Hablemos de trasvases

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Sobre el blog

Eduardo Echeverria
Consultor especializado en ingeniería hidraúlica. Secretario Técnico del Comité Español de Grandes Presas (SPANCOLD) y Vicesecretario de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

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  • Central Arizona Project en EEUU (Imagen: azwater.gov)

Ha sido un asunto polémico que durante mucho tiempo ha tenido una gran relevancia mediática en nuestro país cuando quizás debería haberse reducido a un asunto técnico. Se han leído y escuchado todo tipo de opiniones, pocas veces argumentadas con rigor, acerca de los proyectos de los trasvases cada vez que saltaban a la actualidad (sobre todo en el caso de los grandes trasvases entre cuencas hidrográficas); y se han establecido apasionadas discusiones a favor y en contra.

Con solo echar un vistazo a la distribución espacial de la precipitación en España se comprende que el agua tiene que moverse

Sin salir del campo del mero análisis técnico, con solo echar un vistazo a la distribución espacial de la precipitación en España se comprende que el agua tiene que moverse, y no sólo a través de los cauces naturales, dado que en la mayoría de los casos la precipitación no se concentra donde se concentra la demanda. Añadido a esto se tiene que la distribución temporal de la precipitación también es tremendamente irregular, lo cual lleva indefectiblemente a la conclusión de que también es necesario almacenarla.

Imagen: Precipitación media para la Península ibérica y las Islas Baleares (1971-2000). Fuente: Atlas Climático Ibérico editado por la Agencia Estatal de Meteorología de España y el Instituto de Meteorología de Portugal

Multitud de trasvases funcionan en nuestro país actualmente, completando la demanda de las aguas urbanas o de riego que, con los recursos disponibles en la cuenca no sería posible. Si usted vive en una gran ciudad española es bastante probable que su demanda diaria de agua esté completada con una conducción que viene de otro río/cuenca diferente al de su ciudad. Y este hecho no es reciente. Existen trasvases conocidos en España desde la época romana. En este enlace se puede leer un interesante análisis histórico de los trasvases planteados y realizados a lo largo de la historia de España. Como anécdota citar que uno de ellos llevó aguas del río Guadalaviar (cuenca del Júcar) en el término municipal de Gea de Albarracín al término municipal de Cella (cuenca del Ebro), situado a unos veinticinco kilómetros. Al parecer esta conducción funcionó durante siglos.

Conviene recordar que no hace tanto tiempo que en este país no había agua corriente en la mayoría de las casas

Como es obvio, el fenómeno de los trasvases no es exclusivo de nuestro país. Se puede decir que las grandes capitales del mundo funcionan gracias a ellos y que en muchos casos la garantía adicional al abastecimiento que aportan estas infraestructuras influye en el alto nivel de vida que disfrutan sus ciudadanos. Dejo aquí un interesante enlace sobre los trasvases que abastecen de agua a las principales ciudades de Estados Unidos. También se pueden consultar casos en el resto del continente americano, así como en Europa, Asia, África y Oceanía. Hasta en Finlandia, por ejemplo, se puede encontrar un trasvase, en este caso para el abastecimiento del área metropolitana de Helsinki. O entre los bíblicos ríos Tigris y Eufrates en Irak.

La otra cara de la moneda se da en grandes zonas de los países del tercer mundo, donde el derecho al agua de calidad es un lujo, en muchos casos por carecer de infraestructuras de transporte de agua como los trasvases. En este sentido conviene recordar que no hace tanto tiempo que en este país no había agua corriente en la mayoría de las casas. Parte de milagro cotidiano de disponer de agua corriente se debe a los trasvases forman parte de los sistemas de abastecimiento de las grandes ciudades españolas.

El agua del grifo que beben millones de seres humanos todos los días procede de un trasvase

Para completar este esbozo sobre los trasvases no hay que olvidar que existen importantes condicionantes sociales y ambientales que influyen poderosamente en la toma de decisiones a la hora de hacer un trasvase, y sin duda estos motivos deben ser tomados en cuenta y analizados. Pero parece simplista, por lo menos desde el punto de vista de la técnica, el hecho de descartar la opción de un trasvase en base al manido argumento de que cada región “viva” con el agua que le haya tocado, como frecuentemente se escucha. Se dispone de la tecnología para corregir estos desequilibrios y buscar soluciones a los impactos generados, como así atestiguan innumerables casos de éxito a lo largo del mundo. La incontestable realidad es que el agua del grifo que beben millones de seres humanos todos los días procede de un trasvase, y que si dichos trasvases no estuvieran funcionando el abastecimiento de agua a la población de las grandes ciudades sería imposible.

En muchos casos los trasvases son obras que mejoran nuestra calidad de vida; y ninguna alternativa de mejora de la citada calidad de vida debería ser rechazada “per se”, sino porque un análisis objetivo y ponderado de la solución propuesta arrojara un resultado en una dirección u otra. También hay casos en los que los trasvases no han funcionado como se esperaba, pero usar estos casos como ejemplo general se antoja como poco excesivo. No perdamos la perspectiva global.
 

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