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Los dos grandes desafíos del sector del agua

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Sobre el blog

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Bien es sabido que el agua es un recurso básico e irremplazable para que exista la vida, y que el agua potable y el saneamiento están reconocidos como derechos humanos básicos para asegurar la salud y la dignidad de todos los seres humanos. Sin embargo, nunca ha existido un sector que, siendo tan importante y reconocido, sea tan olvidado por parte de los gobiernos y las instituciones a la hora de resolver sus principales problemas.

El primer problema al que se enfrenta el sector no es la escasez o la falta de tratamiento por extraño que parezca; el verdadero problema es el escaso valor que los ciudadanos le damos al agua. Es tan residual, que la mayor parte de los ciudadanos ni siquiera sabe lo que paga por el agua, cuando sí conoce por ejemplo a cuánto ascienden sus facturas de electricidad y teléfono o cuánto paga por llenar el tanque de su coche a la semana. Hasta que no pongamos en valor la importancia del agua no seremos capaces de cuidarla, ahorrarla, reservarla o usarla en su justa medida.

El concepto de costes asociados al agua es un tema que lamentablemente no se ha tratado con transparencia. En una atmósfera de escasez, es un debate que no puede retrasarse por más tiempo pues su generación, transporte y adecuación implican unos costes asociados que alguien debe pagarlos para su uso y servicio. Mientras se siga hablando de escasez sin que afecte a la vida diaria y no se eduque a las nuevas generaciones de su inmenso valor, no serán eficaces ninguna de las medidas que implementemos para resolver las consecuencias de la escasez o de la falta de tratamiento.

¿Cuál sería el coste (y no solo económico, sino también coste social, medioambiental o de oportunidad) para un país, una empresa, una ciudad o municipio de no tener o no tratar el agua de sus ciudadanos? Si realmente se calcula y, yo he trabajado modelos y evaluado sus consecuencias, nos llevaríamos una grandísima sorpresa y no tardaríamos en reaccionar.

Muy unido se encuentra el segundo problema que tiene el sector de agua: la poca voluntad política de algunos gobiernos por resolver un problema tan vital para los ciudadanos. Con voluntad política se ha dotado de móviles y redes a la gran mayoría de los ciudadanos hasta en los sitios más inaccesibles, se han desarrollado sistemas de transporte por tierra, mar y aire para llegar a cualquier punto del mundo y hasta se ha enviado una nave no tripulada a Marte y, sin embargo, todavía 2.100 millones de personas carecen de acceso al agua potable en sus hogares, y 4.500 millones de personas no disponen de servicios de saneamiento gestionados de manera segura.

Según la Organización Mundial de la Salud, solo son necesarios 50 litros de agua por persona y por día para asegurar que se satisfagan las necesidades más básicas y mantener los riesgos para la salud pública en un nivel bajo, no obstante, todavía no hemos sido capaces de conseguirlo.

El problema de escasez de agua potable puede resolverse fácilmente mediante la distribución o el transporte desde zonas con más recursos o, mediante la generación de recursos no convencionales como la desalación de agua desde acuíferos salinizados o mediante la desalación de agua de mar en zonas costeras.   

El uso de agua potable para consumo doméstico solo supone entre un 5% y un 10% de la demanda, con lo que el problema de la escasez para beber, cocinar, higiene personal y lavar la ropa es pequeño con respecto al resto de retos que presenta el sector. El gran consumo de agua en el mundo va destinado al sector agrícola e industrial. El sector agrícola consume entre el 70% y el 80 % de la demanda y llevamos décadas sin ponerle remedio más allá de medidas menores y de efecto mitigante.

Unidos, la cantidad de agua utilizada para riego y procesos industriales supone entre un 80% y un 95% de la demanda de agua fresca, siendo la regeneración de agua residual una solución eficaz para sustituir a las fuentes convencionales de agua potable para estos usos. Hoy disponemos de la experiencia y de la tecnología, que va desde regeneraciones por simples filtraciones para eliminar sólidos en suspensión, hasta la eliminación de sales con tecnología de membrana con a concentraciones y vertido de residuo 0.

Por lo tanto, cuando ha habido voluntad política se han implementado las medidas necesarias para resolver estos problemas:

  • Singapur reutiliza el 90% de sus aguas para uso industrial.
  • Israel reutiliza el 85% de su agua residual para riego.
  • Arabia Saudita utiliza desalación para abastecer con agua potable al 95% de sus ciudadanos.

Comprobado entonces, hasta que no resolvamos los dos grandes problemas del agua: educación para poner en valor el agua y voluntad política para resolver los retos del sector, no seremos capaces de progresar en soluciones globales al problema de escasez de agua, de calidad y falta tratamientos adecuados, puesto que la tecnología, sí lo permite.

