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El género en la gestión del agua

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Sobre el blog

Arturo Bravo Calderón
Analista de información de Agua.org.mx

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  • género gestión agua

En su reciente visita a México, Léo Heller, relator especial de la ONU sobre los derechos humanos al agua y al saneamiento, dejó clara su impresión sobre la situación apremiante del país respecto a la gestión de sus recursos hídricos. Entre otras cosas, exhortó al gobierno a “promulgar una ley de aguas actualizada”, cuya promulgación está pendiente desde el 2013, y “cerrar la brecha entre las promesas constitucionales y la realidad”.

Días antes, durante el conversatorio “Agua y Género, México rumbo a los objetivos de Desarrollo Sustentable y la participación de las mujeres en los procesos de agua”, celebrado el 27 de abril pasado, los diputados se pronunciaron a favor de incluir la perspectiva de género en esta nueva ley de aguas. Las relaciones de género son un eje de organización social y desde hace décadas las desigualdades han sido expresamente reconocidas como un problema de injusticia social. En México la inequidad en la gestión del agua es una realidad que acompaña a la sociedad en diversas regiones donde el rol de la mujer es comúnmente ignorado.

Durante el conversatorio los participantes reconocieron que en el acceso “la brecha de desigualdad se amplía por los roles establecidos a la mujer”, y que “es importante retomar y visibilizar el tema de las mujeres y su participación en los procesos de agua[1]. Al respecto, en esta nota retomaremos la importancia del nexo entre las mujeres y el agua, y algunos aspectos clave de la incorporación del enfoque de género en la gestión del agua.

Lo básico sobre las desigualdades de género

El género es una categoría social que enfatiza las diferencias que no están biológicamente determinadas entre hombres y mujeres. Es decir, están social y culturalmente construidas. Las desigualdades tienen origen en una valoración diferenciada de la sociedad respecto a las características y actividades que desarrollan ambos, es decir su rol.

En el contexto de la gestión del medio ambiente, las desigualdades por género se acentúan en tres cuestiones relevantes:

1. El acceso diferenciado a los recursos, donde la desigualdad se refleja ampliamente en la tenencia de tierras. Al existir una fuerte correlación entre la propiedad de la tierra y el acceso al agua, las limitaciones que enfrentan las mujeres respecto a la propiedad de la tierra repercuten también en su derecho al agua[2].

2. Las relaciones de poder y la toma de decisiones, donde lo común es que las mujeres carezcan de representación en los espacios de toma de decisión, desde comités comunitarios hasta los puestos de toma de decisión en organismos operadores o instituciones federales como la CONAGUA, de forma que sus intereses y demandas, son invisibles en la gestión del agua[3].

3. En la división sexual del trabajo, que se refiere a la diferenciación entre las actividades socialmente aceptadas que realizan hombres y mujeres, este es un aspecto prioritario para entender la trascendencia de la relación entre las mujeres y el agua.

Mujeres y agua

El agua es quizá el primer recurso que plantea la importancia de involucrar activamente a las mujeres. Desde 1979, durante la Convención contra la eliminación de todas las formas de discriminación hacia las mujeres, se planteaba la importancia de su participación en aspectos como el saneamiento y el suministro de agua.

El nexo entre mujeres y agua es indiscutible y preponderante, sobre todo en espacios rurales donde ellas prácticamente proporcionan toda el agua que se ocupa en los hogares. Saben dónde están las fuentes de agua, los horarios de servicio de las llaves públicas y los carros cisterna. Las mujeres la recogen, almacenan y administran. Además la reciclan para aprovecharla eficientemente y conocen su calidad; usan la menos limpia para lavar y regar, y tratan de preservarla de la contaminación. También inciden en su conservación y son responsables casi en su totalidad de la producción agrícola de autoconsumo, fundamental para la soberanía alimentaria del país.

Esta relación cotidiana con el agua les ha proporcionado un profundo conocimiento sobre este recurso y representa un valor intangible en la comprensión del medio ambiente[4]. Es por esto que las mujeres son también las principales afectadas por su mala gestión; comúnmente son consideradas como usuarias y no tienen papel preponderante en la administración o la toma de decisiones, respecto al agua y su manejo. 


Fotografía: Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, A. C.

Incorporando el enfoque de género en la gestión del agua

Actualmente, la doctrina de la gestión integrada de los recursos hídricos con la cuenca como unidad básica de gestión, es impulsada por la comunidad internacional como la forma adecuada de gestión del agua, la conservación de la naturaleza y los derechos humanos. Ésta ve al agua no sólo desde la perspectiva de la ingeniería o la hidráulica; sino también considera el bienestar del ecosistema, las comunidades humanas y las interrelaciones entre los usuarios, por tanto, reconoce también el rol de la mujer en el manejo del agua.

