Aguas residuales industriales. El modelo de outsourcing para su gestión

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  • Aguas residuales industriales. modelo outsourcing gestión

Sobre el blog

Carlos Cosín
CEO de Almar Water Solutions
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Volvemos de las vacaciones con energías renovadas y con un tema clave hoy en día, pero que en ocasiones queda relegado a un segundo plano. Mientras se habla del agua como prioridad para beber, obtener alimentos y conseguir una higiene adecuada, la industria, motor del crecimiento económico y del desarrollo de los países, necesita de grandes cantidades de agua para producir sus bienes y servicios. Actualmente, el sector industrial consume un 20% de los recursos de agua potable del planeta, el segundo en cantidad tras la agricultura.

Esta agua utilizada para los procesos productivos de las empresas e industrias podría ser reemplazada por un recurso no convencional como es el agua reutilizada, reservando así el agua potable para el uso doméstico. Pero hoy en día, solo un 4% del agua utilizada es agua reutilizada. Si incrementásemos ese porcentaje, el problema de la escasez y el deterioro de fuentes de agua se verían reducidos.

La información relativa al volumen de aguas residuales producidas por la industria es muy deficiente y solo se dispone de información consolidada de los países desarrollados. En la UE, por ejemplo, datos muestran que la generación de aguas residuales ha disminuido en general y que la industria manufacturera es el mayor generador de aguas residuales entre los principales sectores industriales, además de ser los vertidos con mayor toxicidad. Sin embargo, por otro lado, una estimación sugiere que los volúmenes de aguas residuales industriales se duplicarán para 2025 (UNEP FI, ​​2007).

Cuando un país o región tiene poca o ninguna regulación sobre las aguas residuales y sus recursos son limitados, la OMS recomienda que se mida un pequeño número de parámetros, los más importantes, para la calidad del agua, en lugar de un conjunto más amplio de normas que no pueden ser aplicadas.

Según el World Water Development Report 2017 de Naciones Unidas, la toxicidad y la carga de los contaminantes industriales tienen impactos potencialmente más significativos sobre los recursos hídricos, la salud humana y el medio ambiente que los volúmenes reales de aguas residuales.

  • El primer paso para evitar esto es mantener los volúmenes y la toxicidad de la contaminación al mínimo en el punto de origen, además de incluir procesos que exijan comportamiento y usos más sostenibles desde el concepto hasta el diseño y en la operación y el mantenimiento. Esto incluye la utilización de materias primas más ecológicas y productos químicos de proceso biodegradables, así como la educación y capacitación del personal para abordar cuestiones relacionadas con la contaminación.
  • El segundo paso es reciclar tanta agua como sea posible dentro de una planta, minimizando así la descarga. Este punto es clave y necesita por tanto de una regulación más exigente que obligue las industrias de cierto tamaño al autoabastecimiento con recursos propios generados a partir del efluente. Esta medida sería tremendamente eficaz con dos fuertes impactos directos en la sostenibilidad: La reducción de la contaminación de descarga industrial y la minimización del consumo de agua potable para el uso industrial.

Las pequeñas y medianas empresas (PYME) y las industrias informales suelen descargar sus aguas residuales en los sistemas municipales o directamente en el medio ambiente. Este universo de industrias que descargan en sistemas municipales o aguas superficiales tiene que cumplir con las regulaciones de descarga para evitar multas, por lo que en muchos casos se requiere tratamiento de las aguas antes de la liberación. En algunas situaciones, sin embargo, las industrias pueden encontrar más económico pagar multas que invertir en tratamiento para cumplir con las regulaciones. Además existen casos de plantas industriales que tienen  un alto nivel de toxicidad en el origen pero poco caudal, las cuales deberían ser susceptibles de tratamiento en ese punto de origen y así no obligar a reducir esa toxicidad cuando haya un volumen mayor de agua ya descargada y mezclada con otros efluentes, suponiendo mayor coste de tratamiento y falta de eficiencia.

Hasta la fecha, la regulación medioambiental generalmente ha funcionado mediante la utilización de políticas de penalización por vertidos pero cada vez será más exigente llegando al planteamiento de cerrar aquellas actividades en enclaves con un uso público o medioambiental sensible. Los instrumentos económicos pueden utilizarse para incentivar la prevención de la contaminación, pero para ser eficaces, deben combinarse con información, promoción y reglamentación eficaz. Las normas de responsabilidad para la liberación de contaminantes o los impuestos sobre los efluentes pueden establecerse de conformidad con el principio de quien contamina paga.

Pero las presiones sociales y ambientales han llevado con el tiempo a un movimiento continuamente creciente que insta a la industria a reducir la cantidad de aguas residuales que produce y a tratarla antes de la descarga. Esto ha evolucionado hasta convertirse en un importante cambio de paradigma, ya que ahora las aguas residuales se consideran un recurso potencial y su uso o reciclado, después de un tratamiento adecuado, como una forma potencial de beneficiar económicamente a la industria.

Una oportunidad notable para el uso y reciclaje de aguas residuales industriales es la cooperación entre las plantas a través de la simbiosis industrial. Esto se observa mejor en los parques eco-industriales que localizan las industrias adyacentes entre sí de tal manera que se aprovechan los diversos flujos de aguas residuales y el reciclaje de agua y de subproductos.

La escasez de agua en zonas industriales como norte de Chile o Sudáfrica obliga a que el sector sea cada vez más consciente de la importancia del agua para el desarrollo de sus actividades futuras, teniendo que buscar soluciones alternativas y sostenibles que consigan la garantía y la independencia del suministro. Es por esta razón cada vez vemos más empresas e industrias con sus propias plantas de energía y agua, para conseguir ese autoabastecimiento, y por tanto, asegurar su crecimiento y supervivencia.  

Finalmente, se puede mejorar la eficiencia mediante la externalización de los servicios de agua o la gestión delegada, que permite a las empresas tener los mejores recursos y tecnologías, focalizándose en su verdadero negocio, y dejando fuera de sus balances los activos y el personal, pagando únicamente por el agua real utilizada. En este tipo de contratos la industria encuentra una herramienta muy eficaz a través de un modelo contractual que requiere generalmente un inversor externo que financia y gestiona como un Contrato con Garantía de Resultados, y donde se llega a un acuerdo con el cliente de “pago por uso”. Este modelo aporta al cliente múltiples ventajas como:

  • Los activos quedan libres de cargas financieras.
  • Se mitigan los riesgos asociados a la construcción y la operación y mantenimiento de los activos.
  • Se evitan los imprevistos técnicos y posibles desviaciones en el coste de sus necesidades de agua.
  • Se tiene acceso a las tecnologías más eficientes y su consecuente efecto en el coste y la calidad del agua.
  • El consumo de agua en los procesos productivos se gestiona de forma eficaz.

La externalización de los servicios de agua o la gestión delegada tiene un efecto positivo para la industria, que puede centrar su actividad en su negocio y dejar la gestión de las aguas de proceso y residuales a los verdaderos expertos en la materia, eliminando costes fijos y ayudando a cuidar el medio ambiente.

Fuente: UN World Water Development Report 2017

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