Optimización de la gestión del patrimonio de las plantas de tratamiento de aguas (I)

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Sobre el blog

Degrémont
Degrémont Iberia surge a comienzos de 2009 fruto de la integración a nivel organizativo y operativo de Degrémont España y Degrémont Portugal, ambas pioneras en el sector del agua en sus respectivos mercados.
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Resumen:

Las plantas de tratamiento de agua son a menudo un patrimonio de un valor considerable movilizado durante varias décadas. Los propietarios de estas instalaciones, los cuales delegan su gestión, desean legítimamente un “buen precio”, así como tener la seguridad de que el patrimonio confiado se conserve de acuerdo con sus expectativas.

Mediante tres indicadores clave basados en el rendimiento económico, técnico y organizativo de una planta de tratamiento de aguas es posible evaluar la política de mantenimiento implementada. En la fase de licitación, este enfoque permite identificar la mejor relación “calidad-precio”. En la fase de producción, es posible detectar vías de progreso para mejorar las prácticas y, por tanto, el rendimiento técnico y económico de la planta analizada. De hecho, la observación de los resultados obtenidos en diferentes plantas muestra que la más rentable a nivel técnico también es la más económica gracias a la madurez de su organización. Por tanto, ahorro y calidad son compatibles y accesibles para las organizaciones efectivas.

Las plantas de tratamiento de agua son a menudo un patrimonio de un valor considerable movilizado durante varias décadas

Asimismo, cuando se define una política, es necesario verificar periódicamente su eficacia y el progreso que genera. Esto es posible mediante el establecimiento de objetivos de resultados, basados en la disponibilidad de la planta, junto con un objetivo de medios de la aplicación de la certificación ISO 55001. De este modo se puede dejar al proveedor la oportunidad de optimizar sus actividades al tiempo que garantiza que el patrimonio se mantiene de acuerdo con las expectativas de su cliente. En tal caso, se reúnen todas las condiciones de una relación duradera que beneficie a ambas partes.

1. Introducción:

Degrémont explota 250 plantas de tratamiento de agua que suministran agua potable a 20 millones de habitantes y tratan las aguas residuales producidas por dicha población. Esta actividad, desarrollada en más de 20 países, conlleva dar respuesta a las demandas de los clientes en ámbitos técnicos y contractuales muy diversos.

Sin embargo, independientemente del contexto, nuestros clientes casi siempre hacen la misma pregunta: “¿Cuál será el estado de la planta que le confío cuando me la devuelva al finalizar el contrato que nos vincula?”

Esta pregunta revela una preocupación legítima, sobre todo cuando el contrato se adjudica a la oferta más baja. En este caso, el cliente puede tener miedo de que su prestador de servicios quiera ahorrar a costa de la conservación del patrimonio confiado. En los casos más convenientes, en los que el contrato se adjudica al mejor postor, la cuestión es cómo medir objetivamente la calidad del servicio prestado y su cumplimiento contractual.

La optimización de los costes de mantenimiento (no solo mantenimiento preventivo, sino también de reparaciones y de renovación) es esencial, ya que dichos costes representan una parte significativa de los gastos de explotación generales de una planta de tratamiento de agua. A la hora de adjudicar un contrato, si dichos costes se estiman por exceso, existe el riesgo de que el proveedor no obtenga la licitación por falta de competitividad y, en el caso del cliente que, a pesar de todo, le adjudicase el contrato, el riesgo de gastar más de lo estrictamente necesario. Por el contrario, si la estimación es por defecto, el proveedor asume el riesgo de trabajar sin cubrir costes y el cliente de ver su patrimonio deteriorarse si el proveedor no hace lo que debe hacer para controlar sus gastos.

Degrémont explota 250 plantas de tratamiento de agua que suministran agua potable a 20 millones de habitantes

Para evitar ese riesgo, algunos clientes tratan de protegerse por medio de disposiciones contractuales vinculantes como, por ejemplo, la imposición de un programa de renovación previamente definido. Este tipo de disposiciones, aunque comprensibles, no son satisfactorias. De hecho, existen muchos factores que entran en juego y que son interdependientes. La política de renovación, por ejemplo, no se puede separar de la política de mantenimiento que, a su vez, se ve afectada por las modalidades de explotación, sin mencionar las contingencias inevitables. La definición de programas preestablecidos es ciertamente antinómica, o al menos un obstáculo para la implantación de una política optimizada.

Por consiguiente, el reto consiste en disponer de herramientas que permitan ajustar la gestión del patrimonio siempre que sea necesario, lo que conlleva establecer una relación de confianza basada en la transparencia a través de herramientas y métodos compartidos.

En este artículo se presenta el enfoque seguido por Degrémont a la hora de:

  • Cuantificar de la manera más precisa las prestaciones de mantenimiento (ni demasiado, ni demasiado poco).
  • Disponer de elementos de comparación entre las diferentes plantas operadas para compartir las mejores prácticas e implementar acciones de mejora.
  • Asegurarse de que las políticas de gestión del patrimonio implementadas responden a las expectativas de los clientes propietarios de las instalaciones.

2. Evaluación de la eficiencia de una política de mantenimiento:

Para evaluar una política de mantenimiento, hay una multitud de posibles indicadores disponibles. La cuestión está en determinar cuáles son los indicadores clave que se deben utilizar. El proposito es evitar su multiplicación para no dispersar aquellos que permiten tomar decisiones perder los políticos por una profusión de información ya que, como dice el refrán, “demasiada información mata la información”.

Estos indicadores, cuyo número es limitado, deben proporcionar elementos de reflexión suficientes para:

  • Comparar diferentes plantas a nivel internacional.
  • Elaborar un diagnóstico de forma objetiva.
  • Identificar las mejores prácticas.
  • Proponer acciones de mejora eficaces y realistas.

Para cubrir de manera amplia el tema en su conjunto, hemos retenido tres indicadores clave:

  • El rendimiento económico.
  • El rendimiento organizativo.
  • El rendimiento técnico. 

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