El enfoque de género no significa simplemente diseñar proyectos que beneficien a las mujeres, sino integrar una comprensión de las relaciones sociales y de las dinámicas de poder prevalecientes para adaptar las políticas públicas y programas en consecuencia. Parte de reconocer que el manejo está mediado por las relaciones de poder, y que —aunado a factores como la clase o la raza— el acceso, uso y control del agua están determinados por las relaciones de género.

Incorporar de lleno este enfoque nos obliga a pensar en ¿quién participa?, ¿quién tiene el poder?, ¿quién toma las decisiones?; ¿los hombres, las mujeres, o ambos?, ¿en qué medida?

Comúnmente se trabaja con hombres en la gestión de acuíferos, pues en la mayoría de casos ellos son los dueños de la tierra. Esta práctica sólo refuerza inequidades y hace invisibles los intereses y prioridades de la mujer. En un ejemplo que ilustra este punto, Lorena Aguilar Revelo, directora de la Oficina Global de Género de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, comenta: “En una de estas reuniones dijimos: ‘Bueno, ¿y bombas para agua?’. Y preguntaron: ‘¿para qué? Si el río está como a cinco horas, ¿para qué necesitamos bombas de agua?’. Por supuesto que ellos no eran los que acarreaban el agua y no estaban planteando eso como una necesidad[5].

Desde la perspectiva de los derechos humanos, todos tenemos derecho a agua suficiente, limpia y accesible, pero al reconocer las desigualdades por género se evidencian dificultades adicionales para las mujeres[6]. En su reciente visita a México, Heller visitó el municipio Filomeno Mata en Veracruz, donde los hogares de trece mil habitantes sólo reciben agua potable tres horas al mes. La comunidad depende entonces de estar llenando contenedores de las fuentes naturales, lo que implica una ocupación casi de tiempo completo principalmente para las mujeres y niñas[7].

Debemos reconocer la importancia de la responsabilidad y opinión de las mujeres y generar las condiciones que permitan integrarlas en la toma de decisiones, esto supone también trabajar con ellas pues históricamente no han ejercido su derecho de participación, de hecho en zonas rurales, a las mujeres se les ha enseñado a guardar silencio y aceptar lo que los hombres plantean, sin externar ni defender sus posiciones.

El enfoque de género debe involucrarse en las propuestas de manera transversal, incluirlo desde el inicio en los diagnósticos y antecedentes, y ser un eje de participación y sustentabilidad. Para esto, es fundamental reconocer y explorar, las formas informales de organización, pues las mujeres no se organizan necesariamente en la forma tradicional de comités o asociaciones. Estas formas permitirán conocer las relaciones en el hogar en torno al uso de los recursos y brindan información sobre las dificultades que enfrentan para la participación. Hay que tener presente la enorme diversidad cultural del país, para establecer estrategias que tiendan a la equidad se requiere una planificación diferenciada y la implantación de políticas que consideren las características culturales de cada región.

Para construir una política con enfoque de género es necesaria la generación de información y estadísticas desglosadas por sexo; además, es importante la socialización de la información generada, a fin de promover la creación de capacidades en este sentido[8]. Asimismo, es imprescindible ver este enfoque reflejado hacia el interior de las instituciones, no se debería seguir trabajando con instituciones que no son equitativas en su quehacer.

Por último, incorporar la perspectiva de género durante el diseño de propuestas, programas y políticas para la gestión de los recursos, contribuirá también a la realización de metas más amplias de igualdad y justicia dentro de la sociedad.

Referencias

  • [3] Salazar H. y B. Rodríguez. 2014. Género y democracia: elementos clave para una gestión del agua justa y sustentable. La Jornada del Campo. Núm. 81.
  • [4] Priego, K. y D. Soares s/d. op. cit.
  • [6] Priego, K. y D. Soares s/d. op. cit.
  • [7] Heller, L. 2017. Declaración de final de misión del Relator Especial sobre los derechos humanos al agua y al saneamiento, Sr. Léo Heller. Cd. de México, 12 de mayo de 2017.
  • [8] Soares, D., M.T. Munguía, G. Millán, J. Villareal, H. Salazar, G. Méndez. 2014. Vulnerabilidad y adaptación en Yucatán. Un acercamiento desde lo local y con enfoque de equidad de género. Instituto Mexicano de Tecnología del Agua.

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