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Soluciones en el lado de la demanda

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Sobre el blog

Daniel Ortiz Gonzalo
Profesor e investigador postdoctoral en la Facultad de Ciencias, Departamento de Geociencias y Gestión de los Recursos Naturales, University of Copenhagen.
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Adaptando la analogía de la casa en llamas de Greta Thunberg, imaginemos por un momento que llegamos a casa y esta vez nos la encontramos inundada. Hay varios grifos abiertos y los desagües están taponados. En nuestro sano juicio, probablemente lo primero que haríamos sería cerrar los grifos, para después liberar los desagües y, finalmente, achicar agua con un cubo o cualquier otro recipiente disponible.

Frente a la emergencia climática, sin tiempo y sin tanta cordura, hemos decidido empezar por el final. Hacemos promesas de achicar carbono con soluciones tecnológicas (que todavía no tenemos) en lugar de utilizar el cubo que tenemos a mano. Mientras, seguimos taponando los desagües de carbono mediante la destrucción y la degradación de la biosfera. Y, para colmo, dejamos bien abiertos los grifos de emisiones.

Cerrar los grifos es lo que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) denomina soluciones en el lado de la demanda. Son opciones con un gran potencial de mitigación que consisten en evitar, cambiar y mejorar la demanda del servicio o producto final. Es decir, estrategias dirigidas a la selección de tecnologías existentes, consumo, comportamiento y estilos de vida que corten de manera inmediata el problema, salvando toda la cadena de impactos ambientales aguas arriba.

El sistema alimentario global representa un tercio de las emisiones y más del 70% de la extracción de agua dulce del planeta. Evitar la degradación de ecosistemas, cambiar a dietas de mayor contenido en plantas o reducir el desperdicio alimentario tienen mayor potencial de mitigación que las soluciones tecnológicas en lado de la producción (que también necesitamos). Reducen la presión en los sistemas terrestres, liberando tierra para conservar, restaurar y agrandar el desagüe de carbono, a la vez que frenan la sexta extinción masiva de especies, previenen pandemias y reducen la sobreexplotación y contaminación de los recursos hídricos.

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El sistema alimentario global representa un tercio de las emisiones y más del 70% de la extracción de agua dulce del planeta

Los ecosistemas terrestres absorben casi un tercio de lo que emitimos cada año y son fundamentales para el ciclo del agua. Si mañana consiguiéramos reducir a cero las emisiones, necesitaríamos de un buen estado de la biosfera para absorber y reducir el reciente récord de 421 ppm de CO2 en la atmósfera hasta una concentración segura para la humanidad. Sin embargo, seguimos convirtiendo los sumideros naturales en fuentes de emisión. Algunos ejemplos son la pérdida de bosques tropicales por expansión de la frontera ganadera, piensos para animales y biocombustibles, la destrucción de fondos marinos por pesca industrial o la pérdida de manglares para acuicultura, entre otros. Como una alcantarilla colapsada durante una fuerte tormenta, los ecosistemas están perdiendo su funcionalidad para pasar a emitir a borbotones.

Las metodologías de cuantificación de impactos simplificadas, como la huella hídrica o de carbono, no recogen el coste de oportunidad del cambio de perder ecosistemas funcionales. Además, basamos los inventarios y la contabilidad en emisiones territoriales, sin incluir importaciones. De esta manera, la deslocalización de la producción resulta en una falsa reducción de emisiones, ya que traslada los impactos a otro lugar. Y no, cero emisiones netas (resultantes de compensarlas) no son lo mismo que cero emisiones (resultantes de reducirlas). Frente a problemas globales, necesitamos menos contabilidad creativa y más métricas que recojan problemas de afluencia y justicia climática.

Aunque escriba en primera persona del plural, no todos tenemos la misma responsabilidad. Gobiernos y grandes empresas pueden generar entornos propicios para el cambio y frenar los procesos de degradación. Tienen, además, la capacidad de implementar soluciones en el lado de la demanda, hasta ahora infrarrepresentadas en programas y políticas. Son las soluciones climáticas más inmediatas, eficaces y de menor riesgo. Son fundamentales para dejar de devorar la biosfera y transformar el sistema alimentario.

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Redacción iAgua

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