En España en particular, algunos gobiernos, ministerios, direcciones generales, etc. transmiten grandes preocupaciones por no disponer de presupuestos adecuados para afrontar dichas soluciones. En los últimos años, se han ido reduciendo las inversiones en infraestructuras, siendo las de agua las más afectadas. Además, esta reducción seguirá acentuándose, ya que el crecimiento de la población y su envejecimiento hacen que se prioricen los presupuestos hacia el gasto social como sanidad y salud, educación o cuidado de mayores.

Sabemos cómo ha cambiado a lo largo de los años el paradigma internacional de las inversiones en infraestructuras, excepto en casos bien conocidos por sus connotaciones regionales como en China o India. Actualmente existe una falta generalizada de fondos por parte de las administraciones para la construcción y modernización de infraestructuras de agua, pero existen otras fuentes de financiación bien gestionadas y tan buenas o mejores que los presupuestos de los estados. 

Existe apetito por parte de muchas instituciones financieras y bancos para financiar infraestructuras de agua, siempre que se estructuren bien las operaciones con sus niveles de garantías de pago y disponibilidad. La aplicación de fondos por parte de empresas privadas son un apoyo económico, que alivia las economías globales y regionales, y además suponen una profesionalización del sector y una aportación de soluciones a los retos anteriormente mencionados.

Un ejemplo es el modelo público privado, en combinación con Project Finance, el cual ha dado buenos resultados a la hora de implementar soluciones de agua y modernizar las infraestructuras con tarifas récord. Esto permite que todos los stakeholders involucrados avancen para conseguir un modelo de optimización de riesgos, de manera que, cada actor asume el riesgo para el cual está mejor preparado.

Unos asumen los riesgos tecnológicos y de construcción, otros los riesgos financieros, otros los riesgos de demanda y regulatorios, suponiendo un beneficio real para usuario final, que recibe un agua de calidad y en la cantidad necesaria para su consumo.

El agua y el cambio climático

Otro tema relacionado y de una importancia crucial es que el agua es un aliado en la lucha contra el cambio climático, porque supone una oportunidad para resolver el problema de una forma sostenible:

  • Podemos producir agua y transportarla sin emisiones, como muchos ya estamos haciendo al diseñar nuestras desaladoras y plantas de tratamiento con fuentes de energía renovable.
  • Podemos recargar acuíferos con agua potable y evitar la salinización de los mismos con barreras salinas.
  • Podemos regenerar agua como fuente alternativa a las aguas de lagos y ríos, permitiendo reservar agua para futuras generaciones o permitir caudales ecológicos de los ríos.

Y tantas otras cosas que contribuyen a que el agua se posicione como el eje central del cambio climático, pasando de ser un problema a una solución substancial en muchos ejes transversales.

El agua y el I+D+i

Por último y, es justo también, hacer autocrítica. Tenemos en nuestro “debe” la necesidad de una mayor inversión en I+D, ya que, tanto por volumen de inversión como por ranking de compañías del sector, el agua aparece siempre en los niveles más bajos de inversión de I+D (cuando aparece).

No existen datos disponibles claros, pero no creo que toda la inversión del sector de agua en I+D sobrepase los 500 MM de US$ al año, lo que supone un 0,07% del gasto anual a nivel internacional, cifras muy alejadas de lo conveniente para avanzar con progresos disruptivos y tecnologías avanzadas.   

Se espera que la demanda de agua, sus usos y los usuarios aumenten considerablemente, y por tanto la exigencia de una mayor garantía de disponibilidad y calidad y una mejora del servicio, va a venir de la mano de una nueva y mejor gestión del recurso, basada en la innovación y la inversión en I+D y que ésta se convierta en uno de los ejes vertebradores de una nueva gobernanza del agua.

Para finalizar y a modo de resumen, me gustaría subrayar que:

  1. Existe una gran brecha entre necesidades y disponibilidad o tratamiento de agua que podría ser resuelta, pero que necesita previamente:
  • Voluntad política firme con visión a largo plazo y con decisión para resolverla.
  • Políticas educativas que consigan poner en valor el agua y sus costes asociados, para que ajustemos nuestros comportamientos a su adecuado uso y/o conservación.
  1. Es necesaria una búsqueda más generalizada de herramientas financieras complementarias que cambien los paradigmas actuales de financiación para estructurar los proyectos con el nivel de garantías y retornos adecuados para los inversores.
  2. Es fundamental incrementar progresivamente el nivel de inversión en Innovación y Desarrollo para afrontar los retos del agua con una base tecnológica y competitiva avanzada.

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