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La “Agencia Española del Agua”

Sobre el blog

Carlos Blázquez
Socio fundador en Aquademia, Gestor de proyectos en Centro Unesco de Aragon.
  • Participantes en la última reunión del Congreso Nacional del Agua (MAGRAMA)

Hace tiempo que prometí escribir acerca de cual sería mi organización ideal del agua, y lo cierto es que tras varios intentos siempre aparecía algo nuevo que me obligaba a añadir o modificar lo escrito. Todo es susceptible de mejora y muy claramente en este caso.

Por ello he decidido no darle más vueltas y ponerlo a disposición de todos para que a partir de este inicio, podamos crear esa “Agencia Española del Agua” virtual que muchos creemos que sería, si no la solución, al menos un intento mucho más viable que el desatino taifal que afecta al agua desde hace décadas y que cada vez la hace más ingobernable. Una organización impermeable -aunque sensible- a los vaivenes políticos que vele por nuestra agua con horizontes de medio siglo.

Esta “Agencia Española del Agua” debería tener plenos poderes sobre el agua, contando entre sus atribuciones las siguientes:

  • Ser multidisciplinar y estar formada por personas real y probadamente cualificadas en el mundo del agua, y cuando se abra a organizaciones de cualquier tipo, éstas deberán demostrar mediante los libros de cuentas cuantas personas realmente pertenecen a ellas y nunca aceptar a las que tengan por debajo del medio millar de socios.
  • Aglutinar a todas las confederaciones hidrográficas y mantener el agua superficial y subterránea dentro de las exclusivas competencias del Estado, sin ceder a chantajes o amenazas políticas. Por ello, los citados presidentes tendrán menor rango y serán profesionales con perfil gerencial eminentemente técnico.
  • Pensar a la vez con criterios medioambientales y economicistas. Nunca se podrá contentar por igual a regantes y ecologistas, pero siempre será mejor que aceptar el péndulo que llevamos soportando más de una década.
  • Discernir entre las necesidades hídricas reales y las creadas a propósito.
  • Prever con antelación cuándo se agota el margen de maniobra de una cuenca sobreexplotando sus recursos, y frenar en su caso las nuevas concesiones para regadío, creando así reservas suficientes para agua de boca.
  • Funcionar al margen del interés político, evitando el desmembramiento de las cuencas hidrográficas, los presuntos derechos de unas cuencas sobre otras y las reservas hídricas indefinidas o de cualquier tamaño.
  • Trabajar codo con codo con Portugal, impidiendo malentendidos y fricciones innecesarias, pensando en crear una necesaria “Agencia Ibérica del Agua”.

Partimos también de unos preceptos que deberían ser básicos en una organización nacional mínimamente aceptable, pero que hasta ahora ni se parece a ello en lo que respecta al agua. Ello se debe a que los estados y gobernantes responsables no esperan a que los problemas hídricos les lleguen, sino que se anticipan a ellos.

  • Los estados y gobernantes responsables no planifican a cuatro años vista, sino a veinte, cincuenta o un siglo.
  • Los estados y gobernantes responsables no hipotecan los caudales fluviales a cambio de ganar votos de los agricultores, ni presionan al mundo rural para que abandone regadíos y así contentar a los ecologistas urbanitas.
  • Los estados y gobernantes responsables que saben lo que hacen, mantienen la unidad de cuenca como pilar fundamental de la gestión hídrica y destierran de su lenguaje palabras como aguas sobrantes, reservas hídricas, trasvases o gestión autonómica.

Si en España y Portugal (más de la mitad del agua de nuestros ríos es compartida con el país vecino) tuviésemos gobernantes responsables, éstos deberían ser valientes para pensar en la nada desdeñable posibilidad de ir construyendo Europa de verdad, creando entre ambos países la “Agencia Ibérica del Agua”, retomando así la iniciativa que tuvimos al crear las confederaciones hidrográficas hace 86 años.

Las confederaciones están muriendo lentamente por asfixia (por no decir asesinato premeditado y con alevosía) mientras son observadas con indiferencia por los ciudadanos del país que las creó

Las confederaciones están muriendo lentamente por asfixia (por no decir asesinato premeditado y con alevosía) mientras son observadas con indiferencia por los ciudadanos del país que las creó. No se puede soslayar que son unos organismos de arcaica estructura y funcionamiento que han perdido buena parte de su poder y hasta de atribuciones en nuestros días, pero son infinitamente mejores que la división política y hasta tribal de los ríos y sus caudales.

Contrariamente a lo que algunos puedan hacer creer, una agencia imparcial y técnica mejoraría la convivencia al optimizar los recursos hídricos. Los ciudadanos no somos tontos, y sabemos que la gestión del agua debe ser una estrategia de Estado a largo plazo; por ello tiene que salir del juego político y pensar de cincuenta en cincuenta años, no de cuatro en cuatro.

