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¿Por qué no hay fiestas en mi pueblo?

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  • ¿ qué no hay fiestas mi pueblo?

Sobre el blog

Arturo Albaladejo Ruiz
Doctor Ingeniero del Agua, el terreno y los materiales por la Universidad de Alicante, Ingeniero Superior Industrial por la Politécnica de Valencia y MBA por la Pontifica de Comillas, PMP con 25 años de experiencia en el Ciclo Integral del Agua
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Esta frase la aprendí de mi suegra, una sabia mujer que crió 6 hijas a la vez que trabajaba de jefa contable de una gran empresa en la época en la que pocas mujeres trabajaban fuera de casa.

Esa frase es la que decía a sus hijas, mi mujer entre ellas, cada vez que pedían algo que no podía pagar, para recordarles que no hay dinero para todo y había otras prioridades.

En estas fechas de consumismo convulso entre el Black Friday, Ciber Monday y las Navidades, de rebote se está celebrando en Madrid la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019 (COP25), en la que se están revisando los asuntos pendientes para la puesta en funcionamiento total del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, aumentando los niveles de ambición para el 2020 en los planes nacionales de medidas para combatir el cambio climático.

Es casi unánime (siempre habrá discordantes) la preocupación sobre la emergencia climática, y por ello gobiernos y empresas están llegando a compromisos concretos con los objetivos de desarrollo sostenible, como:

  • Reducción del 60% de emisiones en 2030 para evitar la superación del incremento de 1,5ºC de la temperatura promedio, mitigando las causas del cambio climático
  • Alcanzar la neutralidad en carbono para 2050: se emite la misma cantidad de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera de la que se retira, lo que deja un balance cero, también denominado huella cero de carbono.
  • Desarrollar infraestructuras resilientes, avanzando en modelos de economía circular sostenibles de gestión y saneamiento del agua, y en soluciones para reducir la huella climática de las grandes urbes.
  • Implementar soluciones concretas para la descarbonización del sistema eléctrico invirtiendo en el almacenamiento de la energía, la gestión de la demanda, carga flexible de vehículos eléctricos o interconexiones.

En la era de las comunicaciones e internet, la COP25 se ha convertido en España, por suerte, en un tema viral en redes sociales contribuyendo a la concienciación ciudadana tan necesaria. No obstante, la repercusión no está siendo todo lo que cabría esperar, ya que tiene que competir con el circo mediático que los políticos llevan un tiempo ofreciendo.

En este entorno convulso, los gestores públicos y privados del ciclo integral del agua, están proponiendo múltiples medidas concretas como potenciar la economía circular regenerando agua para su reutilización, gestionando de la demanda de agua para reducir el consumo de recursos, mejorando de la eficiencia de las instalaciones, generando eléctrica renovable, implantando técnicas de drenaje urbano sostenible, ….

Pero ¿cómo se pagan todas estas medidas comprometidas? La solución es socializando el coste de la financiación y para ello el único método es trasladando todos esos costes a las tarifas de agua y saneamiento.

En España hay 17 legislaciones autonómicas diferentes y la responsabilidad de la gestión del ciclo integral del agua es municipal, donde hay más de 8.100 municipios, cada uno con una compleja composición del consistorio municipal, que son gestionados en la mayoría de los casos con populismos demagógicos y caprichos de políticos cortoplacistas que buscan clientelismo de sus votantes en sus decisiones, presionando a bajar injustificadamente las tarifas, justo lo contrario de lo que se necesita.

Pero eso sí, todos esos políticos ya han ido corriendo a hacerse la foto en la COP25, a organizar eventos para darse a conocer con la excusa de la viralización de la COP25, y a hacer declaraciones públicas de compromisos que no están dispuestos a pagar, ya que en cuanto regresan a sus Ayuntamientos, Diputaciones, Comunidades Autónomas, Ministerios… volverán a evitar incluir en las tarifas los costes derivados de todos esos compromisos, a gastarse obras no enterradas como en alumbrados navideños, en jardines con plantas no autóctonas, en aceras y asfalto, el dinero destinado a inversiones “enterradas” para renovar instalaciones para la sostenibilidad del sistema. No podemos seguir pagando más en multas por no depurar bien el agua que en obras medioambientales.

Es por eso que debemos exigir a los políticos que sean consecuentes con sus preocupaciones y se pregunten ¿cómo se paga esta fiesta?, o lo qué es lo mismo, que definan si para ellos es prioritario bajar las tarifas y gastarse el dinero en inversiones no enterradas o subir tarifas para poder cumplir con todos los compromisos adquiridos para luchas contra la emergencia climática.

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