Menos obstáculos para los peces

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  • Menos obstáculos peces
  • Por Javier San Román Saldaña. Jefe del Área de Calidad de las Aguas de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
  • Artículo CONOCER LA CHE en el Boletín mensual del Organismo. Noviembre 2015

Sobre el blog

Conoce la CHE y la gestión del agua
Compilación de los artículos técnicos de los expertos de la Confederación Hidrográfica del Ebro publicados en su Boletín mensual.

La Directiva Marco del Agua (DMA) –que ya tiene 15 años de vida-, nos está haciendo cambiar la mirada hacia los ríos. Conceptos como indicadores biológicos, estado ecológico o hidromorfología, centran la planificación y la gestión de las masas de agua, y empiezan a ser habituales en nuestras confederaciones hidrográficas.

El primer objetivo de la DMA es prevenir todo deterioro adicional y proteger y mejorar el estado de los ecosistemas acuáticos. Si acudimos a su artículo 2 veremos 41 definiciones, y entre ellas la nº 21, estado ecológico: “expresión de la calidad de la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos asociados a las aguas superficiales”.

Esta definición se concreta más en el anexo V, donde ya se nos habla de indicadores biológicos, hidromorfológicos y físico-químicos, y entre los primeros se establecen el fitoplancton, los macrófitos y organismos fitobentónicos, la fauna bentónica de invertebrados y la fauna ictiológica.

A nivel europeo hay un cierto consenso en utilizar las especies bentónicas, es decir, las que viven en el lecho o sustrato del río. Los especialistas suelen recolectarlas siguiendo estrictos protocolos, y tras su clasificación, pueden dar una nota al estado ecológico de esa masa de agua. Los macroinvertebrados (básicamente los insectos y pequeños animales que viven en el lecho del río) y las diatomeas (algas microscópicas que tapizan las piedras) son las más utilizadas, quedando en un segundo término los macrófitos (plantas acuáticas).

En la utilización del fitoplancton (algas microscópicas que viven en el agua, como en “suspensión”) se está avanzando, lo mismo que en el uso de la fauna ictiológica (peces).

Y es aquí donde entroncamos con el título del artículo. Utilizar los peces como indicador biológico quiere decir que vamos a valorar su composición y abundancia, fijándonos especialmente en las especies más sensibles y en las estructuras de edad que presentan (anexo V de la DMA).

Determinar todo esto es complejo, y requiere de técnicas de campo sofisticadas, pero lo estamos empezando a hacer, conforme a nivel europeo se está también empezando a disponer de indicadores consolidados. Digamos que si no se ha hecho antes ha sido porque no había consenso en el modo de evaluar, y lo que para unos era un suspenso (estado moderado, deficiente o malo), para otros era un aprobado-bien (estado bueno) o un notable-sobresaliente (estado muy bueno). Las especies introducidas artificialmente también han generado controversia.

Al utilizar los peces como indicador entramos en un mundo algo diferente al de los otros indicadores biológicos ya que los peces, especialmente algunas especies, son migradoras y necesitan lugares muy concretos para la freza y el mantenimiento de las poblaciones. Su comportamiento viene condicionado por los cambios de caudal y temperatura que experimenta el río, de tal forma que, por ejemplo los ciprínidos, cuando sube la temperatura por encima de cierto valor a partir del mes de abril, entienden que ya es primavera y empiezan a remontar el río para encontrar un lugar adecuado para su reproducción. En esa situación, un desembalse de agua fría, de fondo, puede alterar su comportamiento.

A estas especies les afecta especialmente los obstáculos transversales que impiden su movilidad (presas, azudes, vados, alguna estación de aforos, etc.). Se lleva años estudiando este problema e intentando paliarlo mediante la construcción de pasos de peces, si bien no hay que descartar que, cuando ya no tienen ninguna utilidad, lo mejor es su eliminación, aunque sea parcialmente.

Para diseñar el paso de peces es muy importante conocer las especies presentes (los salmónidos, por ejemplo, tienen más capacidad de salto que los ciprínidos) y el régimen hidrológico. Si la migración se produce con caudales no muy elevados habrá que optar por escalas de peces de artesas sucesivas, mientras que si coincide con altos caudales lo mejor son las rampas de piedra o cauces artificiales.

También es muy importante la ubicación de los pasos de peces dentro de la estructura, siendo el mejor lugar donde hay efecto embudo, y reservando un caudal suficiente para que se genere un efecto llamada. Las esclusas y ascensores para peces, mucho más sencillos de lo que uno pueda imaginarse, también funcionan en obstáculos de más envergadura.

Queda mucho por hacer en esta materia y no nos podemos descuidar. Recordemos que el estado que se asigna a una masa de agua es siempre el peor obtenido por algún indicador, por lo que podría darse el caso de que, cuando se consoliden los indicadores de estado que utilizan peces, los otros indicadores nos estén dando valores buenos o muy buenos y con éstos no lleguemos al “aprobado”.

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