, un sistema de conductos capilares que distribuyan el agua cuando cae en cantidades de tipo trescientos litros por metro cuadrado en un día... Ese sistema empapa el suelo y evita las inundaciones que se producen hoy cuando el agua se concentra en muy pocos cauces. Ahorro.

Nos jugamos nuestra vida.