Paseando por Atenas

79
0

Sobre el blog

BID Agua
División de agua y saneamiento del Banco Interemericano de Desarrollo (BID).
79
  • Acrópolis de Atenas.

Siguiendo el curso de la serie de posts relacionados con la importancia del saneamiento de los ríos urbanos y navegando por los datos e informaciones capciosas de las aguas de ciudades de la Antigüedad, hice un poco de lectura sobre Atenas. Aunque confieso nunca haber estado, lastimosamente al parecer hoy en la Modernidad, los antiguos ríos Illissos y Kiffissos están entubados en su paso por la ciudad (ni siquiera los menciona la Guía Michelin).

Lo que me llamó la atención es que en su época clásica, la ciudad ya contaba con un importante sistema de suministro de agua. Según los historiadores y arqueólogos [1] en los cuales me baso para esta nota, en la época del tirano Pisístrates, que reinó en la ciudad entre 546 y 527 A.C., se hizo un gran acueducto que traía agua desde un manantial al pie del monte de Imitós al centro de la ciudad cerca de la Acrópolis. Parte de este acueducto era entubado y otro era un gran canal.

Durante la época de la democracia, desde el 508 al 322 A.C., los pozos de la ciudad fueron paulatinamente reemplazados por cisternas abastecidas de este acueducto. Más importante aún, se nombró un funcionario llamado el “superintendente de fuentes” (κροννων έπιμελητης) encargado de operar y mantener el sistema, fiscalizar su uso, y asegurar la distribución equitativa del agua.

Dada la poca lluvia en el valle del Ática, cuesta imaginarse porqué Atenas se fundó en esta planicie. Según la mitología griega, para elegir el dios de su ciudad los atenienses organizaron una competencia entre Poseidón, dios del mar, que le ofreció a la ciudad abundancia de agua, y Atenea, diosa de la sabiduría, que le ofreció un árbol de olivo. Los atenienses optaron por este último regalo, reflejo de sabiduría, y construyeron una famosa estatua de esta diosa en la famosa Acrópolis, y quedaron por ello con escasez de agua.

El agua se acarreaba en grandes y elegantes cántaros desde las cisternas a las casas de los atenienses. Nótese que al igual que en miles de lugares del mundo actual, eran las mujeres las que acarreaban estos cántaros en sus cabezas. Cuánto costaría llenar un cántaro? Cuánto tiempo gastarían las mujeres en llenar y acarrear estos recipientes? Cual sería el valor de la hora de acarreo para estas mujeres?, serían preguntas que un economista de la época habría hecho para evaluar proyectos de abastecimiento de agua. 

Artículo escrito por Jorge Ducci, Economista Senior de la División de Agua y Saneamiento del Banco interamericano de Desarrollo (BID). Esta entrada ha sido publicada originalmente en el blog del BID Volvamos a la fuente y replicado aquí con su expresa autorización.

Comentarios