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Con el agua no se juega

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Sobre el blog

Eduardo Echeverria
Consultor especializado en ingeniería hidraúlica. Vocal Colaborador del Comité Español de Grandes Presas y miembro del Comité Técnico de Agua, Energía y Cambio Climático del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

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  • agua no se juega

(Artículo publicado en Mediterraneo Press el 29/10/2018)

Leo con inquietud que la Comisión de Transición Ecológica del Congreso de los Diputados” ha recomendado “redimensionar” los trasvases de agua que están en la actualidad en servicio ante la expectativa de que los caudales y la disponibilidad de agua se van a reducir en el futuro a causa del cambio climático. La medida ha contado con el respaldo del PSOE, Unidos Podemos, PNV, ERC, Compromís y PDeCAT y con la oposición de PP y Ciudadanos.

Una vez estudiada la noticia con más detalle se aprecia que es una proposición no de ley, es decir, una declaración de intenciones más que otra cosa. Pero que a futuro puede plasmarse en una ley con todas sus consecuencias.

La declaración está fundamentada en las conclusiones de algunos modelos de cambio climático que prevén un incremento de temperaturas y una disminución de los caudales en las cuencas que afectaría tanto a las cuencas cedentes como a las receptoras. Al hilo de esto, al que suscribe le gustaría compartir algunas reflexiones.

Los escenarios de cambio climático manejados en la actualidad prevén, más que una disminución de precipitaciones, un aumento de la frecuencia de los fenómenos extremos. Es decir, más sequías y más avenidas. En algunas zonas de España predicen, incluso, un aumento significativo de las precipitaciones. Por ello, la mejor forma de luchar contra la variabilidad del clima es disponer del mayor número posible de estructuras de almacenamiento, regulación y distribución de agua. Cuantas más posibilidades de distribuir el agua tengamos, más resilientes seremos como sociedad frente a los fenómenos extremos que el clima nos depare. Con demasiada frecuencia la opinión pública olvida o desconoce que en España podemos aprovechar más del 40% del agua disponible en régimen natural gracias a nuestro parque de presas y trasvases, lo cual nos sitúa dentro de la media europea. Si no fuera por este parque de obras hidráulicas, únicamente podríamos aprovechar el 10% de los recursos existentes.

Por ello es más necesario que nunca fortalecer nuestra red de obras hidráulicas. Las “autopistas del agua” que con tanto acierto enunciara Juan Benet, del que por cierto, se cumple este año el veinticinco aniversario de su desaparición. Quizá, invocando el espíritu de Benet, sería más necesario escuchar a los técnicos que a la actual pléyade de voceros y oportunistas repetidores de consignas que plagan las redes sociales. La maldición de Casandra que con frecuencia padecemos los ingenieros en forma de análisis rigurosos enterrados en una vorágine de tuits. Podemos intuir el futuro pero nadie hace caso de nuestras predicciones.

¿Qué más necesitamos a futuro? Aparte de obras hidráulicas bien mantenidas hacen falta mecanismos correctos de compensación entre las cuencas cedentes y las cuencas receptoras. Estos mecanismo, que son relativamente fáciles de implementar, tropiezan en demasiada ocasiones con la mala fe de los dirigentes políticos que tienen interés en mantener la tensión a cambio de un puñado de votos. Suena sorprendente ¿verdad?. Políticos en España azuzando conflictos entre regiones para mantener su estatus. Disculpen la ironía.

No deberíamos dejar que la demagogia, el cortoplacismo y el localismo estuvieran por encima de una visión de estado articulada en torno a un Pacto Nacional del Agua. La única verdad es que cuantas más herramientas dispongamos para repartir el agua en el espacio y en el tiempo, más fuertes seremos en la lucha contra el cambio climático. El agua no suele obedecer a decretos-ley, ni a declaraciones institucionales, ni a manifiestos. Con el agua no se juega.

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