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La gestión de los servicios del agua desde una perspectiva radical

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Sobre el blog

David Balfagon
Ingeniero especialista en gestión de recursos con más de 10 años de experiencia en el sector del ciclo integral del agua. Interesado en la Historia de la Ciencia e Ingeniería del Agua. Doctorando en Lógica y Filosofía de la Ciencia.
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Sin duda, el buen aprovechamiento del agua requiere cierta disposición natural. La proximidad de masas de agua superficiales o subterráneas, así como unas condiciones climáticas no persistentemente adversas, son claves para que los recursos hídricos puedan aprovecharse. Sin embargo, la mera disponibilidad no es suficiente para procurar la cantidad y calidad de agua necesaria. En el contexto de desarrollo económico y social actual, para que este aprovechamiento en efecto pueda darse, es indispensable una adecuada gestión de los servicios del agua.

Atendiendo a lo que en los últimos años parece suscitar mayor interés entre la ciudadanía y la comunidad de profesionales y expertos relacionados con estos servicios, diría que son tres los ejes principales de acción. El primero está relacionado con la sostenibilidad. Con la idea de que los recursos son limitados y que, ante todo, es necesaria una concienciación social acorde con los retos que plantea, por ejemplo, el saneamiento y la reutilización de aguas. El segundo eje es el de la innovación tecnológica en la que destaca, particularmente, todo aquello relacionado con la digitalización. El tratamiento masivo de datos, la implementación de sistemas de decisión autónomos, la operación en remoto o el uso de gemelos digitales, son ya algo más que una promesa en el sector. Por último, ante un escenario cada vez más dinámico, se requiere una continua adaptación del modelo competencial de la gestión de los servicios. En este sentido, el debate acerca de una óptima colaboración público-privada ha de seguir vivo, afrontándose con amplitud de miras y sin ambages.

El debate acerca de una óptima colaboración público-privada ha de seguir vivo, afrontándose con amplitud de miras y sin ambages

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Creo que todos estos asuntos merecen el esfuerzo intelectual y material que empresas y organismos públicos le dedican, puesto que de su satisfactoria resolución dependen la estabilidad política y la prosperidad económica de las próximas décadas. Pero también creo que es necesaria la integración de una perspectiva radical, que fomente la reflexión más allá del ámbito político, económico y social al que, en ocasiones, nos restringimos. En este sentido, propongo otros tres ejes, en este caso, de reflexión.

En el primero de ellos, la gestión de los recursos hídricos se observa como una apropiación natural. Las especies animales que habitan La Tierra consumen aquello que necesitan para sobrevivir. No obstante, la gestión implica un proceso de racionalización genuinamente humano. Sabemos, al menos desde la Revolución Neolítica, que la Naturaleza no proveerá sin más. Pero ¿qué es lo que esperamos de ella?, ¿qué es, en realidad, lo que pretendemos sostener?, ¿existe un verdadero acuerdo al respecto en nuestra sociedad? El segundo eje de reflexión entronca con una tradición cultural de gran arraigo en Occidente. El potencial de la técnica, hoy de la tecnología, ha sido una fuente de progreso y entusiasmo pero también ha suscitado escepticismo y temor. Así lo evidencia la actualidad del mito prometeico, que revive a diario cuando nos asomamos al abismo de la hiperconexión. El tercer eje de reflexión se centra en la noción de servicio. ¿Cabe hablar de la gestión de los servicios del agua sin reconocer previamente la legitimidad de la relación entre el prestador y el prestatario?

Aclararé, para concluir, que la radicalidad aludida no significa extremismo sino profundidad. La integración de la perspectiva (¿filosófica?) que reivindico no es un discurso al margen. No es una digresión teórica. El propósito es penetrar en la gestión de los servicios del agua, compartiendo un mismo quehacer con ciudadanos, expertos y entidades públicas y privadas. El enfoque histórico, las consideraciones éticas y, en especial, la crítica metodológica, pueden y deben alinearse con los objetivos de eficacia y eficiencia que exigimos a los gestores. Es esta pues, una vía transversal para la clarificación y el entendimiento. Una vía que ya opera, de alguna manera, pero que, tal vez, convenga hacer explícita con mayor publicidad. Espero que este artículo contribuya a ello.

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