Por ello es imprescindible controlar también las cuencas internas, ahora en manos de políticos autonómicos. Se dice que todo es mejor, gestionado desde cerca, pero… ¿Puede alguien pensar que por ser nacionalista se conocen y gestionan mejor los recursos hídricos, o que aislados optimizan mejor la gestión del agua? La respuesta creo que es evidente para todos.

Viendo lo sucedido en las cuencas transferidas, puede observarse que su prioridad ha sido contentar a los votantes, grupos de presión o caciques regionales de todo tipo. Como consecuencia, han agotado los recursos con embalses de gestión absolutamente privada que gobiernan los caudales a su antojo, y canales de riego que superan en conjunto el caudal medio anual de los ríos. Después, una vez agotados los recursos de las cuencas -frecuentemente con regadíos inviables sin fuertes subvenciones- ante cualquier situación de escasez se demandan trasvases desde las cuencas comunes o se hacen políticas hidrodemagógicas que acabarán en fuertes multas a España, por no cumplir las directivas de depuración, una vez que las autoridades autonómicas han gastado en otras partidas los fondos destinados a ello, dejando organizaciones en quiebra de las que solamente podrán salir aumentando drásticamente el precio del agua, pero como eso no es muy popular y tendría un alto precio en votos, optan por privatizar los recursos hídricos más o menos descaradamente.

Por ello, una de las prioridades de un estado responsable debería ser la creación de esta Agencia Española del Agua, cuya organización imagino así:

  • En primer lugar debería crearse un “Consejo Nacional del Agua” formado por los consejos de cuenca, que estarían nutridos con representantes del ámbito de cada cuenca hidrográfica, seleccionados bajo criterios de profesionalidad en todos los ámbitos que se precisan, tales como ingenieros, geólogos, geógrafos, biólogos, economistas, agricultores, hidroeléctricos, administración (confederaciones, ayuntamientos principales y gobiernos regionales). A menudo, se confunde la representatividad mediática con la profesional y eso debería desterrarse. No son artículos publicados en la prensa afín al escritor o grupos de presión, sino la trayectoria personal y profesional de sus integrantes. Debería mirarse con lupa el excesivo peso de asociaciones, fundaciones y otras organizaciones, cuya representatividad social es más mediática que real. No por tener mayor presupuesto (además proveniente de subvenciones públicas) se tienen más argumentos o representatividad.
  • Este consejo nacional debería nombrar representantes para que trabajasen codo con codo junto a los profesionales de cada cuenca y alguno responsables de la Administración (Hacienda, Medio Ambiente y Obras Públicas especialmente) y todos formarían parte del grupo de expertos que se ocuparían de resumir y gestionar las demandas de cada cuenca, para debatirlas ante un “Consejo de Cuencas” donde con menos personas y con las propuestas filtradas, se evalúen las necesidades reales y definan las intervenciones más urgentes y necesarias para cada territorio y cada cuenca.
  • Ya puestos, creo que todas las empresas públicas del agua deberían depender de estos consejos de cuenca y de la Agencia Española del Agua. Así se obtendrían importantes mejoras económicas para la compra de reactivos para depuración y potabilización, de compra de energía, de control de precios del suministro y depuración, de comparación de gestión y de formación. De aquí saldrían los gestores públicos del agua en aquellos lugares donde los números de su gestión fueran llamativos por su peor balance y donde se establecerían los precios públicos del agua, permitiendo recibir subvenciones públicas allí donde la calidad del agua bruta obligue a tratamientos muy onerosos, así como controlando las inversiones en regadíos desde la óptica económica y social, estableciendo el punto óptimo de equilibrio y desechando los que no sean de interés por uno u otro aspecto...
  • Este Consejo de cuencas nombraría un “Consejo Rector” que sería sobre quien recaerían las responsabilidades más mediáticas (presidente o gerente, comunicación, tesorería y poco más). Ellos se ocuparían de la gestión diaria, los comunicados de prensa, las relaciones con el Gobierno o las intervenciones ante las Cortes para defender las directrices que partan de la Agencia.

Esta es una propuesta, pero seguramente podrían existir una decena más. Puede que sea imperfecta, pero mirad los vaivenes de las consejerías regionales o del Ministerio de Medio Ambiente, el perfil de los consejeros autonómicos del ramo, de ministros y directores generales, de presidentes de confederaciones…Queda bien patente que cualquier cosa es mejor que este maremagnun de caciques regionales, lobbys empresariales, compradores de concesiones y suministros de agua, de discursos extremistas de ecologistas y regantes o de políticas cortoplacistas y erróneas o incluso corruptas, De actuaciones en definitiva, que sin ser pan para hoy, probablemente signifiquen hambre para mañana.

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